Cecilio Agustín Robelo Orihuela perteneció a la generación de liberales mexicanos que luchó por la consolidación del estado mexicano, después de la intervención norteamericana, pero, sobre todo, después de la derrota del imperio de Maximiliano. Abogado, filólogo y nahuatlato, es uno de los servidores públicos más destacados en el complejo horizonte del siglo XIX mexicano.

Nació en la Ciudad de México el 22 de noviembre de 1839, en plena ebullición política, después de formarse en el Seminario Conciliar de México, se mudó a Taxco y posteriormente a Cuernavaca donde radicó de manera intermitente hasta su muerte. Se dice que sostuvo audiencias tanto con el emperador Maximiliano como con Porfirio Díaz, a quienes habría señalado la riqueza cultural de la lengua náhuatl.

Su carrera como servidor público es variada, ya que trabajó como magistrado para el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Morelos; también fue diputado, desempeñándose como vicepresidente del Congreso constituyente del estado de Morelos, representando al segundo distrito con sede en Cuernavaca y entregando a la posteridad la primera constitución del estado el 28 de julio de 1870.

Por si fuera poco, su versatilidad intelectual le permitió llegar a ser director del Museo Nacional de Arqueología. De igual manera, sin tener una formación en letras, perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua, pues consideraba que el conocimiento del náhuatl nos permitiría profundizar en la comprensión de la complejidad del español que se habla en México. Por su dedicación, pero, sobre todo, por la ampulosidad de su trabajo fue apodado la “abeja morelense”, sobrenombre que se atribuye al periodista José Miguel Macías, quien buscaba describir de manera irónica la disciplina y la alta productividad de nuestro autor.

Cecilio Robelo es un orgulloso hijo adoptivo del estado de Morelos, en diversas ocasiones manifestó que su contribución más importante radicaba en su labor constituyente, pues las glorias del pasado prehispánico de este territorio finalmente eran reconocidas bajo la identidad del máximo prócer de la Independencia: el sacerdote José María Morelos y Pavón, a quien dedicó un opúsculo, donde hace gala de toda su erudición. De tal modo, su confianza en la grandeza de la entidad era manifiesta, tomando en cuenta las condiciones naturales, así como su pasado y la calidad de su legislación, Robelo le auguró un magnífico porvenir al novel estado dentro del concierto nacional.

Para dimensionar su talla intelectual, recordemos que, dentro del medio intelectual de su época, destacaron autores como Antonio Peñafiel y Barranca (1839-1922) un médico, científico y funcionario del porfiriato; así como, el gran sabio berlinés, Eduard Georg Seler (1849-1922), un filólogo alemán que estudió el Códice Borgia, ambos fueron personajes con quienes compartió su pasión por el pasado prehispánico y por la lengua mexicana.

Bajo encargo del gobierno porfirista se ordenó una expedición a Xochicalco en 1887, de la que Peñafiel era encargado y quien invitó al sabio berlinés, a pesar de que Robelo había iniciado sus pesquisas en el área desde 1885. La documentación del viaje que hicieron a las ruinas de Xochicalco está compuesta por fotos y cartas, entre las que destaca la que Seler se tomó en san Antón en las inmediaciones de Cuernavaca, al pie de una roca tallada con un lagarto, piedra de la que Robelo publicaría un importante artículo bajo el título de “El lagarto de san Antón”. Finalmente, Robelo publicó un estudio descriptivo de las Ruinas de Xochicalco en 1902, como resultado de sus investigaciones.

Dentro de su obra como filólogo podemos destacar al menos diez trabajos: el Vocabulario comparativo castellano-náhuatl, de 1888; Nombres geográficos indígenas del estado de Morelos, de 1897; los Nombres geográficos indígenas del estado de México, de 1900; la Sinopsis toponímica nahoa del Distrito Federal, de 1901; las Ruinas de Xochicalco, de 1902; los Nombres geográficos mexicanos del estado de Veracruz, también de 1902; la Toponimia tarasco-hispano-nahoa, de 1902; el Diccionario de Aztequismos. Catálogo de las palabras del idioma, de1904; el Diccionario de Mitología náhuatl, de 1905 y las Nociones del idioma náhuatl, de 1912.

Detrás de este personaje mexicano, enamorado de la ciudad de Cuernavaca y de todo el estado de Morelos, se distingue la fuerza de un intelectual comprometido con su nación, y con el estado.

José Manuel