Para fortuna para el municipio de Jiutepec y sus pobladores, cuenta ya con su primera orquesta filarmónica, a partir del pasado sábado 29 de noviembre pasado, gracias a la iniciativa y enjundia enorme del compositor Omar Arellano Osorio y de cerca de 33 jóvenes, mujeres y hombres, quienes se han unido para interpretar en su debut, un emocionante e interesante programa con base en obras de jóvenes compositores del país y de uno de sus maestros.

Considere usted por un momento las condiciones mínimas para que ensaye y ejecute una orquesta: amplio espacio, tiempos de traslado para ensayos, ensayos, portar instrumentos delicados o costosos, y voluntad de crecer en un medio, el país, que brinda pocos apoyos para estas agrupaciones orquestales. ¿Verdad que es mucho lo que se requiere para que ellos nos brinden estas oportunidades de escucharles? Eso, aparte del trabajo de composición, orquestación, registro de obras, reproducción de partituras, gestión de espacios y conciertos, y carácter para lidiar (sí), con tantas personas que piensan diferente a uno, novatos y experimentados en la música.

El marco del concierto fue la iglesia de Santiago Apóstol de Jiutepec, recientemente rehabilitada, con impresionantes imágenes de cristos, santos, vírgenes y mártires, y un altar lateral barroco, tallado y dorado hace siglos. El público, muy atento y consciente del logro colectivo de quienes colaboran en el centro cultural Cuicoyán, que por años ha dado cobijo a las iniciativas de Omar y de su familia, llegó puntualmente al concierto y celebró con aplausos y emociones, las intervenciones verbales y musicales de cada uno de los compositores, instrumentistas, solistas, con calidez, sin duda reconociendo que el mérito conseguido en el debut, es también de años de cultivo del espacio cultural en Jiutepec, por sus pobladores interesados, entre ellos quienes asistieron.

El maestro Alberto Simón Jiménez Mendoza, quien es uno de los formadores del joven Omar, y autor de un par de piezas ejecutadas en el concierto, dio cuenta de los antecedentes musicales que dieron origen a la orquesta: bandas de pueblo, celebraciones de carnaval y religiosas, ensambles que fueron surgiendo por iniciativas varias de familias de inmigrantes. La primera pieza, titulada Encuentro, la segunda, titulada Reminiscencias.

Su ejecución en el debut es prueba del reconocimiento que Omar asigna a sus predecesores locales, agradeciendo lo que hicieron en su formación.

Luego siguieron un par de obras del joven José Guillermo Nápoles Ibarra, la primera en tres tiempos, dedicada a Sor Juana Inés de la Cruz, en un brillante intento de celebrar musicalmente el legado científico y literario de Sor Juana.

Siguió en el programa, una pieza del joven compositor Rodrigo Loman, veracruzano, de origen violinista y cultivador del son huasteco, que consiste en una obra para orquesta valiéndose de ese ritmo, con acompañamiento instrumental de tambores y el piccolo, como suele escucharse aún hoy en las serranías huastecas. Esa obra fue interpretada recientemente, junto con una de Omar, en evento orquestal de reconocimiento a compositores que recuperan los ritmos autóctonos y los reinterpretan en formato orquestal hoy día.

Platillos fuertes fueron sin duda dos bellísimas obras de nuestro admirado maestro compositor Omar Arellano, una de ellas ya ha sido interpretada por la Orquesta Sinfónica nacional en Bellas Artes, y por otras orquestas del extranjero. También incluyeron una pieza de la otra compositora con pieza en el concierto, de origen sinaloense, Nubia Jaime Donjuan, denominada Tundra, en recuerdo de su estancia de estudios en un país helado unos días y los demás también.

Sí, estimadas y estimados lectores, fue muy emocionante recibir con aplausos tan merecidos por quienes integran esta Orquesta Sinfónica y merecen todo nuestro apoyo. ¡Muchísimas felicidades!

Un grupo de gente sentada en una silla

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Imagen cortesía del autor

La Jornada Morelos