Al hablar de Castillos de Cartón en Morelos, se hace alusión no a la magnífica novela de Almudena Grandes que versa sobre un triángulo amoroso en el Madrid de los años ochenta, sino a los criterios de restauración que ha aplicado el Centro INAH Morelos a varios monumentos artísticos e históricos de la entidad contraviniendo los más elementales principios establecidos por la Carta de Venecia.

Como es bien sabido, el sismo de 2017, supuso la mayor tragedia en Morelos desde la Revolución del Sur, el fenómeno natural con epicentro al oriente de la entidad, arrasó nuestro territorio, se ensañó particularmente con Jojutla, icónica y tradicional cabecera del sur morelense. El terremoto cobró vidas, bienes materiales y fue un duro golpe al rico patrimonio monumental del estado, alrededor de 300 inmuebles históricos fueron afectados y requirieron una intervención urgente.

Ante la magnitud del mencionado sismo en el centro del país, el gobierno federal implementó el Programa Nacional de Reconstrucción (PNR). Decisión acertada pues atendió dos vertientes: la social y la patrimonial, además fomentó la creación de empleo en las zonas afectadas. La vertiente social atendió la reconstrucción y reubicación de viviendas afectadas y la patrimonial a los monumentos dañados.

En cuanto al patrimonio histórico y cultural los trabajos iniciaron de inmediato, ha sido notable el avance en muchos casos, pero aquí es donde surgen los “castillos de cartón” morelenses. La Carta de Venecia, es el documento que establece los principios éticos y técnicos de restauración de monumentos y sitios históricos. Fue firmada en 1946 en Venecia, Italia en el marco del segundo Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos. A partir de entonces ha regido a nivel global los criterios de restauración de monumentos, el signatario por México fue el afamado Carlos Flores Marini de grato recuerdo y entre quienes redactaron el documento estuvo el también mexicano Salvador Aceves García.

En suma, la Carta de Venecia establece que la restauración se basa fundamentalmente en devolverle al monumento su estado primigenio, con materiales, formas y procedimientos originales. También se establece que el monumento se deberá tratar con absoluto respeto y de no conseguirse los materiales originales para la obra de restauración, se deberá echar mano de materiales y técnicas similares.

En cuanto a los monumentos y construcciones morelenses, se dio el caso de que en momentos posteriores a su construcción inicial se añadieron cuerpos que derivaron en mayor peso al edificio. Tal es el caso del torreón del Palacio de Cortés y el campanario de la Catedral de Cuernavaca así como el campanario también del templo de Santiago Apóstol en Jiutepec. Trás el sismo de 2017, las estructuras mencionadas colapsaron y comprometieron los edificios donde fueron edificadas. El Centro INAH Morelos determinó entonces que se debían aligerar las estructuras para prevenir colapsos posteriores, sobre todo al estar en zona sísmica. Hasta ahí todo bien, el problema surgió cuando contraviniendo los más elementales criterios de restauración y lo dispuesto por la Carta de Venecia se echó mano de madera no para restaurar sino para reconstruir torres y campanarios.

El torreón porfiriano del Palacio de Cortés, y los campanarios de la catedral de Cuernavaca y Santiago Apóstol en Jiutepec, están hechos asombrosamente de triplay. En lo personal pregunté a funcionarios del Centro INAH el tiempo de vida de los “castillos de cartón” morelenses y la respuesta me dejó estupefacto: “con buen mantenimiento pueden durar hasta cuarenta años” respondieron, lo grave no solo es haber construido utilerías más dignas de una obra de teatro escolar que de monumentos centenarios, sino haber modificado el diseño original de las estructuras como fue el caso de los campanarios de las iglesias aludidas.

Grave lo es también, la impunidad que rodea lo anterior, pues al ser avalados los “castillos de cartón” por el Centro INAH Morelos, nunca serán sancionados los responsables ni recuperado el patrimonio. Es notable también que el Coordinador de Monumentos Históricos del Centro INAH Morelos, el Arquitecto Fernando Duarte Soriano, quien es conocido por su firmeza al autorizar y supervisar restauraciones, asombrosamente se haya allanado a la construcción de los “castillos de cartón” otorgando su visto bueno.

El caso del templo de Jiutepec no solo se ciñe al campanario, sino al templo mismo, hace unos días un medio local, de manera francamente irresponsable, señaló que las obras en el templo habían sido concluidas entre el júbilo de la población. Lo anterior falta a la verdad, pues las obras continúan a la vista de todos, es también sabido que la población clama por su templo, desde hace siete años escuchan misa en una carpa en el atrio.

También en dicho templo, hay vicios ocultos que no han sido atendidos por la empresa que ejecuta las obras y engrosando la lista de “castillos de cartón” morelenses, el emblemático ciprés que corona el altar mayor del templo está también siendo reconstruido, no restaurado con triplay. Si la intención es aligerar estructuras en previsión de sismos futuros, se pudo haber utilizado productos como el sugarcrete, los bloques hechos con bagazo de caña de azúcar, que tienen la misma resistencia y particularidades que el concreto, pero son 16 veces más livianos y muy baratos.

El desafío de salvar el patrimonio de Morelos no es menor, mucho se ha hecho, pero la labor no estará concluida, hasta en tanto no se destierren los castillos de cartón, monumentos a la impunidad y testimonios vivos de nuestros tesoros perdidos.

*Escritor y cronista morelense.

Campanario de la Iglesia de Santiago Apóstol.

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Roberto Abe Camil