

Enrique Villamil Tapia (1890-1962) es uno de los últimos grandes nahuatlatos tepoztecos, hablamos no sólo de un intelectual, sino de un personaje con un fuerte perfil social y una personalidad que desafía la escala regional. Miembro distinguido de una familia de origen indígena, con la merecida fama de ser una de las más ilustradas en la historia de esta población. Desde luego, su colaboración con Mariano Rojas trascendió fronteras, en su caso, la poesía lo distingue como uno de los «xochicuicatiani» tepoztecos más destacados del siglo XX. El talento de Villamil supo sortear los altibajos de la Revolución mexicana, y comprender la complejidad de los bandos que, a pesar de ser separados por una causa política, permanecieron unidos por una misma religión, pero, sobre todo, por las tradiciones ancestrales que nos siguen dando identidad.
Villamil se desempeñó como secretario de la Nechicoliztli Mexihcayotl Tepoztecatl (Sociedad Mexicanista Tepozteca), una sociedad fundada en 1929, integrada por quince socios nativos de Tepoztlán. Este cargo le permitió vincularse con otros nahuablantes importantes como Leandro García, con quien tradujo la Tragedia del tepozteco, obra que se representa cada año el día de la Asunción. Su trabajo de revitalización de las tradiciones ha sido fundamental para consolidar la identidad de Morelos. En este sentido, Erika Farragut Moreno, precisa que «según un habitante de Tepoztlán, Enrique Villamil Tapia, el ritual llamado “Altepeilhuitl” o fiesta del pueblo se celebra desde hace más de 400 años».
De acuerdo con la bella evaluación de Miguel León Portilla, Villamil es un poeta de lo efímero que recuerda los inocuícatl de Nezahualcóyotl, haciendo uso de esos matices, nos comparte su visión de la brevedad de la vida, en un poema incluido en su Descripción histórica de Tepoztlán: «Tonehuiztica tipano, ipan inin Tlaltipactli, nochi tlami nochi pano, que mextli ca ilhuicactli», lo que significa en su propia traducción: «Una vida de amarguras, de aqueste mundo es la suerte, pues encantos y dulzuras, acabarán con la muerte».
En lo que hace a la mirada de su pueblo, Enrique Villamil nos dice acerca de la ubicación que los distingue: «Monextia in altepetl, in tzalan miac tepeme, ca quiyohualohua queme tlahpixque, in altepetl», en su traducción nos dice: «Se encuentra el pueblo de Tepoztlán, Morelos, en medio de muchos cerros que lo rodean como guardianes del mismo».
Al paso del tiempo lo confirmamos, su labor en la recuperación de las tradiciones de Tepoztlan, especialmente el Altepeilhuitl y la presentación del Reto al Tepozteco cada 8 de septiembre, permanecerán indelebles en el tiempo. Como un legado para la cultura nacional contamos al menos con cuatro libros de su autoría: 1) Tepoztlán en la historia y la leyenda, 2) El origen del carnaval en el pueblo de Tepoztlán, Morelos, 3) la Descripción Histórica de Tepoztlán, Morelos. Escrita en lengua náhuatl y traducida al español por el señor Enrique Villamil y 4) Altepeilhuitl. Fiesta del pueblo (1961), obras que, sin duda, seguirán siendo referentes en el área. Dentro de una de las esquinas del destino, la voz de Enrique Villamil desafía el tiempo, a través de un son cantado de casamiento, titulado Xochipitzahual, grabado el 20 de abril de 1949 en Tepoztlán y resguardado en la Fonoteca Nacional. Si convenimos que un hombre debe medirse a través de la magnitud de su obra, entonces Enrique Villamil Tapia debe ser recordado entre los grandes morelenses de todos los tiempos, miembro de una pléyade de intelectuales y protagonista de los pasajes que no dejan de darle grandeza a este estado.
*Nahuatlato, profesor de tiempo completo en El Colegio de Morelos.


