¿Por qué líderes autoritarios y destructivos tienen apoyo popular?

 

“No hay distinción más fundamental entre los hombres, psicológica y moralmente, que la que existe entre los que aman la muerte y los que aman la vida… están presentes las tendencias biófilas y las necrófilas, pero en proporciones diferentes, lo importante es cuál tendencia es la más fuerte, de suerte que determine la conducta humana.”

“el enamorado de la muerte ama a la fuerza inevitablemente. Para él, la mayor hazaña del hombre, no es dar vida, sino destruirla; el uso de la fuerza no es una acción transitoria que le imponen las circunstancias, es un modo de vida.”

Erich Fromm

Estamos estupefactos ante los acontecimientos terriblemente violentos que han estado ocurriendo en el mundo, y que están siendo presentados ante nuestros ojos, muchas veces en tiempo real, con gran cinismo y prepotencia, por los propios perpetradores que los generan. ¿Qué hacer?

Nos dice Fromm en su libro El Corazón del Hombre (1964): “Si queremos combatir el fascismo, debemos entenderlo.”

En un intento personal en esa dirección extraje de mi biblioteca algunos libros de Erich Fromm leídos en mi juventud, me adentré nuevamente en ellos, en su complejidad, poco a poco las palabras, conceptos y argumentos de Fromm empezaban a desentrañar la realidad actual que nos tiene petrificados.

Se comprende mejor cuando se comparte el proceso mismo de análisis y reflexión. Por ello, decidí hacer partícipes de mis reflexiones a quienes lean estas líneas. Para facilitar la comprensión organicé el texto en tres preguntas:

  • ¿Cómo reconocer a líderes autoritarios y destructivos?

En el capítulo III del libro citado, Fromm nos habla del síndrome de decadencia que en sus palabras “representa la quinta esencia del mal; es al mismo tiempo, el estado patológico más grave y raíz de la destructividad e inhumanidad más depravadas.” Este síndrome esta formado por tres orientaciones: necrofilia, narcisismo maligno y fijación simbiótica-incestuosa. En este texto reflexionaré principalmente sobre las tendencias hacia la muerte (necrofilia) y hacia la vida (biofilia).

Fromm caracteriza la orientación necrófila, algunos de los rasgos que identifica en el capítulo citado los resumo así: En individuos necrófilos está presente el deseo de matar, les atrae la muerte y la inmundicia, desean transformar lo orgánico en inorgánico mediante el órden. Su actitud hacia la fuerza entendida como la “capacidad para convertir un hombre en un cadaver” se vincula con el poder para matar, por ello aman la fuerza. Puede una persona necrófila no matar a una persona sino sólo privarla de su libertad, humillarla o despojarla de sus bienes, pero detrás de sus acciones está la capacidad de matar y el deseo de hacerlo.

Fromm señala que Hitler es un ejemplo claro del tipo necrófilo puro, “lo fascinaba la destrucción, y le agradaba el olor de la muerte. (…) Su satisfacción más profunda estribaba en presenciar la destrucción total y absoluta: la del pueblo alemán, la de los que lo rodean, la suya propia.”

En contraparte, la orientación biofila tiene como esencia el amor a la vida. No tiene un rasgo único, representa un modo de ser. En las personas se expresa en todo: gestos, emociones, pensamientos, movimientos corporales. Para Fromm, la tendencia a conservar la vida y a luchar contra la muerte es la forma más elemental de la orientación biofila y es común a toda la materia viva. Además, la materia viva tiende a fundirse con entidades diferentes y opuestas y a crecer de un modo estructural. Unificación y crecimiento integrado son características de todos los procesos vitales, concierne a las células pero también a los pensamientos.

Las descripciones anteriores se refieren a las orientaciones biofilas o necrófilas en sus formas puras, éstas raramente ocurren en individuos concretos, el necrófilo puro es un loco y el biofilo puro es un santo. La mayoría de las personas somos una mezcla de ambas orientaciones y lo importante es cuál de éstas predomina y qué consciencia tiene cada persona de ello.

Reconocer a los líderes autoritarios y destructivos implica identificar la presencia dominante de la orientación necrófila, que puede manifestarse por la fascinación por el poder mecánico, la violencia instrumental y el orden rígido. Aprecian más la obediencia que la comprensión, más el pasado que el futuro, más la estructura que la vitalidad, más la muerte que la vida. Utilizan la amenaza y las sanciones, tienden a homogeneizar eliminando lo diferente. Su forma de relacionarse con el mundo se basa en el dominio, no en el encuentro; en la posesión, no en la producción; en la sumisión o aniquilación del otro, no en el diálogo.

  • ¿Cómo entender que un gran número de personas admiren, elijan y se conviertan en seguidoras de líderes autoritarios?

Para comprender la atracción masiva hacia líderes autoritarios es indispensable reconocer y analizar las condiciones psicológicas y sociales que predisponen a las personas a renunciar a su autonomía. Fromm, en su libro, El Miedo a la Libertad, nos dice que el capitalismo liberó al hombre de sus vínculos tradicionales y contribuyó al aumento de la libertad positiva y al crecimiento de un yo activo, crítico y responsable. Sin embargo, al favorecer la libertad del individuo contribuyó a cortar los vínculos existentes entre los individuos, y de este modo los separó y aisló. Esto produjo una consecuencia inversa: individuos más solos y aislados, con un sentimiento de insignificancia e impotencia.

Los líderes autoritarios suelen capitalizar la ansiedad y el aislamiento social. Se presentan como protectores todopoderosos y exigen, a cambio, obediencia, renuncia a la autonomía y delegación completa del juicio moral. Ellos activan y nutren la orientación necrófila latente de ciertos sectores sociales. Esa orientación se expresa en la fascinación por la fuerza, la disciplina rígida, la humillación del enemigo y la eliminación de lo diferente. Quien se siente impotente, humillado o frustrado puede encontrar en un líder autoritario una forma compensatoria de poder: identificarse con él permite participar simbólicamente de su violencia y su grandiosidad.

Fromm agrega, en Anatomía de la Destructividad Humana, que la formación de masas autoritarias no se explica sólo por la psicología individual, sino por estructuras sociales que producen carácter autoritario: empleos alienados, pérdida de comunidad, desigualdad creciente, burocracias impersonales y un sistema económico que reduce a las personas a engranes intercambiables. Todo ello genera personalidades que anhelan una autoridad fuerte que organice el mundo por ellos.

En Anatomía de la destructividad humana, muestra que la destructividad no es innata, sino resultado de condiciones sociales y afectivas: cuando la vida social bloquea las expresiones biófilas —creatividad, cooperación, autonomía—, las personas buscan refugio en estructuras autoritarias que justifican su resentimiento, su miedo y su deseo de certidumbre absoluta.

La pregunta que queda pendiente por reflexionar nos implica a todas y todos: ¿Qué podemos hacer como ciudadanía para contrarrestar la tendencia necrófila de la sociedad actual? Les invito a pensarlo durante las vacaciones que se avecinan, por mi parte, me comprometo a hacerlo. Tomaré unos días de descanso, nos reencontraremos en enero. Que disfruten estas fiestas decembrinas.

Se dice constructor de paz… ¿será?

Imagen cortesía de la autora

Ana Isabel León Trueba