

Karla Aline Herrera Alonso*
El 3 de diciembre de 2018, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas formalizó la proclamación del 24 de enero como el Día Internacional de la Educación, no como un acto meramente protocolario, sino en esencia, como una declaración de puntual urgencia con un toque de reflexión y esperanza.
En un entorno mundial heterogéneo, en el que predominó la incertidumbre y el conflicto, fue la educación la que se erigió como el único mecanismo capaz de provocar y sostener la paz y el desarrollo humano y erigirse como un mecanismo de contraste que abrió una puerta a la prosperidad intelectual y económica.
Para México y en especial para nuestro estado, Morelos, este día debe ser una invitación para la introspección profunda. En una sociedad distinta y, a veces distante, la educación debe ser redefinida y no considerarla únicamente como una transferencia de capital intelectual, sino como un proceso de reconstrucción ontológica. Educar es, en esencia, proporcionar al individuo las herramientas para cimentar su identidad, cultivar su carácter y desarrollar la moral y los valores de quienes son los ciudadanos del mundo.
Desarrollo psicoemocional
La ciencia del desarrollo de la persona es contundente: los primeros años de vida y la educación inicial y básica representan una «ventana de oportunidad» biológica que define la arquitectura cerebral del futuro adulto. Durante este periodo, la neuroplasticidad permite que el entorno educativo moldee las rutas sinápticas encargadas de la autorregulación emocional y la respuesta a los estímulos del entorno en todos sentidos, un momento que puede marcar la diferencia entre un adulto con capacidad de diferenciar lo bueno y lo malo, o uno que no.

En este contexto, el desarrollo psicoemocional de las personas desde temprana edad es la plataforma de todo aprendizaje. Si un niño desarrolla un apego seguro con sus educadores y un sentido de pertenencia en su aula, su cerebro se libera del estado de supervivencia para entrar en el estado de aprendizaje. Es aquí donde se gesta la autonomía moral. Siguiendo la teoría del desarrollo moral de Lawrence Kohlberg, la educación básica debe transitar de una moral heterónoma —donde se obedece por miedo al castigo— a una moral autónoma, donde el individuo actúa bajo principios éticos internos de justicia y respeto.
En una sociedad con grandes retos, formar adultos que no necesiten de la vigilancia externa o del temor al castigo para actuar con integridad, es la inversión más rentable para la paz y el progreso.
Empero para que este cambio de mentalidad ocurra, debemos incorporar en primer lugar, el aprendizaje que el infante siente, percibe y vive desde sus primeros días en lo que supone debería ser su hogar y lo que se prolonga y trasciende a lo largo de esos años con la máxima herramienta que existe: el ejemplo; ese que observa e imita de aquellos encargados de su crianza. De ahí la importancia de establecer lazos de corresponsabilidad y de congruencia entre lo que ve en casa y se lleva de la escuela, con una notoria distinción; en casa se educa y en la escuela se forma en la academia.
La Nueva Escuela Mexicana
En este tenor, la Nueva Escuela Mexicana (NEM) representa un hito en la historia pedagógica del país y en consecuencia, de nuestro estado y permea bajo principios éticos y filosóficos como el fomento de la identidad con México, responsabilidad ciudadana, promoción de la cultura de la paz, la honestidad, participación en la transformación social, respeto de la dignidad humana, promoción de la interculturalidad, promoción de la cultura de la paz y respeto por la naturaleza y cuidado del medio ambiente. Es así, que el paradigma actual se sustenta en el socio-constructivismo crítico, el enfoque en la persona y el respeto al entorno.
Este “deber ser” educativo busca fomentar el pensamiento crítico que deja atrás al aprendizaje por memorización, para transitar al conocimiento adquirido por la reflexión, lo que augura que lo aprendido se quede en el pensamiento y se fortalezcan las habilidades personales, al tiempo de desarrollar una conciencia sobre su realidad social para entonces, transformarla.
Es importante resaltar, que el Humanismo Mexicano, corazón de la NEM, la escuela se convierte en el núcleo de cohesión; el estudiante deja de ser un número de matrícula o una estadística para convertirse en el motivo principal de la comunidad educativa en donde se promueve un desarrollo integral; ello incluye el fomento de actividad física, la sana alimentación y el autocuidado.
Vive Saludable, Vive Feliz
A manera de ejemplo, en el mes de marzo del 2025, dio inicio una estrategia nacional denominada “Vive Saludable, Vive Feliz”. El diagnóstico inicial y los resultados finales nos ilustraron la proclividad de padecer enfermedades mórbidas en un futuro cercano de una generación aún en crecimiento. De poco más de 136 mil estudiantes de 866 primarias públicas y comunitarias evaluadas en el Estado, 4 de cada 10 niños y niñas presentaron grados de obesidad y sobrepeso; el sedentarismo se fortalece con el uso de dispositivos electrónicos sin control; 3.7 menores de cada 10 resultaron con deficiencia en su agudeza visual, mientras que 7 de cada 10 se les identificaron con caries.
Ahora bien, no basta con saber los resultados si no se hace nada por revertirlos, como tampoco basta con prohibir la comida ultra procesada en las escuelas si no se secunda desde casa; por eso el binomio Educación – Academia es indisoluble y la intervención de toda la comunidad educativa (familias, maestros, maestras y autoridades) en el mismo sentido, será factor que garantice el éxito o el fracaso de cualquier intento por cambiar los hábitos, forjar disciplina y guiar al educando a desarrollar su potencial.
