

Indigenismo en la Corte
Nuestro país no acaba por aceptarse a sí mismo como un crisol de herencias culturales y genéticas diversas. En este siglo, una vez más aparecen controversias sobre lo indígena y lo mestizo, y su participación en las actividades políticas del país. La reciente elección de magistrados y jueces del poder judicial revela el uso político del ser indígena. Tan descuidada y injusta como fue la elección organizada por el Instituto Nacional Electoral, la beligerancia política ha llevado a debate el origen étnico del presidente electo de la corte, el abogado Hugo Aguilar Ortiz, de raíz mixteca.
Mientras unos utilizan el origen de este ciudadano para señalar la apertura de la democracia a la impartición de justicia, otros cuestionan sí ser indígena es suficiente para ser presidente de la Suprema Corte de Justicia. Aunque no son los únicos argumentos en este debate, la aparición en la escena pública nacional de un ciudadano indígena en tal cargo abre la puerta a la discriminación y al racismo bajo falsos supuestos y usos políticos que distraen la discusión de fondo de los efectos que tendrá la reforma judicial en el país.
En tal sentido, ser indígena o no, podría carecer de significado. Probablemente, el abogado Aguilar sea genéticamente similar a la mayoría de los mexicanos. Los estudios de la composición del genoma de mestizos e indígenas mexicanos confirman nuestro origen: indígena y europeo, y en una proporción menor, africana. No obstante, sí hay algo diferente y diverso en nuestro origen es la cultura. Aunque es discutible en que proporción, el mestizo mexicano y las instituciones del México contemporáneo se asimilan llanamente a la cultura universal. Están más cerca de Platón y Aristóteles que de Quetzalcóatl y la Coatlicue, en el sentido que José Vasconcelos y otros pensadores concibieron en los albores del siglo XX. Claramente, esta visión es opuesta a la cosmovisión indígena. Su integración a la naturaleza y apego a la tierra, sus lazos familiares y economía de subsistencia, sus fiestas y sincretismo religioso, constituyen una cultura profunda no solo de las comunidades indígenas sino también de distintas capas de la sociedad mexicana de hoy.
Más allá de su origen, el presidente electo de la Suprema Corte de Justicia podría encontrarse en un dilema ideológico. La tensión entre dos visiones: la occidental contemporánea y la indígena, se vuelve especial cuando una persona con raíces indígenas ocupa un puesto público de alta relevancia. Por un lado, la ideología occidental, con su enfoque racionalista y universalista, busca homogeneizar estructuras, decisiones y valores bajo el marco de las instituciones. Por otro lado, la cosmovisión indígena, contrasta con tal ideología al ofrecer un enfoque que prioriza la colectividad, los vínculos con la tierra y el respeto por los usos y costumbres.
Desde un puesto público, como el de presidente de la Suprema Corte de Justicia, estas dos ideologías pueden entrar en conflicto. El abogado Aguilar Ortiz al concebirse y mostrarse a sí mismo como indígena, puede tener el problema de servir en un entorno de leyes que soportan un estado moderno y republicano. La presión por ajustarse a los cánones de una institución de justicia puede limitar las aportaciones que la cosmovisión indígena podría ofrecer, como su énfasis en la justicia comunitaria. El desafío radica en encontrar puntos de convergencia para esta aparente dualidad, mantener la independencia del poder judicial e integrar los reclamos de justicia de la sociedad en general y los pueblos ancestrales en particular. La manera como responda el abogado Aguilar Ortiz durante su mandato en la corte podrá conciliar y concretar una nueva armonía constitucional donde se garantice el amparo de la ley para todos independientemente de su origen. Al final, su historia será escrita no por ser indígena sino por garantizar la legalidad ante los embates del poder económico y político.

Frase a destacar:
“Más allá de su origen, el presidente electo de la Suprema Corte de Justicia podría encontrarse en un dilema ideológico. La tensión entre dos visiones: la occidental contemporánea y la indígena…”

