Farid Barquet Climent

Hoy, desde el John Kennedy Center de Washington, seguramente veremos a grandes figuras del futbol internacional sacar de urnas cristalinas las pelotitas cuyo interior aloja las denominaciones de los países que se darán cita en el mundial del próximo año, para que sus selecciones nacionales se distribuyan en grupos.

No siempre se ha encargado a rutilantes estrellas del balompié la responsabilidad de participar en los sorteos mundialistas. Hubo un tiempo, antes del Mundial Italia 90, en que esa encomienda recaía en infantes, por aquello de la inocencia de la niñez.

Así ocurrió en los dos mundiales de los que México ha sido anfitrión, como lo será por tercera vez, así sea de manera compartida, el verano que viene.

Hace 55 años fueron las manos de una niña elegante y sobriamente ataviada con vestido tipo overol oscuro y camisa clara de manga larga, Mónica María Cañedo White, hija del entonces presidente de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), Guillermo Cañedo de la Bárcena, las que decidieron la suerte durante el sorteo efectuado el 10 de enero en el capitalino hotel María Isabel, que debe su nombre a María Isabel Patiño, hija de Antenor Patiño, el magnate boliviano del estaño que construyó el hotel en 1958, madre de quien fuera publirrelacionista de la FMF desde el Mundial México 86, Jimmy Goldsmith, fallecido a finales de 2019 mientras era dueño del club Loros de Colima de la entonces Liga AscensoMX.

Para el siguiente mundial mexicano, México 86, tal como lo informó José Comas, enviado especial del diario español El País para dar cobertura al evento, el sorteo no pudo llevarse a cabo en el Palacio de Bellas Artes, máximo recinto cultural del país, porque el anuncio de que se tenía planeado efectuarlo suscitó “burlas y quejas del mundo intelectual”, tal como lo reporto en la nota publicada el 14 de diciembre de 1985.

Vedado el inmueble magnífico cuya construcción se enmarcó en los festejos por el primer centenario de la independencia nacional, la ceremonia de sorteo tuvo que realizarse en las instalaciones del consorcio Televisa ubicadas en San Ángel, al sur de la Ciudad de México, tal como lo afirma el experto en medios de comunicación Raúl Trejo Delarbre en su ensayo intitulado “La primavera de Televisa”, publicado en 1991.

En esa segunda ocasión fue un hijo de Mónica Cañedo, Luis Javier Barroso Cañedo, que entonces rondaba los cinco años de edad, el elegido para extraer, de unos recipientes con forma de copa, las esferitas amarillas preñadas de tiras de papel que llevaban escritos los nombres de las selecciones participantes. El ya mencionado Guillermo Cañedo de la Bárcena, abuelo de Luis Javier, presidía el comité organizador del certamen.

El vaticino

Opino que las selecciones de naciones geopolíticamente incómodas y/o cuyo ingreso de sus integrantes al territorio de los Estados Unidos se considere delicado en términos de seguridad interna de ese país serán enviados a jugar en estadios de México y Canadá. Así me parece que lo prefigura la conformación de los bombos.

Imagino que Estados Unidos, sede principal del certamen, evitará que el representativo de Irán dispute sus partidos de primera fase en sus ciudades. Seguramente la administración Trump buscará ahorrarse tanto eventuales expresiones de solidaridad con Palestina como la sola concentración de ciudadanos de dicha nación islámica agraviados por los ataques de Israel de junio del presente año, que no fueron objetados sino incluso aupados por el gobierno norteamericano bajo la supuesta fabricación de armas nucleares por parte de las autoridades de Teherán.

Si Estados Unidos ya les negó visas a miembros de la delegación iraní que tenían programado asistir a la ceremonia del sorteo mundialista y que por ese motivo no podrán hacerlo, se antoja improbable que el gobierno estadounidense quiera otorgárselas dentro de medio año, la víspera del arranque de la Copa del Mundo.

Por eso hoy pronostico que, en el partido inaugural a celebrarse en el Estadio Azteca, el rival de México será Irán.

Es cierto que, como cantaban, entre otros, Marisol y Johnny Laboriel, “la vida es una tómbola”. Pero también sabemos que, a la tómbola de la vida, como a la de los mundiales, se le puede direccionar.

Foto: BBC / Archivo

La Jornada Morelos