

Un somero recuento de los museos con que cuenta Cuernavaca nos obliga a citar a los gubernamentales, como el Museo de Arte Contemporáneo Juan Soriano, el Museo de la Ciudad de Cuernavaca, el Museo del Centro Cultural Jardín Borda, el Museo de la Fotografía, el Museo morelense de Arte Popular, La Tallera (Siqueiros), El Museo de Ciencias del Estado de Morelos, El Museo de Medicina Tradicional (con jardín Etnobotánico), y el Museo Regional de los Pueblos de Morelos (INAH). Por otra parte, se cuenta entre los institucionales el Museo de Arte Indígena Contemporáneo (UAEM), el Museo de Arte Sacro (Catedral), y entre los sostenidos por organismos de la sociedad civil o particulares, el Museo Brady, El Museo Güelu, La Casona Spencer, el Museo Cassa Gaia, y el invitado de este artículo, el Museo de Arte Erótico de Cuernavaca.
Como sabemos, los gubernamentales o institucionales cuentan con apoyos presupuestales de algún nivel de gobierno para su sostenimiento, lo que implica recursos para su mantenimiento, personal a su cuidado, y en general, para la gestión de exposiciones. Por otra parte, es a partir de recursos propios (de su bolsillo), que se sostienen los museos y galerías de particulares y de organismos de la sociedad civil, esos y esas tenaces, obstinados, porfiados(as), que no satisfechos con lo que los museos gubernamentales o institucionales ofrecen, hacen de las suyas, de sus iniciativas, realidades para el público en extenso y dan paso a lo que otros excluyen, o no pueden, o no ven, o no quieren ver.
Es el caso del Museo de Arte Erótico de Cuernavaca, a cargo de Juan Machín, y apoyado persistentemente por Karla Aguilar, como de un equipo amplio de colaboradores, que ha cumplido ya tres años y medio de existencia, y que opera en el domicilio de Juan, abriendo bajo cita para actividades presenciales, y en su versión digital en facebook, lleva ya más de millón y medio de visitas.
En tanto museo temático (como el de la fotografía), el de arte erótico ha mostrado extrema originalidad en su menú siempre novedoso de exposiciones, performances, acciones multidisciplinarias, enfatizando su carácter colaborativo, en que quien asiste, “se lleva”, esto es, se lleva algo, además del acto de observar las obras plásticas ahí exhibidas, se lleva una experiencia de danza, de fotografía, de dibujo o pintura, de confrontación con sus propias formas y habiturs de ver y socializar lo erótico. Si uno revisa los carteles en que anuncia las ya veintenas de exposiciones que han presentado ahí, encuentra eventos en que sus visitantes “son expuestos”, son partícipes de lo que ahí se arma con su sola presencia, en relación con lo expuesto, lo que puede “actuar”, lo que puede expresar teniendo al lado a Karla Aguilar a un lado como modelo, y a Juan Machín a unos pasos para el registro fotográfico de la experiencia, sí, erótica.
No conformes con operar el museo, Karla y Juan, con colaboraciones de otros artistas, han publicado ya tres números de la revista digital de arte erótico, que renace cada vez que puede. A la vez, de ese museo surgen iniciativas constantes para colaborar con otros colectivos que se lanzan con iniciativas artísticas, como mercaditos de trueques, de expos efímeras, de apoyo solidario a artistas, de apoyo ante contingencias naturales o sociales. Continuamente, al museo llegan a leer sus obras escritores y escritoras, por supuesto con temas eróticos, y comparten con la concurrencia los dones que la vida nos da.
Si usted gusta visitar y paladear el museo, despójese de prejuicios y convencionalismos, y haga su formal cita con Juan Machín.


Imagen cortesía del autor

