Dos Grandes: Jorge Cázares Campos, Paco Ignacio Taibo I. Y una disculpa

 

Queridos lectores, es tanta la riqueza histórica-cultural que nos rodea por todas partes en México, que desde hace tiempo la presumo como tema principal en casi todas mis columnas para ustedes. Eso sí, procuro investigarlas y revisarlas hasta el más mínimo de los detalles, aunque bueno, me apena reconocer que, en ocasiones, como dice el dicho: “en casa de herrero cuchillo de palo”, esto se los digo porque a veces no bastan las revisiones y desde aquí les confieso que me equivoqué en el autor y ahora corrijo porque quien escribió el magnífico libro Raíz y Razón de Zapata fue Jesús Sotelo Inclán.

Esta obra, publicada por primera vez en 1943, reitero que es una de las investigaciones más cuidadosas y profundas del zapatismo, por cierto, el acervo que reunió su hijo menor don Mateo Zapata QEPD les recuerdo, aunque ya lo escribí, que su archivo ya fue elevado por la UNESCO a la Memoria del Mundo para preservar del olvido el movimiento zapatista de su padre.

En su libro, Jesús Sotelo Inclán explica muy bien el movimiento revolucionario en Morelos y reconstruye la historia de Anenecuilco, pueblo natal del general Emiliano Zapata pero fíjense hasta dónde llega el autor para entender a un personaje como el Caudillo del Sur; se fue tiempo atrás y analizó desde la organización de los Calpullis, que fueron unidades sociales fundamentales en la organización de la sociedad azteca-mexica durante la época prehispánica.

Y como fueron evolucionando y manteniendo lo sustancial de estas tradiciones que pasaron de generación en generación y que dieron como resultado un movimiento, el zapatismo, que fue el que le dio sentido social a nuestra revolución mexicana. Pero bueno, ahora que les di un breve esbozo del libro, repito, de Jesús Sotelo Inclán, van mis disculpas a todos ustedes por favor desde aquí. ¡Uff!, qué alivio, queridos amigos, ya corregí el error.

Dicho lo anterior y reportera al fin, antes de abordar el tema de hoy, espero con interés, porque los accidentes muchos de ellos son imprevisibles, el final de las investigaciones en torno al lamentable evento ocurrido recientemente en Nueva York, ojalá se sepa la verdad por respeto a esos jóvenes estudiantes, en memoria de los dos fallecidos, de los heridos, de la tripulación que iba a bordo y de la muy respetable Marina nacional.

Y con el tema de la verdad, desempolvo algunas de esas espléndidas viñetas que, en la sección Cultural de El Universal, Paco Ignacio Taibo I, publicó bajo el nombre de El Gato Culto. En ellas plasmó sus diarios pensamientos para legarlos a quien los leyera. Recuerdo muchos de esos gatos, pero sobre todo acude a mi memoria, uno jamás olvidado, fue tan valorado por mí, que incluso lo tuve muy presente durante mi quehacer periodístico y hoy, se los comparto a propósito de conocer la verdad de lo ocurrido en el precioso velero-escuela, el Cuauhtémoc, de la Marina de México bajo el icónico Puente de Brooklyn, en Nueva York. Y dice así:

“Hay tres verdades: la oficial, la de la oposición y en medio de ambas está LA VERDAD. Qué ciertas son estas palabras. Esa misma Verdad, la espero de lo ocurrido porque nos la merecemos todos, pero más aún, ese bellísimo buque-escuela-velero, que desde lo alto, en una ocasión, tuve la oportunidad de contemplar cómo salía de Acapulco rumbo “al gran mar”, el Océano Pacífico, con la Bahía de Acapulco como fondo y luciendo un nombre Cuauhtémoc, tan lleno de historia y cultura para México. Les aseguro que esa visión con nuestra preciosa bandera elegida como la más bella, esa mañana de oro y plata, ha sido única y todo ello mientras presenciábamos su avance al surcar el precioso velero-escue las aguas marinas mexicanas. Jamás lo he olvidado.

Y ahora recuerdo a otro de los Grandes, pero esté sí, muy nuestro, muy de Cuernavaca, muy morelense. Fíjense que cuando inicié la sección cultural del DDM que llegó a tener hasta ocho páginas con la portada y en ocasiones la contraportada también, en un evento en el Jardín Borda, cuando anunciaron que quien esto escribe coordinaría la nueva sección cultural, al saludar con mucho gusto al Maestro Cázares quien me comentó que le gustaría participar en mi sección. Feliz, acepté. Iniciar con el mejor paisajista que hemos tenido en los últimos tiempos. Y más cuando él bautizó su sección como El Rincón de la Guayaba.

En el DDM me pidieron la imagen para retratarla en su viñeta y que siempre saliera con el pensamiento diferente de don Jorge en cada ocasión. Le pedí el dibujito, precioso, tiene la mano del Maestro, lo llevé al periódico, lo fotografiaron y me lo dieron. De inmediato acudí a devolvérselo con mi agradecimiento y el gran pintor me dijo: “Te lo obsequio, es tuyo”. Lo hemos atesorado en mi familia durante más de 10 años y ahora comparto con Uds. mis queridos amigos, la imagen de El Gato Culto y la de El Rincón de la Guayaba. La primera del escritor, periodista y dramaturgo Paco Ignacio Taibo 1 fallecido hace más de 15 años y El Rincón de la Guayaba, del muy culto y gran pintor, paisajista y uno de los artistas plásticos más difundidos a nivel nacional del que espero dentro de poco, poder contar con todas sus colaboraciones periodísticas para solaz de quien las lea. Y hasta el próximo miércoles.

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Dos grandes en estas dos viñetas de dominio público. La primera: El Rincón de la Guayaba del gran pintor morelense Jorge Cázares Campos que apareció en la Sección Cultural del DDM. Abajo El Gato Culto, del escrito, historiador y periodista Paco Ignacio Taibo I y que publicó en la Sección Cultural de El Universal durante 26 años. Imágenes proporcionadas por la autora para esta publicación.

Lya Gutiérrez Quintanilla