La formación de ciudadanos con responsabilidad social
En otro rubro, la educación libre, plural y ética que propone la NEM no solo busca que el estudiante adquiera conocimientos técnicos, académicos y cultura general, sino formar ciudadanos con conciencia histórica y responsabilidad social; que sepan lo que es bueno para fortalecerlo y lo que no lo es para que lo consideren al tomar decisiones es de fondo, la conformación de comunidades empáticas y tolerantes ante la diversidad de realidades en el marco de sus propios contextos y, con ello prevenir la fragmentación social para priorizar su cohesión.
Lo que se previene no se padece ni tampoco se lamenta y, en Morelos, al conmemorar el Día Internacional de la Educación, debe realizarse a partir del crisol de derechos y principios, pero también del análisis de los deberes y la implementación concienzuda de acciones.
Al igual que la Estrategia de Vida Saludable, se lanzó el Programa “Calmécac” para la atención de 80 mil estudiantes de 300 secundarias. Una juventud sana y libre de adicciones nos permitirá contribuir con la encomienda y despresurizar los impactos de las vivencias de quienes viven una etapa de cambios biológicos, en los que prevalecen más dudas que certezas y donde los cuidados deben ser prioritarios ante el descubrimiento de su propia identidad.
Hay que concebir la educación de manera integral
Otra forma de conmemorar el Día Internacional de la Educación es concebirla de manera integral. Si el ser humano se desarrolla de principio a fin, de momento a momento, por qué entonces se ha concebido la segmentación de los niveles educativos bajo un contexto que ha probado no ser benéfico. En otras palabras, las políticas educativas no deben ser concebidas de manera aislada desaprovechando los conocimientos y experiencias de toda la comunidad que ha hecho de la educación su forma de vida.
En este contexto, el 31 de diciembre del año próximo pasado, se publicó en el Periódico Oficial Tierra y Libertad, la creación de la Comisión para la Planeación Integral de la Educación en el estado de Morelos donde, por primera vez y de manera oficial, se encuentran incorporadas las escuelas públicas, privadas, federales, estatales, de nivel básico, media superior o bachillerato y nivel superior, para establecer las políticas públicas que contribuyan a garantizar el derecho humano a la educación.
De manera metodológica se constituyen seis subcomisiones entre las que se encuentran la de Diagnóstico y Estadística que tanto se requiere para la correcta y oportuna toma de decisiones; la de Investigación e Innovación Tecnológica para estar a la altura de la industria 5.0; la Subcomisión de la Paz, Valores y Salud Socioemocional tan necesaria para encontrar los mecanismos de un entorno sin violencia; la de Sostenibilidad y Responsabilidad Social que va a delinear las acciones sobre el cuidado al medio ambiente y el fomento de la conciencia al entorno natural; la Subcomisión de Vinculación y Fomento Educativo que desarrollará estrategias para la inclusión y permanencia de los estudiantes y la Subcomisión de Egresados y Empleabilidad como forma de ponderar la pertinencia en la oferta educativa y como puente con el sector empresarial y/o el fomento al emprendedurismo.
Desarrollo del Círculo Virtuoso de la Educación
Ello da cuenta que no es detrás de un escritorio unipersonal lo que construya las líneas educativas y dé forma a las acciones, sino será la intervención de toda la comunidad que busque tender puentes que favorezcan al desarrollo integral del círculo virtuoso de la educación, con una visión desde la formación inicial hasta su egreso de la licenciatura y su empleo.
Todo ello pretende consolidar un cambio de mentalidad con la integración de la filosofía del Buen Vivir (Sumak Kawsay). Esta visión, propia de nuestras raíces latinoamericanas, propone que la plenitud humana no se alcanza mediante el consumo individualista, sino a través de la armonía con la comunidad y la naturaleza, los pueblos originarios de Morelos y la herencia revolucionaria aun viva en los rincones de nuestro Estado dan cuenta plena de esta manera de organización.
Educar para el Buen Vivir significa enseñar que la felicidad es relacional. En el aula, esto se traduce en dejar de promover la competencia destructiva por la colaboración solidaria, al entender que el bienestar propio depende del bienestar del otro, como lo han planteado filósofos de la antigua Grecia y del Imperio Romano hace miles de años, por lo que formamos una generación de morelenses que verán en la solidaridad una estrategia de vida y no solo un concepto abstracto.
Educación para prevenir el delito
Es imperativo entender que cada peso invertido en educación es un peso ahorrado en el sistema de seguridad y justicia. La inversión en educación, en todos sus niveles, es la política de prevención del delito más eficaz de la que dispone el Estado. Esta inversión debe garantizar la profesionalización y dignificación del magisterio, infraestructuras que inspiren dignidad y el acceso universal a las herramientas digitales bajo un enfoque humano. Un País y un Estado que invierte en sus escuelas está declarando que cree en su futuro.
Imaginemos a ese estudiante ideal: alguien que no solo sabe resolver ecuaciones aritméticas, sino que sabe escuchar, que no busca el éxito sobre el hombro del caído, sino que extiende la mano al que está desvalido para levantarse y caminar juntos, porque la educación recibida le permite diferenciar lo que es bueno de lo que es malo, porque sabe, porque comprende, porque es un ser educado de manera integral. La educación es ese hilo invisible pero invencible que une el corazón de un niño con el destino del adulto que formará a las generaciones venideras.
Hoy al celebrar el Día Internacional de la Educación, no celebramos un sistema, celebramos la posibilidad de ser mejores. Porque al final del día, educar con responsabilidad es el acto más revolucionario de amor que podemos otorgar quienes vemos en la Educación el camino de la esperanza; es la promesa de que, a pesar de las adversidades, estamos sembrando brillo en una generación que sabrá, vivir bien, vivir en paz y vivir para sí y para los demás, en un ambiente que se genera por y para los Morelenses que en su afán vocacional sostenemos que “en la Tierra que nos Une”, la educación nos consolida.
*Secretaría de Educación, gobierno de Morelos

