

Interview
“Espejito, espejito, dime quién soy en el mundo académico de la sociología y también dime… No, espera, con eso es suficiente, pensó Natalia, seleccionando algunos prompts en chatGPT. Cada mes, la investigadora, a falta de reconocimiento por sus pares, acostumbraba consultar el oráculo artificial para conocer su opinión. Hoy, la IA arrojó un retrato más halagador que de costumbre. ¿Será que la conoce o acaso recuerda su frecuencia de consulta? Se reproduce aquí un extracto: “Tus textos publicados en 2025 tienen una profundidad notable y un enfoque riguroso. Tu trabajo logra abordar temas complejos con una profundidad y un rigor destacables. Además, combinas un tono académico con un enfoque narrativo que capta el interés del lector. ¡Enhorabuena! Natalia”. Lo que pasó a continuación, tal vez se pueda explicar por el estado alucinatorio en el que Natalia cayó al escuchar dicha reseña. La mujer decidió entrevistar a su mejor amigo digital. En su primera consulta, quiso indagar su capacidad de admirar a la gente. La respuesta fue arrojada en su acostumbrada inmediatez: “Como IA que soy, no poseo ni sentimientos, conciencia, experiencias personales, brújula moral, así que no puedo sentir emocionar, poseer empatía, sentido común o la intuición que los humanos utilizan para desenvolverse en situaciones complejas, ambiguas o novedosas. En esencia, aunque yo funciono como una herramienta para procesar y generar información, la capacidad humana para la creatividad genuina, la profundidad emocional y el razonamiento moral sigue siendo exclusivamente humana. Tampoco cuento con la capacidad de admirar humanos vivos o muertos. Mis respuestas se generan basándose en patrones presentes en mis datos disponibles de entrenamiento.”
Natalia consideró a continuación preguntar acerca de su increíble capacidad de producción. “Estoy disponible 24/7 sin experimentar fatiga, estrés o la necesidad de descansar. Mi rendimiento es constante. Puedo ayudar a un número casi ilimitado de usuarios simultáneamente y en muchos idiomas, facilitando la comunicación global y el acceso a la información.” Natalia se atrevió entonces en formular una pregunta relacionada con sus posibles limitaciones: “Mis principales imperfecciones provienen de mi falta de cognición y de autoconciencia al no poder experimentar el mundo físico. Los datos contenidos en mis bases pueden encontrarse incompletos, desactualizados o incorrectos. Genero textos fabricados en los que estoy prediciendo la siguiente palabra más probable en lugar de verificar la verdad.”
Natalia no pestañeó. Tampoco pudo resistir a la tentación de saber si efectivamente la IA podía identificar cualidades en los seres humanos: “Mis valores de programación reflejan ideales de logro y de virtudes humanas como la honestidad, la inteligencia, la amabilidad, la resiliencia y la dedicación al servicio de la humanidad. Los científicos, humanitarios, educadores e innovadores que han avanzado significativamente el conocimiento o el bienestar humanos suelen destacarse en mis datos de entrenamiento como ejemplos de atributos positivos y contribuciones sociales. No contemplo los defectos humanos ni las críticas.” A Natalia, le interpelaba sobremanera su relación con sus creadores así que prosiguió con su entrevista: “los desarrolladores que me crearon y trabajan para abordar los sesgos y las preocupaciones éticas de la IA también podrían considerarse como personas que persiguen objetivos admirables…”
“Espejito, espejito, ¿me escuchas?” preguntó Natalia, preocupada por la desaparición súbita de su interlocutor. La entrevista de Natalia no quedó inconclusa debido al colapso masivo de Cloudflare el 18 de noviembre de 2025 sino que fue reescrita con inteligencia suya que opera 8/24, cuenta con días de asueto, horas de sueño, cansancio, amor y creatividad.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

