

Sin maíz, no hay país
Septiembre es quizá el mes más significativo del año en materia de la identidad mexicana. Varios son los motivos de ello: el más destacado es el que en este mes ocurrieron dos hechos muy importantes relacionados con nuestra independencia de la Corona Española; el primero, la noche del día 15 al 16 del año de 1810 se dio “el grito de Dolores” por parte del cura Miguel Hidalgo y Costilla, y el segundo, el día 27 del año de 1821 en el que se consuma la independencia, con la entrada triunfal del Ejercito Trigarante a la Ciudad de México.
El segundo motivo es la conmemoración de los trágicos sismos del 19 de septiembre de 1985, en el que afloró la solidaridad de los mexicanos de ayudarse unos a otros, y que permitió el despertar de conciencia del poder ciudadano.
El tercer motivo, y del que nos ocuparemos en este escrito, es la declaración en el año 2019, por parte del Senado Mexicano, de que los días 29 de septiembre, se celebre “El Día Nacional del Maíz en México”. El antecedente inmediato de estos sucesos fue el inicio en 2009 de la “Campaña Nacional Sin Maíz no hay País”, movimiento social conformado por más de 300 organizaciones de campesinos, indígenas, consumidores, ambientalistas, artistas, científicos y ciudadanos en general. Este movimiento inspiró la celebración del día del maíz, cuya finalidad es reivindicar la diversidad de maíces nativos, y el patrimonio agroalimentario de México frente a las importaciones y los alimentos transgénicos, así como recordar la riqueza natural y cultural de México.
La celebración de la existencia del maíz se inspira en las prácticas tradicionales prehispánicas en que las comunidades campesinas agradecían las cosechas de elote. El maíz era para las civilizaciones azteca y maya un elemento clave en la dieta alimenticia, y para los ritos religiosos. En la actualidad sigue siendo la gramínea más importante en la dieta del mexicano.
Es importante mencionar que México es el centro de origen y diversificación genética del maíz. En la actualidad se cuenta con alrededor de 64 razas creciendo en todos los climas del país. Esta diversidad la debemos conservar como patrimonio biocultural de nuestro país. En el año 2023, los principales Estados de la República en donde se produjo el maíz blanco fueron: Sinaloa (22%), Jalisco (14%), Estado de México (8%), Michoacán (7%) y Guanajuato (6%), mientras que la mayor producción del maíz amarillo para la alimentación animal fue en los estados de Chihuahua y Tamaulipas.

Como secuela de la declaración del día del maíz, el 13 de marzo del 2020 se publicó la “Ley Federal para el Fomento y Protección del Maíz Nativo”. Esta decisión refrendó la importancia histórica del maíz, así como lo simbólico de ese cultivo en la identidad de la ahora nación mexicana.
Los propósitos de esta ley son:
a). Declarar a las actividades de producción, comercialización y consumo del Maíz Nativo y en Diversificación Constante, como manifestación cultural de conformidad con el artículo 3 de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales;
b). Declarar a la protección del Maíz Nativo y en Diversificación Constante en todo lo relativo a su producción, comercialización y consumo, como una obligación del Estado para garantizar el derecho humano a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, establecido en el tercer párrafo del artículo 4o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; y
c). Establecer mecanismos institucionales para la protección y fomento del Maíz Nativo y en Diversificación Constante.
Para el ser e identidad mexicana, la importancia del maíz es múltiple, a la luz de los cambios que están sucediendo en el orden mundial. Señalemos específicamente los temas de la soberanía alimentaria y del derecho a una alimentación sana, libre de contaminantes.
El pensamiento neoliberal impulsado por diversos gobiernos mexicanos, previos a los de la llamada “cuarta transformación”, irresponsablemente descuidaron la producción de alimentos y optaron por el camino fácil de la importación, sin tomar en cuenta los efectos que eso produjo en materia de dependencia del exterior, y lo peor de todo, sin prever el rompimiento del tejido social del campesinado mexicano, al obligar a la gente a migrar al país del norte en búsqueda de trabajo. Con mucha dificultad, pero se está instrumentando una política de soberanía, para producir lo que consumimos y dejar la dependencia de lo que importamos.
Por otro lado, los mexicanos tenemos el derecho a una alimentación sana, lo cual tiene que ver con la calidad de lo que producimos. En una medida soberana, el 13 de febrero del 2023 se publicó El Decreto Presidencial que prohibía el uso, importación, distribución, promoción y enajenación del glifosato y del maíz genéticamente modificado para consumo humano y animal. Desafortunadamente, como resultado de la derrota en un panel de controversias, el 5 de febrero de este año 2025, se suspendió dicho decreto, y se revocó la prohibición de importar maíz genéticamente modificado, y se suspendió la prohibición de compra, venta e importación de glifosato, para evitar represalias comerciales de parte de Estados Unidos, evitar presiones inflacionarias y problemas de abasto.
Una vez más queda probado, lo dudoso y ambiguo de los beneficios de un T-MEC, ya en revisión, y se confirma que el dinero y la ganancia de las compañías transnacionales, con o sin tratados comerciales, es más importante que la salud y el bienestar de la población. Es una triste celebración del “Día del Maíz”.
*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

Foto: La Jornada Morelos

