

¿Las profundidades del inconsciente?
Freud toma de la Eneida, de Virglio, el epígrafe para su Die Traumdeutung: «Si no logro mover a los dioses del cielo, moveré en mi favor a los del infierno», haciendo clara alusión a que el inconsciente sería el Aqueronte, uno de los tres ríos del inframundo. Pero esta analogía con las tinieblas, o el infierno ya la había mencionado Breuer en los Estudios Sobre la Histeria. Me gusta cómo cita a Goethe para explicar qué cosa es el inconsciente: «la parte escindida de la psique ha sido “reducida a las tinieblas”, como los titanes han sido recluidos en el cráter del Etna; ellos pueden sacudir la Tierra, pero nunca salen a la luz». El inconsciente sería, para ambos autores, aquello que habita en las profundidades infernales, tenebrosas, del inframundo, y que, a pesar de permanecer ocultas, pueden hacer sacudir la Tierra. Y no podría estar más de acuerdo con ellos.
Es interesante cómo las metáforas y las analogías sobre el inconsciente siempre apuntan a una noción topológica: lo que está por debajo, en lo subterráneo. Freud varias veces hizo uso de la analogía con los estratos de la tierra que en ocasiones pueden observarse cuando se hacen excavaciones. Él decía, por ejemplo, que así más o menos es el inconsciente: estratos y estratos de sedimentos sepultados, uno sobre otro. Tan aficionado como era a la arqueología, no pudo evitar hacer alusión a la ciudad de Pompeya, la cual, como todos saben, quedó sepultada bajo la lava arrojada con violencia por la erupción de un volcán.
Pero, como pueden apreciar, lo inconsciente no sólo sería lo subterráneo, lo oscuro, que habita en las profundidades del inframundo. Además, tendría la fuerza de los titanes que hacen sacudir la tierra, sin la necesidad de salir a la luz. La fuerza del inconsciente sería capaz de sepultar a Pompeya, si seguimos a Freud.
Nada de malo hay con eso, pero no olvidemos que, de los Estudios sobre la Histeria a La Interpretación de los Sueños, la explicación fenomenológica de lo que era el inconsciente, vino de la mano con la noción de la Represión. No sería el inconsciente propiamente, sino la represión que mantiene lo inconsciente a raya, sepultado y recluido en el cráter del Etna o en el inframundo, lo que provocaría que, tan pronto “eso” pueda ser liberado, entonces sí: haría temblar la tierra y sepultaría ciudades bajo una violenta erupción volcánica.
Lo que quiero decir, es que me niego a pensar al inconsciente como algo sobajado, ataviado de connotaciones negativas (como las tinieblas y sus oscuridades, el infierno, aquello que fue sepultado bajo el peso de los sedimentos, y recluido en un cráter). Tuvo que llegar Lacan muchos años después de Freud, para “iluminar” las sombras que Freud dejó en el Aqueronte o en el infierno de Goethe.

De cualquier forma, haríamos bien si convocamos “eso” a la luz, tanto de modo fenomenológico como pragmático, en vez de seguir hablando del inconsciente en términos topológicos y metafóricos. ¡Qué sorpresa nos llevaríamos si entendemos que lo inconsciente no habita en ninguna oscuridad, sino que está más vivo e iluminado que la conciencia, el carácter o el comportamiento! (No es “abajo”, sino, en todo caso “adentro”, pero “aquí mismo”, donde lo inconsciente habita).
*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

