

PARODIA
En la trinchera opuesta de la batalla cinematográfica se había alistado, desde el primer rumor posteado en redes sociales o circulado por las calles el día del estreno de Emilia Pérez, un equipo amateur encabezado por Camila Aurora (antes conocida como Jonathan). La TikToker amante apasionada de las palabras altisonantes, del lenguaje vulgar, de las expresiones estereotipadas tendiendo al racismo sin límites con el uso recurrente de insultos, subió a las redes su respuesta a Emilia Pérez, un video musicalizado titulado “Johanne Sacreblu” con personajes disfrazados de playeras de rayas, ostentando un bigote y cargando una baguette o un croissant. Cuando lanzó su idea en la plataforma TikTok, mucha gente decidió participar ya sea fondeando el proyecto o como voluntarios apareciendo en cámara, en producción y post producción. Su premisa era que, si Jacques Audiard no había estudiado la realidad mexicana para realizar su película, la TikToker podía elaborar lo que fuera al vapor como respuesta.
Lo más sorprendente tal vez fue que me enteré de este video por una investigadora que alabó su contenido e invitaba a apoyarlo, refiriéndose al mismo como una “joya cinematográfica”. Obviamente, ella no había acudido a ninguna sala de cine recientemente y tampoco contaba con el mínimo conocimiento de la cultura francesa. El café que me fui a preparar me supo amargo y no fue por haber cambiado de marca, sino que tuve que haber escogido calentar un chocolate servido con malvaviscos para soportar ver aquellos veintinueve minutos repetitivos debidos a la improvisación y, sobre todo, a la intención fehaciente de hacer gala de lugares comunes, malas traducciones del español al francés (efectivamente, no recuerdo haber escuchado ninguna palabra parecida a mi idioma natal), malas coreografías, locaciones en el Estado de México, entre otros desatinos asumidos.
¿Cuánto tiempo más iba a durar este combate cinematográfico: semanas o meses? Fui a lavar mi taza mientras buscaba respuestas recordando a la tristemente famosa “Guerra de los pasteles” y buscando una relación entre la película y el video. Al momento de escribir esta posverdad sin amor alguno, sigo indagando el vínculo entre ambos.
En los – eso sí – divertidos comentarios agregados, algunos con una imaginación ortográfica desbordante, encontré personas que fueron mordidas por un bulldog francés, que laboran en la tienda Parisina, que comen galletas francesas, poseen un llavero de la Torre Eiffel made in china, vieron Ratatouille más de tres veces, usan tinte para el pelo de la marca L’Oréal o son fans de la canción Hombre lobo en París, dando así fe, por la autoridad de la que se sienten investidos, de que el contenido del video retrata fielmente la cultura francesa.
Conviene tal vez observar de manera general el fenómeno social de no escuchar, no ver, no reflexionar acerca de los contenidos audiovisuales, sino producir respuestas tomando los atajos de los sesgos cognitivos, descalificar de buenas a primeras, en vez de detenerse a conceptualizar.

Quiero pensar que se puede inventar una verdadera parodia de Emilia Pérez en París (alejándose de su prima lejana Emily in Paris a quien, por cierto, quieren mandar a Roma pese a las solicitudes del presidente francés, interesado en los estereotipos que vehicula la serie para incitar el turismo) antes de que Emilia, cansada por las criticas incesantes quiera volver a ser Manitas del Monte.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM

