


La presencia del Popocatépetl domina el altiplano central, no solo de manera física, sino también como símbolo que integra el desarrollo cultural de la zona. Entre el universo que se abre a los pies del volcán, encontramos una serie de alusiones a su majestuosidad dentro de los documentos en lengua náhuatl del siglo XVI. Desde luego, su registro incluye la dimensión de la fertilidad, el agua y el ciclo; además de otra faceta que no es referida con la misma frecuencia, me refiero a su carácter de destrucción, transformación y renovación asociada con el fuego, el humo y la ceniza.
Dicha asociación está marcada desde la raíz de su nombre, pues Popocatépetl proviene del verbo popoca, que significa fumar, humear, echar humo y a partir de su significación encontramos importantes derivaciones como, por ejemplo, el verbo compuesto popocatinemi que significa andar humeando, el verboide popocatica que significa que algo está humeando, e incluso lo encontramos en el nombre legendario del huey tlatoani Chimalpopoca que es el escudo humeante.
Por otra parte, su asociación con la raíz de –popoa que significa destruir, saldar una deude e, incluso, limpiar. Lo que da cuenta de las múltiples dimensiones de este volcán, como dador de vida y como elemento que promueve la transformación, tal como ocurrió en la ciudad sagrada de Chollolan en el año 750 d.C. En los Cantares mexicanos se encuentran múltiples alusiones, de entre las que tomamos tan solo tres:
1) Tleyn mach tiquilnamiqui a can mach in nemian moyollo ye timoyolcecenmanaya ahuiepa tichuica timoyolpopoloaya in tlalticpac ca mach titlatiuh.
(¿Qué es lo que acaso recuerdas? ¿Dónde vive tu corazón? Así lo vas ofreciendo. Sin rumbo lo llevas. Destruyes tu corazón en la tierra. ¿Acaso eres algo?)
2) Ca yeppa iuhqui in tiçaoctli in tlalticpac, quitemacao, ohuican ic tecalaquiao, teoatl tlachinolli, quitoao texaxamatza, o tepopoloa o, oncan in xaxamani.

(Antes así́ era, se daba a la gente el blanco licor en la tierra, se lo dan. En lugar peligroso la hacían entrar. El agua divina, la chamusquina, la guerra, se dice que destruye, pierde a la gente…)
3) Yaonauac ye oncan yaopeuhca in ixtlahuac itec y teuhtlin popocaya milacatzoa.
(Donde se hace la guerra empezó ya la batalla, en el interior de la llanura; el polvo se levanta como humo, se revuelve).
De tal modo, las diversas erupciones documentadas configuraron el paisaje y las condiciones en las cuales los diversos altepeme se desarrollaron, su importancia es tal, que la mitología de los pueblos habitantes del Valle no dudaron en hacerla coincidir con acontecimientos asociados con su fundación, como fue el caso de Tenochtitlán y la muerte del gran dirigente y unificador Tenoch, lo que está documentado en la Crónica Mexicayotl de la siguiente manera: «Ce acatl xiuitl, 1363 años, iquac ipanin peuh in Popocatepetl in yepopoca, iquac in mic in Tenochtzin, in teyacan Tenochtitlan cempohuallon caxtolli ipan nauh xiuitl…»(Año caña, 1363, cuando ya empezó a humear el Popocatépetl, cuando murió el venerable Tenoch, quien dirigió a Tenochtitlan durante 39 años). A lo que Chimalpain señala, ihcuac in oquittaque yancuican in Mexica in Popocatepetl in opopocac…»(entonces los mexicanos vieron humear por primera vez el Popocatépetl).
El conjunto de alusiones que hemos referido da cuenta de la influencia del volcán en los pueblos nahuablantes del centro del país, los valles que se abren a sus pies son deudores de su riqueza natural pero, también, de su influencia simbólica, lo que sigue ocurriendo hasta nuestros días, a través de leyendas y rituales que, con su vitalidad, nos enlazan con el pasado prehispánico y con la riqueza de la identidad de los pueblos del altiplano central mexicano.
Nahuatlato, profesor de tiempo completo en el Colegio de Morelos.

