

Lo que viví de la patria y en el Santuario de Tlaltenango, aquí en Cuernavaca
La Feria de Tlaltenango, una de las más antiguas de Cuernavaca, tiene sus raíces en el siglo XVIII, concretamente desde 1720, fecha en que se fundó el Santuario de la Virgen de los Milagros. Lo curioso es que ese hecho, netamente religioso, con el tiempo evolucionó hasta convertirse en un importante punto de encuentro cultural, comercial y social casi desde hace 305 años. Motivo por lo cual, durante diez días, cada año, se instalan en perfecto orden cientos de comerciantes foráneos y locales que además de traer sus tradicionales delicias gastronómicas, nos dan la oportunidad a los visitantes de admirar y adquirir, entre otros: vajillas, cazuelas, jarrones, charolas de barro artísticamente decorados, blusas típicas, cajetas de varios sabores, riquísimos panes de pueblo, y un largo etcétera. Este año, la Feria inició el 30 de agosto y culminó el 9 de septiembre.
Y a pesar de que por lo general mantengo un espíritu de observación crítica en mi entorno, en este festejo que literalmente paraliza la circulación de la parte norte de la ciudad capital de Morelos, no tengo crítica alguna que hacer. Aunque los comerciantes se acomodan en ambos carriles de la Av. Emiliano Zapata que es la más importante entrada a Cuernavaca proveniente de la CDMX, en lugar de molestias a la población nos dieron gran alegría recibirlos porque con su llegada cargados con su mercancía en grandes camiones, dan realce a uno de los festejos netamente cuernavacenses y por lo mismo, esperado por toda la población desde Michoacán, Edomex, Puebla, Tlaxcala, Guerrero, entre otros. Y aunque empleo la palabra paralizar la vía pública, este año me sorprendió el oden que observaron los elementos de tránsito municipal, perfectamente coordinados, por lo que ni se sintieron los cambios a la circulación que efectuaron para agilizar el tránsito.
Y con respecto al comercio foráneo y local, para qué sorprendernos de su actuar, es importante recordar que, desde las interacciones de las civilizaciones prehispánicas hasta la llegada de los españoles, cada etapa histórica ha dejado una huella indeleble que ha dado forma a la economía actual del país. Y el comercio, de raíces profundas, ha sufrido adaptaciones necesarias ante los cambios políticos y sociales que han marcado la historia nacional. A pesar de la antigüedad de este festejo, 305 años, fue ya en tiempos modernos cuando comenzó la evolución del comercio en México. La historia es la siguiente.
Su celebración se remonta a 1720 cuando los frailes agustinos erigieron el Santuario de la Virgen de los Milagros en Tlaltenango, según la leyenda, el 30 de agosto de 1720, dos jóvenes escucharon un canto maravilloso y vieron la luz Celeste de la Virgen María en una caja. Estaban en una hospedería en el barrio de Tlaltenango y cuentan que desde esa fecha, los peregrinos visitan año con año el Santuario para conmemorar el milagro que califican como insólita aparición.
Escuché en un video que me envió el Dr. Carlos Javier Martínez León titulado Historia de la Virgen de Tlaltenango Patrona de Cuernavaca del canal MEXICORARA1 de Youtube, que Tlaltenango, una de las antiguas colonias de la ciudad de Cuernavaca, antes de la época del virreinato era un pequeño pueblo que no pertenecía a la ciudad. En el año de 1521, Hernán Cortés y sus soldados llegaron a la antigua Cuauhnáhuac y al encontrarse con el pequeño pueblo, les resultó difícil pronunciar su nombre que era Zacacotultenanco por lo que lo comenzaron a llamar Tlaltenango.

Según textos que nos refieren al año de 1529, Hernán Cortés, estableció en este lugar, el primer ingenio azucarero de América cuando. Varios ancianos patriarcas de Tlaltenango conservan antiguas transcripciones y manuscritos que constatan lo anterior. Se dice también que fray Pedro de Melgarejo de Urrea fue el primer fraile que misionó en esta tierra de Tlaltenango.
Y lo que es la vida queridos lectores, hace dos días, justo el 15 de septiembre, viví en el Colegio Suizo (Alemán) de Cuernavaca, la fiesta mexicana más importante, mucho más de lo que yo había vivido en todas las escuelas a las que yo acudí de niña y de adolescente. Por principio salían niños y niñas desde preescolar ataviados con trajes mexicanos bailando como podían los sones, luego aparecían grupos ya de primaria escenificando, muy serios, distintos detalles de la conspiración que detonó el inicio de la Independencia de México para finalmente todos los estudiantes desde primaria, entonar además de canciones revolucionarias, el Himno Morelense que gran parte de la población morelense adulta desconoce, eso me sorprendió tratándose de una escuela con raíces extranjeras que sin embargo desde a los alumnos más pequeños les inculcan lo morelense y lo mexicano. Esto, queridos amigos se llama darles identidad y sentido de pertenencia.
Continúo narrando que, en esa escuela, antier, viví durante esa preciosa mañana el mejor Grito de Independencia, bandera ondeando y los vivas de estudiantes, padres de familia y abuelos como yo, gritando los Vivas ante el nombre de todos los héroes que iban pronunciando. Ya casi al terminar el evento, ingresó un digno y elegante Mariachi tocando México Lindo y Querido seguido del son de La Negra que en conjunto nos hicieron sentirnos orgullosos de ser y de pertenecer a México. Y los dejo recordando una de las canciones: México, México te llevo dentro de mí. Y hasta el próximo miércoles.

Fachada decorada profusamente del Santuario de Tlaltenango edificado por los agustinos en 1720 para conmemorar cada año el 8 de septiembre, la aparición de la Virgen de los Milagros, Patrona de Cuernavaca.
Foto https://www.pinterest.com/pin/113575221829877343/ , proporcionada por la autora.

