Las Fiestas Patrias entrañan orgullo, identidad y pertenencia. A lo largo y ancho de nuestra geografía la alegría es constante y se manifiesta en los hogares y plazas públicas. De la misma manera, se dan episodios donde vemos a los alcaldes dar espectáculos vergonzosos, que van desde no conocer los nombres de los Insurgentes, confundir sus apellidos con los de personajes de la farándula o como si se tratara de un film de Luis Estrada, ceñirse la banda tricolor amparándose en el irrisorio argumento de: “¡Yo también soy presidente!”

Morelos no es ajeno a estas representaciones y la reciente ceremonia del Grito de independencia en Cuautla, ha quedado grabada en la memoria morelense. Lamentable fue ver al polémico y cuestionado alcalde Jesús Corona Damián, en un aparente y visible estado de intoxicación intentando vitorear a los héroes. Escena que la heroica localidad, cuna de las gestas de Morelos y Zapata no merece.

Lo anterior entraña una profunda reflexión, en cuanto a la capacidad moral, física e intelectual de quienes detentan un cargo de elección popular, pues el solo hecho de obtener la mayoría de los sufragios en las urnas, no es motivo suficiente para administrar una ciudad y por ende el derrotero de miles de familias. En las últimas semanas, los escándalos de miembros del régimen como Adan Augusto, Andy Lopéz Beltran y el aspirante a Gobernador de Morelos, Gerardo Fernández Noroña, con justificación nos han sorprendido, pero en la tierra del Caudillo del Sur, la oposición no canta mal las rancheras. Corona Damián, quien gobernó Cuautla por Morena y ahora por la coalición PRI-PAN es la más clara manifestación de ello.

Morelos ha sido administrado por las principales fuerzas políticas del país. A lo largo del siglo XX, fue un bastión priista asociado a una de las principales fortalezas del otrora partido revolucionario: el agrarismo. Con la llegada del nuevo siglo, soplaron los vientos de cambio que trajeron al PAN, los morelenses esperábamos el espíritu de Manuel Gómez Morin o Efraín González Luna, pero la derecha en cambio nos dio a Sergio Estrada Cajigal y a Marco Adame Castillo. Después de doce años de panismo, aspiramos entonces a la congruencia y el espíritu espartano de la izquierda progresista, pero el destino nos dio una mala jugada en la persona de Graco Ramírez. En consecuencia, no se puede decir que los morelenses no estamos curtidos en la alternancia política, y es donde entonces se vuelve imperdonable, que permitamos tener presidentes municipales con el perfil de Corona Damián.

En este espacio, recientemente se narró la Cuautla idílica de hace unas décadas, ciudad marcada por la prosperidad cañera, sus vastos monumentos con haciendas y templos, así como la memoria de la acción de armas más notable de la guerra de independencia, y con el zapatismo, la genuina lucha por el principio sagrado del Derecho a la tierra. Hoy es habitual ver caminar por las calles de la capital histórica de Morelos, a los descendientes del General Zapata y de sus soldados-campesinos. En Cuautla también se distingue la riqueza del campo morelense, que ahora por fortuna vuelve a ser una prioridad para el gobierno estatal. Pero todo lo anterior, está opacado por la inseguridad y todo lo que con ella llega. La vida apacible en el Valle de Amilpas ya es un recuerdo, y vivir o transitar por Cuautla, se ha convertido en una actividad de alto riesgo.

A todo lo anterior, se añaden los videos ampliamente difundidos por los medios de comunicación y redes sociales, donde se aprecia al alcalde en funciones departiendo con miembros del crimen organizado, acción que en cualquier sociedad donde impere el Estado de Derecho, hubiera significado la separación inmediata del presidente municipal de su cargo. Incluso el pasado 14 de mayo, en una gira presidencial a Cuautla, Corona Damián fue conminado a retirarse del acto principal para que la presidenta Claudia Sheinbaum no se encontrara con él, lamentablemente de ese tamaño está la gobernabilidad en Cuautla.

Pero lo más asombroso aquí, es que la oposición morelense ampare en sus filas a un alcalde no solo con los antecedentes antes descritos, sino que evidentemente no tiene la capacidad ni física ni intelectual para ejercer la presidencia municipal de la segunda ciudad en la entidad. Un acto de congruencia, pero también de responsabilidad con la sociedad cuautlense, sería que el alcalde pida licencia o bien que el Congreso del Estado en el uso de sus atribuciones constitucionales lo separe del cargo. Aquí es donde queda una prueba de fuego para el congreso local, pero también para la oposición de cara a las próximas elecciones intermedias. Morelos merece jornadas mejores, pero mientras la impunidad y las prebendas indebidas, sigan siendo el acento en nuestra clase política, será imposible alcanzarlas

*Escritor y cronista morelense.

Corona Damián dando el Grito. Foto redes sociales

Roberto Abe Camil