

(Primera parte)
Acabo de leer el programa contra las adicciones del gobierno federal, en su componente del manual para padres y maestros. Al no ver ahí en extenso una componente clave, la comunitaria, que ha ensayado Islandia para atender las adicciones, me atrevo a exponer aquí algunas de sus características, dado que ha sido exitoso y es considerado por la UNESCO como ejemplo de buenas prácticas contra las adicciones.
El programa Planeta Juventud de Islandia, nos da esperanzas de acción social para intervenir y suscitar movilización colectiva que prevenga varios tipos de situaciones de riesgo de infantes, adolescentes y jóvenes en que pueden ser víctimas de bandas delictivas.
Como lo muestra la gráfica que acompaña a esta nota, Islandia tenía estadísticas escandalosas de adicciones en 1997, por lo que se tomó una decisión del gobierno nacional de tratar el caso desde políticas públicas de salud y educativas, no sólo de seguridad, y establecer un programa que atendiera específicamente ese gran problema.
Fue así como se contrató al investigador norteamericano Milkman, para ayudar a comprender lo que relatamos en el escrito anterior: ¿por qué se drogan chicas y chicos?, y mediante una amplia investigación, determinar los niveles de adicción en secundarias y preparatorias, como también los factores asociados a esos comportamientos de riesgo, para de ahí derivar acciones concertadas de prevención y atención entre varias agencias gubernamentales y ciudadanas.
Por esos años, Islandia tenía los mayores índices de adicciones en toda Europa (extremo izquierdo de la gráfica), en tres indicadores, fumar, fumar cannabis, tomar alcohol: Ahora vean el extremo derecho, mismos indicadores, tras 21 años del programa islandés: una baja considerable, enorme, en los índices de consumo de tabaco como de tomar alcohol, y una baja moderada pero nada despreciable, de consumo de mariguana de 21% a estabilizarse alrededor de 6-7% en 2020. Todos estos datos son del grupo de edad de 15 a 16 años. Tanto la UNESCO como otras agencias europeas, valoran como exitoso el programa, al grado que son ahora al menos 40 países que están replicando el modelo, y adecuándolo a sus realidades locales. ¿Nos atreveremos a ensayarlo acá, con o sin apoyo de entidades gubernamentales de educación y de salud? Preferible que sea con ellas, sobre todo porque estoy sugiriendo que le agreguemos la componente de asociación en millares de casos con la desaparición de infantes y jóvenes, en los casos en que tras fiestas y visitas a antros y discos, los jóvenes intoxicados se vuelven víctimas fáciles de las bandas delincuenciales que merodean esos espacios, sabiendo que son presa fácil de ser victimizados. Pero platiquemos brevemente de las características del programa islandés, ¿qué lo ha hecho tan exitoso?

En la página citada, como en varios artículos de Milkman, se presenta la metodología empleada, sus principios, como las formas de establecer compromisos de acción entre los siguientes agentes: estudiantes en el centro, padres de familia, comunidad, escuela (docentes/directivos), autoridades locales (municipales, estatales y en sus caso federales), y otros actores sociales aliados, entre ellos los investigadores del programa. Entre los principios que rigen el modelo, están el derecho de los estudiantes a reunirse entre ellos, en espacios públicos, festejar, salir de noche, hacer deportes y practicar artes, las de su interés, con talleristas profesionales, y con oportunidades de probarse en varios deportes y artes, a recibir educación sexual y a conocerse a sí mismos en lo afectivo.
La próxima semana continuaré comentando sobre Planet Youth y las adicciones desde la perspectiva comunitaria.

Imagen cortesía del autor

