

El acceso inseguro a los alimentos y al agua afecta la salud mental de los mexicanos
Teresa Shamah Levy, Verónica Mundo Rosas y Alicia Muñoz Espinosa*
La relación entre la inseguridad alimentaria y del agua con la salud mental está cobrando atención como un problema de salud pública clave en México. Con información de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) de 2021 se explora una perspectiva única sobre cómo estas inseguridades impactan en la probabilidad de depresión en adultos. Este texto describe los hallazgos de un estudio basado en estos datos, analizando los efectos independientes y combinados de estas formas de inseguridad, así como sus implicaciones para la salud pública.
Una crisis silenciosa
La inseguridad alimentaria y del agua es un problema crítico que afecta la calidad de vida de las personas en México: 5.8 millones de hogares enfrentan graves problemas de acceso y disponibilidad de agua potable y 8 millones tienen recursos insuficientes para adquirir alimentos saludables.
La inseguridad alimentaria se define como la incapacidad de acceder a alimentos suficientes, seguros y nutritivos, mientras que la inseguridad del agua implica dificultades para acceder de manera confiable a agua suficiente y segura. Ambos problemas se han intensificado debido a las sequías constantes e intensas, así como a las inundaciones y la contaminación del agua, pero también a fenómenos sociales como los conflictos armados, mismos que han influido en el aumento de los precios de los alimentos.

La falta de acceso y disponibilidad del agua y los alimentos seguros y suficientes no sólo representan una amenaza para la salud física, sino también para la salud mental, generando estrés y angustia, mismos que pueden llevar a trastornos como la depresión.
Investigadores de diversas instituciones, incluyendo el Instituto Nacional de Salud Pública de México y universidades internacionales, analizaron datos recopilados por la Ensanut en 2021 de más de 13,000 adultos mexicanos. Utilizando escalas validadas para medir la inseguridad alimentaria (ELCSA) y del agua (HWISE), así como una escala breve de depresión (CESD-7), se buscó entender cómo estas formas de inseguridad se relacionan con la probabilidad de depresión.
El estudio revela que, de manera independiente, tanto la inseguridad del agua como la alimentaria se asocian con un mayor riesgo de depresión. Sin embargo, hay mayor riesgo cuando los integrantes del hogar enfrentan al mismo tiempo inseguridad alimentaria y del agua, en comparación con los integrantes de los hogares que no enfrentan alguna de estas condiciones. Los adultos que experimentan simultáneamente inseguridad alimentaria severa y del agua tienen 2.7 veces más probabilidades de mostrar síntomas de depresión moderada a severa en comparación con aquellos sin estas inseguridades.
Mujeres, agua y salud mental
En el contexto mexicano, las mujeres suelen tener un papel central en la gestión del agua y los alimentos en el hogar. A pesar de ello, el estudio encontró que la inseguridad alimentaria y del agua afectan por igual la salud mental de hombres y mujeres. Este hallazgo contrasta con estudios que se han desarrollado en países asiáticos y africanos, donde estos problemas afectan en mayor magnitud a las mujeres, y destaca la necesidad de investigaciones adicionales para explorar cómo las experiencias individuales dentro de los hogares pueden variar por género.
Estrés, recursos y salud mental
La relación entre la inseguridad alimentaria y del agua con la depresión puede explicarse, en parte, por el estrés crónico que generan. La inseguridad del agua no sólo dificulta actividades básicas como la preparación de alimentos y la higiene, sino que también puede obligar a los hogares a realizar gastos adicionales para obtener agua potable, limitando así los recursos disponibles para alimentos u otras necesidades.
Implicaciones para las políticas públicas
Estos hallazgos subrayan la necesidad de abordar tanto la inseguridad alimentaria como la del agua de manera conjunta en las estrategias para mejorar la salud pública. Para tener éxito en la aplicación de estas estrategias, es crucial acelerar el conocimiento sobre los grupos más afectados, proporcionar atención oportuna y abordar las desigualdades regionales.
Crear programas que integren soluciones para garantizar o mejorar el uso, disponibilidad, acceso y sostenibilidad de recursos esenciales para la vida, como el agua y los alimentos, podría no sólo reducir los niveles de depresión, sino también mejorar la calidad de vida en general.
Es importante resaltar que la Ensanut es una herramienta invaluable para monitorear estos problemas y guiar la formulación de políticas basadas en evidencia. En un país donde las brechas de inequidad siguen siendo profundas, el análisis con información de la Ensanut destaca cómo las necesidades básicas insatisfechas, como el agua y los alimentos, impactan directamente en la salud mental. Reconocer y atender estos problemas es un paso crucial para construir un México más equitativo y saludable, priorizando la salud integral de las comunidades e individuos más vulnerables. La versión completa de esta investigación está disponible en la revista Journal of Affective Disorders en el siguiente enlace: https://doi.org/10.1016/j.jad.2024.10.116
* Especialistas en salud pública. Invitadas por el Dr. Eduardo C. Lazcano Ponce.

