

La gloria y el infierno en la vida de David Baltimore
Pocos científicos alcanzan a tocar en su vida los extremos de la fama pública. David Baltimore, nacido en New York (1937) y fallecido el 6 septiembre pasado, fue uno de ellos. Obtuvo el Premio Nobel en 1975, junto a Howard Temin, por descubrir la enzima transcriptasa reversa. Más tarde en su carrera, conocería el lado amargo de la ciencia por una acusación de fraude científico, aunque el no fuera directamente imputado.
Su trabajo en los virus animales en la década de 1960-1970 lo llevo a comprender la enorme diversidad de estos. Los virus son una forma de vida –aparentemente simple– compuestos por un genoma cuya replicación asegura su propagación y persistencia. Para esa época se conocía que los genomas de los virus estaban formados por ADN (Ácido Desoxirribonucleico), mientras otros por ARN (Ácido Ribonucleico).
En 1960, el joven genio Howard Temin propuso la idea del provirus para explicar porque las células cultivadas in vitro y transformadas con el virus del sarcoma de Rous (RSV, un virus de aves) tenían distintas morfologías. La idea era que el genoma del virus se integraba en el genoma de la célula. Pero, tenía un problema: puesto que el genoma del RSV era de ARN, ¿cómo podría integrarse en un genoma de ADN? Necesariamente debía existir una manera de convertir el genoma de ARN en ADN, lo cual desafiaba el dogma central de la biología molecular que postulaba que el flujo de información genética en la célula era unidireccional: del ADN se copiaba el mensaje en el ARN, y luego se leía en los ribosomas para hacer una proteína. Nadie –ni siquiera en su propio laboratorio– creía en la idea del provirus, como lo narra John Coffin estudiante de Temin en aquellos tiempos.
La demostración llegó diez años después, cuando simultáneamente en los laboratorios de David Baltimore y Howard Temin, con Satoshi Mizutani, investigador posdoctoral, se pudo encontrar la actividad de conversión de ARN a ADN, y la existencia de la transcriptasa reversa, la enzima que realizaba este trabajo. El mundo científico se conmocionó con la noticia y la fama de David Baltimore y Howard Temin, ya consolidada como científicos de primer nivel, traspaso los muros de sus laboratorios y llego hasta la prensa. El Premio Nobel los esperaba en 1975.
Baltimore enfrentó un giro inesperado en su carrera tras un artículo publicado en Cell en 1986, que llevó a cuestionar su integridad científica. Él era coautor junto a Theresa Imanishi-Kari, investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts. El artículo presentó nueva evidencia sobre la expresión de genes de inmunoglobulinas en ratones transgénicos, pero dejó preguntas abiertas. Imanishi-Kari encargó a la investigadora posdoctoral Margot O’Toole continuar con la investigación. Ella no pudo replicar los resultados y sospechó errores en los datos originales, hallando una libreta con registros posiblemente alterados por Imanishi-Kari. Esta situación llevó a O´Toole a enfrentamientos con su supervisora y a la búsqueda de apoyos en la academia y en las instancias de los Institutos Nacionales de Salud de los EEUU, para demostrar los errores en la investigación publicada. El caso generó numerosos debates sobre la ética y supervisión de la investigación científica, y destacó el papel de los políticos que cuestionaron el uso de fondos públicos en la ciencia, que aún ahora siguen resonando.

David Baltimore asumió la defensa de Imanishi-Kari y de los datos publicados, a pesar de ser acusado de encubrimiento. La presión pública y de algunos congresistas de los EEUU, llevó a su renuncia como presidente del Instituto Rockefeller, pero nunca se retractó del artículo. En 1996, Theresa Imanishi Kari fue exonerada al no encontrarse pruebas suficientes de fraude.
David Baltimore continuó su carrera con la brillantez de siempre, reivindicado las condiciones éticas de su trabajo científico para la posteridad.

Dr. David Baltimore, conferencia en el Centro de Investigación Sobre Fijación de Nitrógeno de la UNAM, en Cuernavaca, Morelos, 1985 (Foto Cortesía del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM).

