

Son infinitas las posibilidades de pintar con tinta negra, humedecida con variadas cantidades de agua, para producir un rango inmenso de tonos que más allá de las impresiones visuales que puedan producir, permiten también dar sensaciones lo mismo de calma en un remanso, que de luz y contrastes, con efectos sorprendentes en nuestro ánimo. Eso precisamente ha producido de entrada en mí, acercarme a la obra de Andrea, expuesta a partir de esta tarde en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca.
Advierto que lo que nos presenta Andrea, corresponde al desarrollo paulatino y venturoso, de una técnica que tiene fuerte componente experimental, al combinar tipos de papeles soporte, tintas, agua, y dispersores de las tintas, en un proceso que al añadir agua, produce “vertientes de flujo” que portan la tinta, de maneras no siempre controlables, previsibles, dando al desarrollo un cierto grado de incertidumbre, que al final, hace a cada pieza única, irrepetible, por más que lo intente la autora procurar lo contrario.
Por lo mismo, al desarrollar una técnica de pintura como la empleada por Andrea, se requiere tesón, calma, disposición para ensayar, no me atrevo a decir “errar”, pues en lo que pudiera parecer error, salta la liebre del descubrimiento de granos, formas, puntos, líneas diminutas, ramificaciones, que constituyen ricas texturas no planeadas, sino “encontradas”.
Pero Andrea no se ha contentado con actos de serendipia, de jugar con el azar, sino que experimentando, ha buscado ciertas regularidades en el flujo de la tinta, a las que con un propósito figurativo o no, les pone rango, límites, bordes de acción, a partir de los cuales delinea rostros, cuerpos, paisajes abstractos, sobre los que la mirada tiene la oportunidad de a su vez, experimentar sensaciones.
Las obras presentadas corresponden al menos a dos series, una de retratos femeninos y otra que muestra cuerpos desnudos de mujeres provenientes de los cinco continentes. Ellas fueron convocadas por Andrea mediante las redes sociales, y le respondieron con fotos sin rostros, autorizándole a derivar de ellas su versión en tinta. Los resultados en la técnica desarrollada por Andrea son de una fuerza superior, intensos en su expresividad, más allá de toda norma de “cuerpo femenino ideal”, dando paso a la apreciación de su diversidad en edades, formas, origen geográfico y social, como genética.
Sin duda un gran logro de esa última serie ha sido atreverse a convocar a las mujeres, responder a la confianza solicitada en las condiciones del contrato establecido para participar, como en la devolución a las convocadas de una muestra de sus cuerpos representados, valorados, respetados en su desnudez.

Los curadores del MUCIC le han dedicado especial cuidado a esta exposición, en diálogo con la autora, destinando dos salas de la planta para sus obras, tienen su mérito al haberlo hecho. También el MUCIC al hospedar estas obras. Sólo me falta añadir que esta es la primera expo individual de Andrea en Cuernavaca, tras varias colectivas en Holanda y en México. Ha sido un gran placer asistir a su inauguración, y les aseguro que al visitarla, quedarán gratificadas/os. Otras obras de Andrea, las pueden visualizar en Instagram. Esta expo estará hasta el mes de abril.

Andrea Emde

