TODO EMPIEZA CON LA INFORMACIÓN

 

No es sencillo diagnosticar con suficiencia lo que está sucediendo en México, en el inicio de una nueva administración federal. Los detractores de la llamada cuarta transformación seleccionan e interpretan información que genera un escenario desastroso en el que supuestamente vivimos, y pronostican que habrá de agravarse, antes de mejorarse. Ese mismo grupo minoritario de mexicanos no se cansa de repetir que el país está polarizado y derraman escepticismo sobre la posibilidad de que el nuevo gobierno federal resuelva esa situación.

Por otro lado, los defensores y promotores de la cuarta transformación describen un país totalmente diferente. Con la satisfacción del contundente refrendo electoral de junio pasado a los cambios legales y de políticas públicas del gobierno de AMLO, para ellos los pronósticos sobre el futuro del país son optimistas y auguran beneficios para toda la población.

¿Qué puede explicar tan grande diferencia de percepción sobre el estado de nuestra nación mexicana? Desde luego que hay todo tipo de respuestas a este desencuentro, y conocerlas es importante para determinar los rumbos a seguir. Simplificando por ahora esa respuesta, diremos que quienes están en contra son aquellos que vieron lesionados sus ingresos o negocios, lícitos o ilícitos, seguidos por los “perros de rancho”, esto es, los que ladran sólo porque oyen ladrar otros perros sin saber el motivo; quienes lamentan la inseguridad, y también, seguramente los menos, quienes realmente están interesados en el bienestar de toda la nación, y creen que el camino para ello es otro.

Por otro lado, quienes están a favor, es porque se han visto beneficiados en sus ingresos por los programas sociales, porque AMLO despertó en ellos la autoestima y el sentido de dignidad, por el enojo ante la develación de tanta corrupción en los últimos treinta años, y/o porque tienen clara la necesidad del cambio ante la desigualdad social creada por el modelo neoliberal.

Habría que cuestionar también la dimensión de la referida “polarización”, que pareciera parte de la narrativa impulsada por unos cuantos que tienen a su disposición los medios de comunicación privados, si para ello tomamos en cuenta que los recientes resultados electorales muestran que la alianza ganadora obtuvo votos de todas las clases sociales.

Como quiera que sea, el gobierno federal que inicia debe ser muy honesto y realista, para no generar expectativas ciudadanas que no habrán de cumplirse, y de igual forma, los ciudadanos debemos también abandonar ingenuidades y entender lo que realmente es posible esperar de los gobiernos federal, estatal y municipal, en el corto y mediano plazo.

El reto mayor en este sentido es el resolver la brecha entre el discurso (narrativa) de quienes están en contra de la cuarta transformación, y el discurso (narrativa) de quienes están a favor; y lo único que puede romper esa dicotomía es la realidad misma, esto es, los hechos concretos verificables que corroboran o niegan lo afirmado por alguna de las dos versiones.

Esto nos coloca de inmediato en el “campo de batalla” en el que se dirime en los hechos la existencia o no del derecho a la información, esto es, el ámbito de los medios de comunicación, sean públicos o privados. En este sentido, en los últimos seis años quedó claro el desbalance e inequidad entre lo transmitido por los medios comerciales concesionados, y lo transmitido por los medios públicos. En este sentido, es de analizar a fondo por qué la cotidiana y multitudinaria propaganda anti-gobierno en los medios privados fracasó en su intento de desbancar a la cuarta transformación.

Lo que importa ahora, sin embargo, es hacer exigible el derecho a la información, a toda la información que sea verdadera, importante y relevante para el conjunto de la sociedad, y no estar, como ahora, a expensas de conocer sólo lo que les importa a los empresarios concesionarios, a los gobiernos en turno, y, sobre todo, a quienes están decidiendo o presionando por encima de ellos, esto es, los poderes fácticos nacionales y extranjeros. Con esto no excluyo lo que pudiera y debería suceder para hacer valer el derecho a conocer la verdad en los cada vez más omnipresentes medios internéticos de comunicación.

La importancia de lo dicho hasta ahora es que la información verdadera es un insumo clave para generar un auténtico diálogo social, y con ello darle cuerpo a una democracia real, aún inexistente, que nos abra la mente y nos libere de conceptos ya no funcionales a la realidad actual, como es el caso, de la tradicional “democracia liberal” que favoreció más a los países coloniales e industrializados del norte global, que a los países periféricos, económica y políticamente dependientes de aquellos.

El cambio de época que estamos experimentando como humanidad exige que encontremos nuevas fórmulas para asegurar la cohesión social, la disminución de la desigualdad, y la búsqueda de justicia social, al interior de cada país, y en las relaciones internacionales.

Por ejemplo, hay mucho que repensar y dialogar sobre lo que ha generado la imposición abierta o disimulada, de modelos mundiales sustentados con marcos conceptuales como el de la “gobernabilidad” y el de la llamada “gobernanza”, los cuales, pueden ser fácilmente utilizados para controlar y no para liberar a la sociedad.

El futuro de México dependerá de muchos factores. Hay que tener claros cuáles están bajo nuestro control, y cuáles habrá que asumir, para estimularlos, o bien, para contenerlos lo más posible. Todo empieza con la información.

*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

Vicente Arredondo Ramírez