Cuando la Luna se volvió fondo de pantalla

 

Desde hace mucho tiempo, hemos vinculado la menstruación con la Luna. No es casualidad que ambas tengan ciclos que rondan los 29 días. En muchas culturas y también en muchos talleres de espiritualidad moderna, se dice que «las mujeres sangramos con la luna» y que cuando menstruamos en luna nueva es porque estamos más conectadas con lo intuitivo, y cuando lo hacemos en luna llena, estamos en plenitud. Suena bonito, ¿no?

Yo también crecí escuchando esas historias. Incluso llegué a pensar que, si mi ciclo no coincidía con la luna, era porque estaba desincronizada, como si eso dijera algo sobre mi salud, mi energía o mi relación con la naturaleza. Pero ¿esto es real o es una de esas ideas que se repiten tanto que ya parecen verdad?

Pues un grupo de investigación, liderado por la Dra. Charlotte Helfrich- Förster, publicó un estudio1 en Science Advances que lo investigó a fondo. Y lo que encontraron fue fascinante. Sí, hubo un tiempo en que muchas mujeres (no todas) menstruaban sincronizadas con la Luna… pero esa sincronía se ha ido desvaneciendo en las últimas décadas. 

Analizaron los registros menstruales de 176 mujeres durante un periodo de hasta 37 años, comparando los días de inicio de la menstruación con tres tipos de ciclos lunares: el sinódico (el que marca la luna nueva y luna llena), el anomalístico (que tiene que ver con la distancia entre la Tierra y la Luna), y el tropical (que regula su posición en el cielo).

Lo más sorprendente es que antes del 2010, cuando todavía no estábamos tan expuestas a pantallas y luces LED durante la noche, sí había una sincronía más clara. Muchas mujeres menstruaban cerca de la luna nueva o llena. Pero después del 2010, esa relación prácticamente desapareció… salvo en enero, cuando la Luna, el Sol y la Tierra están alineados y su fuerza gravitacional es mayor.

Pero ¿qué cambió después del 2010? la luz. El estudio sugiere que el aumento de la luz artificial nocturna, por luces LED, pantallas de celular, tablets, computadoras y demás, interfiere con nuestros ritmos circadianos y con cualquier posible “reloj lunar” interno que pudiéramos tener. La Luna dejó de ser la reina de la noche… para volverse apenas visible entre el brillo de las ciudades y nuestras notificaciones de WhatsApp.

¿Y esto qué nos dice? Primero: que sí es posible que en algún momento evolutivo nuestros cuerpos hayan estado más conectados con los ciclos naturales, incluyendo el lunar. Segundo: que esa conexión no es esencial ni definitiva. Nuestros ciclos menstruales están influenciados por muchísimos factores: la edad, el estrés, la alimentación, las hormonas, la salud mental… y sí, también la luz. Pero no hay una sola manera “correcta” de menstruar.

Así que, si te baja con luna llena, está bien. Si no, también. No hay ciclos «desalineados», ni necesitas «reconectarte con la luna» para estar bien contigo.

Pero bueno, la Luna sigue siendo un símbolo poderoso. Nos inspira, nos acompaña en las noches más oscuras, y nos ha ayudado a nombrar y a imaginar nuestras emociones, nuestras aguas internas, nuestra ciclicidad. Lo importante es no confundir símbolo con biología.

Este estudio no vino a quitarle poesía a nuestros cuerpos. Vino a decirnos que la ciencia también puede ser poética cuando nos ayuda a entendernos mejor, sin necesidad de encajar en expectativas ajenas. La idea de que “las mujeres sangramos con la Luna” puede convertirse en una carga. Porque si tu cuerpo no baila al ritmo lunar, ¿entonces qué? ¿estás mal? ¿eres menos sabia? ¿menos conectada? No. Eres tú. Con tu propio ritmo. Con tus propios ciclos. Con tus propios eclipses.

La pregunta no es si menstruamos con la Luna… Sino cómo queremos reconectar con nuestros cuerpos en un mundo que constantemente nos desconecta. Porque quizá la verdadera sincronía que necesitamos no es con la Luna, sino con nosotras mismas.

Imagen cortesía de la autora

Karime Díaz