

EL ENCUENTRO DEL YO Y DEL NOSOTROS
Para esta entrega, en el marco de las diversas expectativas sobre el rumbo que tomará el cambio de época que experimentamos, he considerado importante compartir con ustedes un texto de mi autoría que fue publicado en el No.2 (2021) de los Cuadernos ACSHEM (Academia de Ciencias Sociales y Humanidades del Estado de Morelos, A.C.) https://acshem.org/
Como nunca en la historia, existe ahora en el mundo la posibilidad de deliberar colectivamente, sobre cuál es el sentido, propósito, significado y forma de la organización de la sociedad. Se ha escrito mucho a lo largo de los siglos sobre el tema del poder en la sociedad, y sobre la manera en que este se obtiene, se conserva, se renueva y se pierde. El poder, en sus distintas expresiones, ha sido y es el eje explicativo de la evolución de todo lo vivo en el planeta, y desde luego, de las fases evolutivas de los seres humanos.
Una vez que el homo sapiens decidió asentarse en riveras de ríos o lagos, se inició un necesario proceso de organización y distribución de funciones y tareas del grupo, y junto con ello, el importante proceso de control social, entendido como las formas y mecanismos para la toma de decisiones, así como para hacer efectivo el orden, la vigilancia, el castigo y el premio de las conductas de cada uno de los miembros del grupo.
Avanzada la etapa civilizatoria, se formalizó la reflexión sobre el fenómeno de la vida en sociedad, cuyos resultados se clasificaron y documentaron en lo que conocemos ahora como ciencias económicas, políticas, sociales, y en general, ciencias de la cultura.
En este ejercicio de reflexión del ser humano sobre sí mismo, sobre la relación con lo que le rodea, y especialmente, sobre su relación con los otros seres humanos, se crearon los constructos del “yo” y del “nosotros”. El tratamiento que se le ha dado a estas dos realidades a lo largo de la historia ha sido y sigue siendo tan importante, que las corrientes de pensamiento que han conformado a las sociedades bien pueden explicarse en función del énfasis o primacía que se le ha dado a una o a la otra.

En el inicio del tercer decenio del siglo XXI, el mundo está sumido en una condición de incertidumbre por los desastrosos resultados producidos por la imposición de una forma de economía capitalista conocida como “neoliberalismo”. En el trasfondo del conflicto cada vez más agudizado, entre quienes defienden el sistema neoliberal y quienes desean que desaparezca, está la lucha por hacer que prevalezca uno de los dos constructos mencionados, el “yo” o el “nosotros”.
Por el lado del “yo”, se hace valer el derecho a la libertad individual en todas sus formas, especialmente el derecho a la propiedad y a la libertad de expresión; mientras que, en el lado del “nosotros”, se defiende como prioridad el tema de la justicia social, la equidad, y de todo lo que tenga que ver con el interés de la colectividad.
En este debate, por desgracia no generalizado entre las mayorías de la población, es de destacar el tema de la propiedad y de los denominados “recursos de uso común”. Más allá de la tradicional distinción entre propiedad privada y propiedad pública, diversos pensadores, como Garrett Hardin, Elinor Ostrom, Christian Laval, y Pierre Dardot han bordado sobre el concepto de “lo común”, lo cual nos ayuda a buscar una salida a la cárcel neoliberal de las leyes del mercado, de la competencia, y de la irrestricta propiedad privada.
La idea de “lo común”, entendida, no como una forma de propiedad o de producción, sino como un ámbito de beneficio y gestión colectiva de realidades materiales e inmateriales, es más que sugestiva. Esta idea no busca desaparecer la propiedad privada, ni el mercado, pero sí pretende subordinarlos al interés de la mayoría social. Es un camino para hacer compatibles el “yo” y el “nosotros”.
Surge “lo común” como un principio político que debe regir el ejercicio del poder, y como condición para resolver los serios problemas que enfrentamos, entre otros, la destrucción de la ecología, la profunda inequidad social, los crecientes conflictos interraciales y de clases, los obstáculos para conocer la verdad sobre el qué y por qué del acontecer mundial, la monetarización de todas las interacciones humanas, el rampante individualismo egoísta, y el virus sobre inducido de la codicia y la avaricia.
La idea de “lo común” nos provoca al análisis personal y a la deliberación colectiva, frente al hecho de que los actuales dueños de los procesos de generación de datos, información y conocimiento están sin duda alguna sometiendo a la humanidad a su lógica de consumo, y de génesis y significado de la felicidad, de la libertad y de la seguridad humana.
Sólo para ejemplificar lo dicho, señalemos que el derecho a estar informados en este mundo “post verdad” debe ser algo que pertenezca al ámbito de “lo común”. Esto significa que los medios de comunicación impresos y electrónicos, a través de los cuales se ejerce ese derecho, no pueden estar en manos de empresas privadas, ni de gobiernos, sino que deben gestionarse de manera auténticamente independiente de cualquier interés personal y grupal.
Esto implicaría llevar a un terreno común esos intereses, para transparentarlos en debates públicos inteligentes y bien organizados, para con ello generar los insumos necesarios para la toma de decisiones en materia de legislación y políticas públicas. Así visto, la búsqueda de la verdad debe ser una obligación colectiva.
*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

