

El sistema capitalista agandalla calificativos siniestros que lo dibujan con precisión. Es voraz, depredador. Un capitalismo Gore, término del género cinematográfico de violencia extrema, derramamiento de sangre “explícito e injustificado” del crimen organizado con su altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos. Películas plenas de crímenes, sangre, crueldad, perversiones, muertes… Sus endriagos no sólo matan y torturan por dinero, también buscan dignidad y autoafirmación a través de una lógica kamikaze y sacrificial. Los endriagos son monstruos que conjugan hombre, hidra y dragón. Y no se hartan de beber la sangre de sus víctimas, es más, se fortalecen.
Esta brutal violencia es una herramienta de necro empoderamiento, un poder necrófago, se nutre de cadáveres. Capitalismo Gore le llama Sayak Valencia en ese su libro (Melusina, Barcelona, 2010) que reflexiona sobre la violencia sobregirada y la crueldad ultraespecializada que se implantan como formas de vida cotidiana en ciertas localizaciones geopolíticas a fin de obtener ganancias económicas.
Muy lamentable el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, otro ejemplo semejante a otros crímenes que no han tenido repercusión promovidos por el escándalo de quienes eran mudos. Mataron a Colosio, a Ruiz Massieu, a los estudiantes de Tlatelolco y de Ayotzinapa, a los Bebés de Sonora… y esos crímenes permanecieron acallados y los mantuvieron pasmados. Aquí, en Morelos hace poco, mataron al presidente municipal de Xoxocotla, ¿hubo repercusión semejante?
El Obispo Raúl Vera lo ha descrito con absoluta transparencia llamándole por su nombre. Hemos padecido un sistema criminal en el cual todos los aparatos delincuenciales se han disciplinado para disparar a mansalva con plena conciencia de la orden ejecutada. Testimonios populares dan cuenta de estas crueldades. Es un sistema estructurado contra la vida que impone como único objetivo la ganancia, el lucro. Súmenle cuerpos policíacos coludidos con el crimen, el sicariato, el narco, con secuestros y extorsiones.
La Cátedra dedicada a la memoria de nuestro Obispo Don Sergio se titula “De Tlatelolco a Ayotzinapa”. Las víctimas, jóvenes y estudiantes, ¿son mera casualidad? ¿qué ha pasado? ¿qué ha cambiado? ¿hemos mejorado o empeorado y por qué? ¿qué podemos hacer para poder esperar? ¿Puede marcarse una diferencia en el trayecto de Díaz Ordaz a Peña Nieto?
Por ello, no deberíamos cifrar las esperanzas del pueblo en momentos electorales para tomar rumbo, para paliar las consecuencias de estos terremotos económicos, político/culturales que nos atosigan y cobran nuestros errores y apatía, nuestra indiferencia ante lo que sucede, nuestro no querer ver, nuestra ceguera voluntaria. Vamos, el panorama no es halagador, puede ser peligroso, amenazador.

Con todo, al ejercitar nuestros derechos y nuestra elección por un régimen distinto con otra orientación, apoyado por suficientes fuerzas derivadas de la conciencia de un pueblo informado, participativo, generoso como lo ha mostrado en estos últimos eventos calamitosos, logramos algún avance, pero, no podemos confiarnos y suponer que sólo con nuestro voto vamos a cambiar automáticamente este perverso sistema económico. Observemos con atención a los partidos. Y juzguemos… critiquemos. MORENA está pasmado. Sus comités estatales no reaccionan, se sienten victoriosos, no dialogan con sus bases, no debaten nada, sólo se toman la foto.
Alguna vez, el PRD se instaló con esfuerzos y sacrificios en los escenarios del poder político. Acreditó autoridad moral, coherencia y argumentación fundamentada para afirmar su oposición a un Régimen que ya se adivinaba en decadencia absoluta, un régimen entreguista que se fortaleció instalando a sus hijos en universidades extranjeras para ser domesticados, con la intención de utilizar el poder y favorecer a las transnacionales cediendo todo al Banco Mundial, al FMI y su pandilla. Fue un dócil animalito politiquero más, participó del festín al que se coló.
Necio y testarudo en sus errores antipatrióticos, el Pan insistió en ser colonia yanqui entregando riquezas, recursos, Soberanía, al extranjero. Festejaron haberse salido con la suya. El Pri, cómplice, compartió las riquezas en esa entrega a los invasores-inversores. Las consecuencias de estos cómplices fueron en verdad desastrosas: la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la violencia, el narcotráfico crecieron de forma alarmante.
La sociedad organizada, el pueblo, es quien puede cambiar estas cosas. El cambio nunca vendrá de arriba sino de abajo, de la base y no será gratuito, hay que arrebatarlo o bien, tomarlo por asalto.

