Durante más de una década, el turismo internacional fue una de las grandes fortalezas de México, desde 2012 hasta 2019, el país experimentó un crecimiento sostenido que parecía imparable, los visitantes extranjeros pasaron de 7.3 millones a más de 12.9 millones entre enero y agosto de cada año, consolidando a México como uno de los destinos más visitados del mundo. América del Norte fue el principal emisor de turistas, seguida de Europa, América del Sur y Asia, reflejando un reconocimiento global hacia la riqueza cultural, natural y gastronómica del país. Esta tendencia positiva se sostuvo gracias a la estabilidad económica, la promoción internacional y la expansión de la conectividad aérea, lo que permitió atraer tanto al viajero tradicional como a nuevos segmentos interesados en experiencias culturales y de aventura.

Sin embargo, el equilibrio se rompió con la llegada de la pandemia en 2020, el cierre de fronteras y las restricciones sanitarias redujeron el turismo internacional a 5.2 millones de visitantes, menos de la mitad de lo registrado el año anterior, a pesar de ello, México se recuperó más rápido que otros países pues para 2022 la cifra ya había ascendido a 8.2 millones, y en 2023 alcanzó los 14.6 millones, superando incluso los niveles previos a la crisis sanitaria. Esta reactivación parecía indicar una recuperación estructural, impulsada por la reapertura de destinos, la flexibilidad sanitaria y la resiliencia del sector.

No obstante, el panorama de 2025 introduce un nuevo desafío, por primera vez desde la pandemia, el número de turistas internacionales disminuyó ligeramente, pasando de 15.1 millones en 2024 a 14.9 millones en 2025. Aunque la caída es marginal, cerca de 200,000 turistas menos en el periodo enero-agosto, su significado es profundo, el crecimiento constante que caracterizó al turismo mexicano durante más de una década se ha frenado, revelando señales de saturación y pérdida de competitividad. Este estancamiento exige una revisión urgente de las políticas públicas relacionadas con el sector, pues podría anticipar un ciclo descendente si no se adoptan medidas oportunas.

Las causas de esta desaceleración son múltiples, la primera, y quizá más evidente, es la inseguridad, los hechos de violencia en distintas regiones turísticas han afectado la percepción de seguridad de México a nivel internacional, provocando que algunos gobiernos emitan alertas de viaje. Aunque destinos como Cancún, Los Cabos o la Riviera Maya siguen atrayendo a millones, los riesgos percibidos reducen la llegada de visitantes de mercados sensibles, como el europeo o el asiático. La falta de inversión en infraestructura y conectividad, así como la saturación de aeropuertos y carreteras, también afecta la experiencia del viajero.

Otro factor relevante es la competencia internacional, países del Caribe y Sudamérica han fortalecido sus estrategias de promoción basadas en la sostenibilidad, la digitalización y el turismo de experiencias, mientras que México ha mantenido un modelo centrado en destinos de playa y en una promoción limitada. La desaparición del Consejo de Promoción Turística debilitó la presencia institucional del país en ferias internacionales, reduciendo su visibilidad en mercados emergentes. Sin una estrategia sólida y coordinada, la promoción turística se dispersa entre esfuerzos locales y privados, sin generar una narrativa coherente de marca país.

Las consecuencias de esta tendencia pueden sentirse en todo el entramado económico, el turismo representa cerca del 8% del PIB nacional y genera millones de empleos directos e indirectos, una desaceleración implica menos divisas, menor ocupación hotelera, reducción de empleos temporales y un impacto directo en la economía local de los destinos. Además, la caída en la llegada de turistas internacionales reduce la inversión extranjera en infraestructura, limitando el desarrollo de nuevos polos turísticos y afectando la recaudación fiscal.

Frente a este panorama, el gobierno mexicano debe asumir un papel más activo y estratégico, es urgente construir una política de Estado en materia turística que trascienda los ciclos sexenales y se oriente hacia la sostenibilidad, la seguridad y la innovación. No basta con mantener campañas promocionales, se requiere una planeación integral que vincule turismo con desarrollo regional, infraestructura, medio ambiente y seguridad pública. Ello implica invertir en conectividad, capacitar al personal del sector, mejorar los servicios públicos en destinos turísticos y fortalecer la gobernanza local para evitar la sobreexplotación de recursos.

Una de las prioridades debe ser el reposicionamiento de la marca México, el país debe presentarse ante el mundo no solo como un destino de sol y playa, sino como una nación de experiencias culturales, gastronómicas y naturales únicas. Promover nuevas rutas turísticas como el turismo rural, arqueológico, ecológico o científico permitiría atraer a viajeros con mayor poder adquisitivo y compromiso ambiental. Además, el Estado debe recuperar una agencia de promoción internacional que actúe con autonomía técnica y profesional, capaz de coordinar esfuerzos públicos y privados y de reaccionar ante crisis reputacionales.

También resulta necesario incorporar la innovación tecnológica al diseño de políticas turísticas, las plataformas digitales, la inteligencia artificial y los sistemas de análisis de datos pueden mejorar la planeación, el control de flujos turísticos y la seguridad. El turismo debe concebirse como un motor de desarrollo social y no solo como una fuente de divisas, involucrar a las comunidades locales en la cadena de valor turística, garantizar condiciones laborales justas y preservar los entornos naturales son condiciones indispensables para sostener el crecimiento a largo plazo.

México cuenta con todos los elementos para seguir siendo una potencia turística: su patrimonio histórico, su diversidad natural, su gastronomía reconocida y su hospitalidad, sin embargo, la ligera disminución observada en 2025 debe interpretarse como una advertencia. Si no se actúa con rapidez, el país podría perder el impulso ganado durante años, el turismo requiere seguridad, innovación y una visión integral de futuro. Apostar por su fortalecimiento no es solo una cuestión económica, sino una decisión estratégica para asegurar el bienestar de millones de mexicanos que dependen directa o indirectamente de este sector.

*Universidad Autónoma del Estado de México

Imagen cortesía del autor

Jorge Enrique Pérez Lara