

Hablemos de diabetes gestacional
Socorro Parra Cabrera, Erika Hurtado Salgado, Angélica Ángeles Llerenas y Eduardo C Lazcano Ponce*
La diabetes gestacional puede ser diagnosticada durante el embarazo en mujeres que no tenían diabetes antes de concebir. Ocurre cuando el cuerpo no puede producir suficiente insulina para regular adecuadamente los niveles de glucosa en la sangre durante el embarazo, de tal modo que puede haber un incremento de azúcar en la sangre, y ello a su vez puede afectar tanto a la madre como al bebé. La diabetes gestacional generalmente se manifiesta entre los 6 y los 7 meses de gestación. La mayoría de las mujeres embarazadas pueden producir suficiente insulina, pero aquéllas que no lo logran pueden desarrollar diabetes gestacional. En México se sabe que ocurren 14 casos de diabetes gestacional por cada cien mujeres embarazadas.
Si la diabetes gestacional no está bien controlada, el riesgo de complicaciones para el bebé aumenta. Los bebés pueden ser más grandes que otros (también se les llama macrosómicos) y provocar que el parto vaginal se complique. También puede observarse dificultad para controlar los niveles de glucosa poco después del nacimiento, junto a convulsiones. Incluso se ha documentado parto prematuro y dificultad respiratoria. Además, existe el riesgo de que se presente tanto obesidad como diabetes tipo 2 durante el desarrollo del producto. Finalmente puede haber, asimismo, riesgo de muerte antes o poco después del nacimiento.
También se han documentado, en diversos artículos científicos, complicaciones en la mamá. Aunque después del parto los niveles de glucosa suelen volver a la normalidad, las mujeres que han experimentado diabetes gestacional tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en el futuro. Además, aumenta el riesgo de tener presión arterial alta, lo cual se relaciona con otras complicaciones y una mayor necesidad de realizar una cesárea.
La falta de actividad física y el consumo elevado de alimentos poco saludables pueden favorecer el aumento de la glucosa en sangre; se ha sugerido que en este caso la glucosa no se utiliza en forma eficiente, de tal manera que se almacena en forma de tejido adiposo. Por esta razón una alimentación adecuada durante el embarazo es fundamental para el crecimiento y desarrollo óptimo del bebé. Otros factores de riesgo que han sido implicados en el desarrollo de diabetes gestacional son: la presencia de sobrepeso u obesidad; tener el antecedente de un incremento en la glucosa en sangre por arriba de los límites normales, sin haber sido diagnosticada con diabetes o prediabetes antes del embarazo actual; antecedente de parto previo de un bebé con un peso de más de 4 kilos; haber tenido diabetes gestacional en un embarazo previo; presentar quistes en los ovarios, y el antecedente de algún familiar cercano con diabetes.

Esta enfermedad, cuando se presenta, puede tratarse con éxito si se le identifica de forma oportuna mediante una prueba de detección llamada “Prueba de tolerancia a la glucosa oral” (PTOG) y a partir de medir la glucosa sanguínea en ayunas. Éstas son dos pruebas comunes, útiles para diagnosticar la diabetes gestacional, la prediabetes y la diabetes tipo 2. Aunque ambas pruebas están relacionadas con la medición de la glucosa en la sangre, tienen diferentes procedimientos y propósitos. La PTOG es más detallada y refleja la capacidad del cuerpo para procesar la glucosa a lo largo del tiempo. Se usa para el diagnóstico de diabetes gestacional y se realiza principalmente entre los 6 y los 7 meses de embarazo.
La terapia basada en una buena nutrición combinada con medicamentos ha mostrado ser uno de los tratamientos más beneficiosos para contrarrestar las complicaciones de la diabetes en la madre y en el feto. Un plan de alimentación y actividad física puede ser suficiente para mantener la glucosa en sangre dentro de niveles adecuados. Pero si esto no funciona, es posible que la madre necesite tratamiento con fármacos permitidos durante el embarazo, como la insulina, además de los medicamentos tomados (por ejemplo, metformina). Varios estudios han demostrado que la metformina es segura durante el embarazo y que proporciona un control igual de efectivo al de la insulina, en mujeres con diabetes gestacional.
No hay garantías a la hora de prevenir la diabetes gestacional pero, cuantos más hábitos saludables se adopten antes del embarazo, mejor. Si ya se tuvo diabetes gestacional, estas opciones saludables también podrían reducir el riesgo de volver a tenerla en futuros embarazos o de desarrollar diabetes tipo 2 en el futuro. Enfocarse en comer alimentos saludables y en realizar actividad física contribuye a mejorar la situación. Comenzar el embarazo con un peso saludable y centrarse en hacer cambios duraderos en los hábitos alimenticios son medidas que pueden ayudar durante el embarazo. Ganar algo de peso durante el embarazo es habitual y saludable; sin embargo, un incremento acelerado puede aumentar el riesgo de diabetes gestacional. Contar con el acompañamiento de profesionales de la salud permite a las mujeres asegurar un embarazo sano, lo cual se verá reflejado positivamente en la salud de la madre y de su bebé en el futuro.
*Especialistas en salud pública.

