La fenomenología de la escuela obligatoria para lograr la servidumbre social voluntaria

 

A: KAH

Hoy presento una lectura crítica del capítulo titulado “Fenomenología de la escuela” del libro La sociedad desescolarizada de Iván Illich, donde se cuestiona el triple carácter: ritual, político y dominante de la escuela moderna. Exploro los vínculos entre el pensamiento de Illich y Barthes, Foucault, Marcuse y Marx. Señalo porqué Illich propone una fenomenología crítica de la escuela, entendida como un ente de dominación hegemónica que determina lo que significa “aprender y obedecer” en las sociedades capitalistas modernas.

1. Introducción

En La sociedad desescolarizada (1974), Iván Illich realiza una crítica de la escuela usada como una institución para el dominio social. Lejos de ser una denuncia de la ineficacia del sistema educativo, señala la naturaleza simbólica y estructural de la escolarización. En el capítulo, “Fenomenología de la escuela”, se revela cómo la escuela se ha convertido en un aparato cultural que regula no sólo el acceso al conocimiento, sino también, la forma en que la sociedad concibe la educación misma supeditándola a la escuela.

2. La escuela como mito secular

Illich sostiene que la escuela ha adquirido el estatus de mito fundacional en las sociedades modernas. Su función ha trascendido lo educativo para convertirse en un ritual de iniciación al consumo en el seno de una cultura dominada por el mercado. En este sentido, la escolarización funciona como un sistema político que legitima y reproduce el orden social, bajo el dominio del capitalismo ecocida en las naciones democráticas modernas.

La crítica de Illich puede ser leída a través del marco propuesto por Roland Barthes (1957), quien define el mito como un discurso que legitima la ideología. Desde esta perspectiva, la escuela mitifica la noción de que el progreso individual y colectivo depende necesariamente del tránsito por sus estructuras formales.

3. Confundir medios y fines

Uno de los aspectos centrales de la crítica de Illich radica en la confusión entre medios y fines. La escolarización se convierte en un fin en sí misma, desplazando el valor intrínseco del aprendizaje. Illich denuncia que la educación ha sido reducida a la imposición de un servicio institucional, el cual transforma a los sujetos en voraces consumidores de credenciales antes que en aprendices reflexivos y críticos.

Esta crítica recuerda la tesis de Herbert Marcuse (1964) sobre la racionalidad instrumental en las sociedades avanzadas, donde los medios técnicos y administrativos suplantan la reflexión ética. En la misma línea, Illich observa cómo la escuela se justifica al convertir el aprendizaje en un proceso cuantificable, regulado por certificados, años de escolaridad y planes estándar.

4. Fetichismo educativo excluyente

Al igual que Marx describió el fetichismo de la mercancía, Illich denuncia que la escuela produce un fetichismo del saber, en el cual el valor del conocimiento se define por su forma institucional y no por su contenido. Lo que importa no es lo que se aprende, sino el haber pasado por el rito escolar que acredita una supuesta competencia.

Este proceso da lugar al trepador con credencial, es decir, la creencia en que el diploma representa objetivamente el saber. Esta ideología educativa, lejos de democratizar el conocimiento, reproduce y refuerza las desigualdades estructurales bajo la apariencia de neutralidad meritocrática (Collins, 1979). En consecuencia, la escuela no sólo educa, sino que legitima la exclusión social de quienes no se adaptan o no concluyen el proceso escolar.

5. El imaginario escolarizado y el fracaso estructural

Una de las observaciones más profundas de Illich es que la escolarización no se limita al ámbito institucional, sino que ha colonizado el imaginario social. La idea de que sólo se aprende en la escuela se ha vuelto tan arraigada que impide concebir alternativas al modelo vigente. Este fenómeno, cercano a la idea de Foucault de “gubernamentalidad”. Muestra cómo el poder actúa configurando subjetividades.

Además, la escuela produce una categoría estructural de fracaso: aquellos que no logran cumplir sus exigencias son definidos como “fracasados escolares”. Illich sostiene que esta condición no es consecuencia de la capacidad individual, sino del diseño institucional, que crea necesidades educativas artificiales para luego presentarse como su solución exclusiva. Algo semejante a lo que él mismo denunciará más adelante en Némesis médica, libro donde analiza cómo las profesiones modernas generan las patologías que luego prometen curar.

6. Conclusión

En Fenomenología de la escuela, Illich propone una crítica política y estructural del sistema educativo moderno. Más allá de reformismos superficiales (la nueva escuela), propone un esclarecimiento fenomenológico de la escuela como aparato cultural hegemónico, cuyas funciones exceden lo educativo para ocupar un lugar central en la legitimación del orden social. Finalizo con una invitación a pensar la educación fuera del modelo escolarizado, abriendo paso a nuevas formas de aprendizaje más libres y vitales.

* https://www.ivanillich.org.mx/desescolar.pdf

Braulio Hornedo Rocha