El siglo XVI español en México fue un periodo corto y prolífico. En tan solo ocho décadas se cimentó una nación rica y depositaria del legado de dos mundos que se traduce en el México de hoy. Figura polémica en ambas orillas del Atlántico lo fue Hernán Cortés, hoy a casi quinientos años de su muerte, su nombre sigue aún enfrentando posiciones entre apologistas y detractores. Sin embargo, la contundencia de la historia ahí está, y no puede ser removida, ni mucho menos cambiada como se pretendió en el pasado con las versiones de la historia oficial o bien como lo hace el régimen en una absurda y trasnochada postura de hispanofobia que a nadie conviene, pues como bien los dijo Miguel León Portilla: “el mexicano que odie lo español, se odia a sí mismo.”

Es totalmente incongruente que la Cuarta Transformación por un lado nos quiera imponer una imagen grotesca de Cortés como sacada de un mural de Diego Rivera y por el otro, tenga intenciones de levantar un monumento a la Malinche, por cierto, una de las mujeres más brillantes de nuestra historia.

Cortés no solo fue el creador de México, sino también del Morelos que hoy vivimos. Sobre las ruinas del tecpan y el teocalli de Cuauhnáhuac, fundó Cuernavaca y la hizo cabecera del poderoso Marquesado del Valle de Oaxaca. También en sus Cartas de Relación al Emperador Carlos I, solicitó el envío de misioneros al Nuevo Mundo, para iniciar la conquista espiritual con todo lo que ello conllevó más allá del campo estrictamente espiritual. Hoy como testimonio de aquella gran obra, subsisten en las faldas morelenses de los volcanes, un cordón de once templos y conventos que son patrimonio mundial catalogado por la UNESCO.

Pero el legado del conquistador, no se ciñe exclusivamente a los libros de historia, a los encendidos debates en las redes sociales o en largas sobremesas, sino sobre todo a la herencia que aún subsiste. Su aporte más visible, lo es el mestizaje, la raza de bronce que somos los mexicanos del siglo XXI, pero también en creaciones que siguen dando frutos al día de hoy, como el Hospital de Jesús, en cuyo templo adyacente de Jesús Nazareno yacen según su última voluntad los restos del inventor de México, como lo bautizó Juan Miralles Ostos. El famoso sanatorio se levanta en un paraje cuasi mítico para la historia mexicana, el terreno de Huitzilin, lugar donde se encontraron por primera vez Cortés y Moctezuma en 8 de noviembre de 1519. El Hospital de Jesús no ha cesado su funcionamiento desde 1524, año en que abrió sus puertas, es el más antiguo de tierra firme americana y el tercero en el mundo.

El panorama de los señoríos tlahuicas en lo que fue Tamoanchan, cambió con la llegada del extremeño. No solo con la edificación como ya se mencionó del Palacio de Cortés o los templos y conventos, sino con el cambio de cultivos entre los cuales el maíz subsistió para consumo de las comunidades, el algodón se erradicó y la caña de azúcar se introdujo. Hoy en esta navidad y recta final del 2025, la caña sigue siendo el buque insignia de la agroindustria morelense y motor económico de miles de familias en el sur poniente y oriente de la entidad.

Alrededor de la caña, también emergió un acento de identidad y cultura local que se tradujeron entre diversas expresiones, en las más de treinta haciendas, así como en los trapiches diseminados en la geografía morelense. Pero también en luces y sombras, pues si bien las haciendas morelenses se colocaron entre los primeros productores de azúcar en el mundo, también redundaron en la falta de atención a los problemas sociales que detonaron la Revolución del Sur en marzo de 1911. Actualmente y pesar de contar con tan solo con dos ingenios, Zacatepec inaugurado en 1938 y “La Abeja” en Casasano, el más antiguo en funcionamiento en México junto con el de Santa Clara en Michoacán, la caña de azúcar forma parte ineludible del paisaje y la mermada prosperidad del campo morelense.

Cortés fue dueño de mil facetas: aspirante a abogado, encomendero, alcalde, conquistador, gobernador, escritor, señor feudal, noble, explorador, marido cuestionado, padre de excepción y desde Cuernavaca: industrial y empresario.

En Tlaltenango, al norte de Cuernavaca, fundó el primer ingenio de América continental. Existe la disputa con la región de los Tuxtlas en Veracruz, en cuanto al establecimiento del primer ingenio en la Nueva España y lo que se ha podido acreditar fehacientemente, es que la caña se sembró de manera simultánea en ambas regiones, pero el primer trapiche construido en forma fue el de Tlaltenango.

En suma, a cinco centurias de la llegada de Cortés a Morelos, debemos asumir su herencia con objetividad, hacerlo no se contrapone a no aquilatar nuestro orgullo precortesiano, todo lo contrario, se complementan. Cuando Don Manuel Suárez levantó el monumento al conquistador en el Casino de la Selva, lo cuestionaron y entonces Don Manuel, certero como era, repuso: “el monumento lo hice no al conquistador, sino al fundador de Cuernavaca” Parece ser que Cuernavaca, desprecia a sus esculturas, el Morelotes es rehén de quienes han consumado el delito de despojo, y el bronce de Cortés está enjaulado entre fierros viejos y basura en el rastro municipal, bueno sería comenzar el 2026, ubicándolo en un sitio digno, a la altura del memoria histórica de Cuernavaca.

No deseo concluir estas líneas, sin desear una feliz Navidad a quienes amablemente leen estas líneas ¡gracias!

Escritor y cronista morelense.

Estatua de Cortés en el rastro municipal de Cuernavaca. Foto: Conurbados

Roberto Abe Camil