Imperio en declive

 

La prepotente e irracional acción del gobierno de los Estados Unidos contra la nación venezolana no tiene absolutamente ninguna justificación. Cualquier gente que sepa un poco de historia sabe que los gobiernos de dicho país, desde su creación, han cometido intervenciones ilegales y contrarias a todo derecho, dentro y fuera del propio país.

Esa realidad no impide reconocer que en ese país han existido gobernantes preclaros que han generado ideas y prácticas importantes para la vida en sociedad: George Washington (1732-1799) que abogó por la neutralidad como forma para lograr la paz y la soberanía; Thomas Jefferson (1743-1826) que redujo su ejército y enfatizó la educación ciudadana; Abraham Lincoln (1809-1865), que en su famoso discurso en Gettysburg (1863) definió la democracia como «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo»; John Quincy Adams (1767-1848) que abogó por la diplomacia para la solución de conflictos, y se opuso a la anexión de Texas para preservar la paz y la estabilidad; y Franklin D. Roosevelt (1882-1945) que promovió la Carta de Naciones Unidas y defendió las “cuatro libertades” (libertad de expresión, libertad religiosa, libertad de vivir sin miseria, y libertad de vivir sin miedo), como parte de los derechos humanos.

A pesar de lo anterior, el papel de los Estados Unidos en el mundo ha sido altamente cuestionado por su falta de respeto a la soberanía de los países, y porque su hegemonía ha estado basada en el poder de las armas y en el uso político de las reglas del capitalismo que pregona.

Replicando a John Foster Dulles (1888-1959), su predecesor en la Secretaría de Estado de los Estados Unidos, se le atribuye a Henry Kissinger (1923-2023), oscuro y pragmático personaje, haber dicho que “Estados Unidos no tiene amigos, sólo tiene intereses”. El origen de esta visión anglosajona de la política exterior, se le adjudica originalmente al primer ministro británico Lord Palmerston (1784-1865), cuando afirmó que “Inglaterra no tiene amigos eternos, ni enemigos perpetuos; Inglaterra tiene intereses eternos y perpetuos». 

La idea de darle prioridad a lo nacional, sobre lo internacional, no tendría que ser materia de crítica alguna, ya que es válida para cualquier país; sin embargo, cuando se trata de una política o principio proclamado cínicamente por un país con vocación hegemónica, la cosa es distinta.

El resultado de las invasiones militares, despojo de territorios, incursiones secretas, bloqueos comerciales, golpes de estado, y ataques a gobiernos constituidos, por parte de los Estados Unidos, bajo pretexto de defensa de la democracia y de la paz mundial, ha sido irrelevante para esos propósitos, ya que sólo han provocado muertes inútiles y retraso en el desarrollo de los países “defendidos”. Sólo como ejemplo, en este siglo XXI, están los casos de Afganistán, Irak, Siria, Honduras, Filipinas, Somalia, Libia, y Yemen; sin olvidar su papel en el genocidio de Gaza.

Se calcula que, a lo largo de su historia, el autoproclamado “país modelo de democracia”, ha intervenido indebidamente en alrededor de 70 países, en los cinco continentes. Con el agravante de que la justificación a dichas intervenciones se ha basado en hecho inexistentes y en medias verdades.

Como una prueba más del cinismo y desesperación del actual gobierno estadounidense, presidido por el locuaz y convicto abusador sexual Donald Trump, el pasado cinco de diciembre de 2025 se hizo público el documento “Estrategia de Seguridad Nacional”. En dicho documento se presentan los términos de la nueva estrategia en sus relaciones internacionales, justificada en el moldeable y ambiguo concepto de “seguridad nacional”, el cual ha sido esgrimido en múltiples ocasiones por los gobiernos estadounidenses para violentar derechos de sus propios ciudadanos y para violar el Derecho Internacional.

Consciente de su declive como imperio, en ese documento el actual gobierno de Estados Unidos plantea lo siguiente: redefine su relación con los países de distintas regiones del mundo; rompe con el enfoque multilateral para atender los temas mundiales, y apuesta por el enfoque bilateral; reconoce el poderío de China y Rusia, pero busca contener su creciente influencia en el Sur Global; y pretende modificar las cadenas de suministro mundial con el nearshoring y el friendshoring, aunque con ello rompa con el libre mercado, regla básica del capitalismo liberal.

De igual forma, cuestiona y toma distancia de su tradicional relación con los países europeos, y entroniza oficialmente la Doctrina Monroe, a través del “Corolario Trump”, con lo cual se asume el dueño del hemisferio occidental, en especial de los países latinoamericanos, para manejarlos en función de los intereses y necesidades estadounidenses.

https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf

Esta es la cruda realidad que enfrenta Occidente frente a la decadencia de la hasta ahora potencia hegemónica, la cual hará todo lo posible por seguir siéndolo, a cualquier costo. Es el turno de los pueblos y de los gobiernos soberanos el definir lo que quieren ser y lo qué hay que hacer para ello, especialmente nuestro México, dada su triste condición de vecino dependiente.

*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

Imagen: purodiseno.lat

Vicente Arredondo Ramírez