La fascinante vida de Víctor Manuel Contreras, todo un ícono artístico de Cuernavaca

 

Antes de terminar el año queridos lectores, evoco a un artista que falleció el pasado 25 de mayo. Lo recuerdo ahora por su fascinante personalidad y su muy particular don histriónico además de ser el autor de la emblemática escultura La Paloma de la Paz, que da la bienvenida a todos los visitantes a la entrada norte a nuestra ciudad. Gran conversador, con buena voz, impecable educación y gusto para vestirse así como autor de varias de las esculturas que adornan Cuernavaca, cuando pasaron un video hablado con su imagen en el Museo de Arte Moderno Morelense la semana pasada, parecía no haberse ido.

Lo presentaron su sobrino y albacea Alejandro Contreras, quien estuvo durante años al pendiente de su tío; el otro presentador fue el abogado Emilio González Anguiano egresado de la UNAM y “orgullosamente” del Colegio de San Ildefonso que refirió a quien esto escribe que al ser colaborador cercano al entonces presidentes Luis Echeverría Álvarez, con oficina en Palacio Nacional, desde ese entonces nació su amistad con el artista a quien veía frecuentemente.

“En alguna ocasión Víctor Manuel me comentó, refiere González Anguiano: ´Mi vida creció tanto (salió de Atoyac, Jalisco a Holanda y de ahí al resto de Europa), que yo me convertí de campesino, en noble´. “Al decirlo el artista, soltó una carcajada y claro, esa expresión era una exageración. Lo que sí tenía Contreras es que a lo largo de su vida aprovechó al máximo cada oportunidad que la vida le brindó. Además de que fue todo un artista no solo escultor y pintor sino que en su inmensa personalidad: imitaba, cantaba arias completas de ópera en italiano, era tan simpático que te hacía reír con cualquier comentario pero siempre conservando su elegancia.

“Y con todo respeto a los grandes pintores de México que vivieron en París, nadie más que él, pudo tratar, por ejemplo, a Salvador Dalí, a Pablo Picasso o a la Art Deco y pintora de Varsovia, Polonia Tamara de Lempicka quien vivió y murió en Cuernavaca en 1980. Contreras, sí”, finaliza González Anguiano.

¿Qué tuvo de notable este personaje, que aunque no nació en esta ciudad, era muy de Cuernavaca? Aquí vivió, en el centro de esta ciudad, hasta su muerte. Con un estilo glamoroso propio de un bon vivant, Víctor Manuel Contreras hizo su propia historia que lo llevó a convertirse en un ícono del arte de Cuernavaca, pero además, con más de 70 obras que se exhiben en varias ciudades del mundo.

Y como no serlo, si al vivir varios años en la Europa fina y culta fue trascendiendo como artista, sobre todo a partir de su fortuito y duradero encuentro con todo un personaje de la Rusia imperial que a partir de la Revolución de 1917 en su país fincó su residencia y su fortuna en Paris, Francia. Sí, Víctor Manuel Contreras fue amigo ni más ni menos que del famoso príncipe Félix Yusúpov.

En esos años dorados, además de absorber Víctor Manuel toda la cultura que pudo y de continuar su relación de amistad con el príncipe ruso, casado con la princesa Irina, sobrina del zar Nicolás II, el artista mexicano tuvo la habilidad de volverse habitual dentro del grupo de esos aristócratas millonarios rusos que no fácilmente aceptaban la presencia de extraños junto a ellos. Los conoció al trabajar el entonces jovencito Contreras en un lujosísimo hotel de París pero lo importante es que la amistad duró varios años, tanto que heredó de él varios lujosos objetos que lucía en sus habitaciones privadas aquí en Cuernavaca, primero en su casa del Callejón Borda y tras mudarse de casa, los llevó consigo.

Con Contreras, que fue gran amigo de mi tío Antonio Quintanilla, recuerdo varias anécdotas, les comparto una. Cierta mañana pasó por quien esto escribe a la redacción del DDM donde tecleaba yo una nota y tomándome de la mano, me alzó y me dijo, “deja de escribir, ya hablé con el director del periódico y te autoriza a ir conmigo a Chilpancingo donde están destruyendo una de mis obras monumentales”.

Acababa de ocurrir un fuerte sismo en el estado de Guerrero y el inmueble donde estaba colocada una gran escultura del artista a lo largo de la alta fachada, resultó dañado por lo que sin miramiento alguno los mismos trabajadores que derruían el edificio abrían con soplete incluso partiendo el mismo rostro de la enorme escultura para desprenderla de la construcción. De pronto, al voltear a verlo, alcancé a percibir la enorme tristeza del artista al ver destruida su obra, similar a la de un padre al ver morir un hijo. Tal era su desolación.

Reconocido en varios países del mundo, este artista, por su estrecha relación de amistad que tuvo con distintas altas autoridades, pudo colocar varias obras suyas donde él quiso, entre ellas, además de la Serpiente de su Quetzalcóatl en el cruce de las avenidas Teopanzolco y Río Mayo y su Paloma de la Paz, otra más Madre con su hijo, frente a la Iglesia de San José del Calvario. Se extraña a este personaje irrepetible. Y hasta el próximo miércoles.

PIE DE FOTO: En esta imagen aparecen Víctor Manuel Contreras con su gran amigo el príncipe Félix Yusúpov, mundialmente famoso por el caso Rasputín, aquí en la casa de campo de los príncipes rusos Félix e Irina, sobrina del Zar Nicolás II, en Versalles, Francia. Foto tomada del libro Víctor Manuel Contreras, Vida y obra. De fecha 2022 proporcionada por la autora para esta publicación.

Lya Gutiérrez Quintanilla