Acerca de la “Salud Mental”

 

Muchos trabajos de psicología suscitan la impresión de combinar una filosofía sin rigor, con una ética sin exigencia y una medicina sin control.

—Georges Canguilhem

Me encuentro en redes con colegas que enuncian que su saber psi (sobre las relaciones sexo-afectivas, el duelo, la crianza, etc.) no les sirve para resolver sus propios problemas y que ellos, aún siendo psicólogos, también sufren por estas cuestiones. Enhorabuena, colegas, han hecho un gran descubrimiento. El siguiente paso es que se den cuenta de que ese saber no le sirve a nadie.

—Bruno Bonoris.

El pasado jueves 10 de octubre se celebró el “Día Mundial de la Salud Mental”. Fecha curiosa para conmemorar. Aunque muchas academias, institutos y facultades, hicieron llamados, posteos, conferencias, y demás actividades al respecto, conviene detenernos un poco a reflexionar sobre el término.

La salud es ya de por sí un término ambiguo, que no termina de quedar del todo claro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como el “completo estado de bienestar físico, mental, y social, y no sólo la ausencia de la enfermedad”. Eso está muy bien, pero ¿existe algo así como un estado de “completud” en todos y cada uno de esos ámbitos? ¿Existirá sobre este mundo algún ser humano completo física, mental y socialmente? Es claro que no. La experiencia nos enseña que no existe el “equilibrio de la balanza”. Tan pronto como prestamos atención a un rubro, descuidamos otro. ¿Entonces?

Además, ¿qué será eso a lo que la OMS llama “bienestar”? Existen personas que se sienten bien lastimando a otros seres vivos, consumiendo sustancias, o lastimándose a sí mismos. Con todo rigor, para ellos, eso les hace sentir bien. ¿Ese ese el bienestar al que se refiere la OMS? Pero que no se me juzgue de estar poniendo ejemplos que pueden parecer extremos. Son reales. O bien, lejos del terreno de lo terrible, también existen las ambigüedades: alguien puede sentirse realizado dedicándose a un oficio modesto, mientras que eso, para otros, en nuestra sociedad meritocrática, puede ser tachado de conformismo. ¿Me explico?

Desde que era estudiante de psicología me he opuesto rotundamente al concepto de “Salud Mental”, porque no creo que exista. Y es la hora en que lo sigo sosteniendo (y miren que estoy haciendo un posgrado en Salud Pública). No creo que exista algo así como la “Salud Mental”, ya que ello implicaría que existe un modelo, un ideal, un referente. Y de hecho existe: es el que impone la sociedad de consumo, el capitalismo, el machismo, el patriarcado, y la moral religiosa. Es el modelo cis-hetero, blanco, racista, clasista y, a últimas fechas, hasta xenófobo y genocida.

Claro que no falta quien salga en defensa de los buenos modos, y diga que precisamente el concepto de Salud Mental se opone a todo eso, ¿mais oui? Yo, por el contrario —Lacaniano al fin— propongo asumir la falta como eje central de esta deconstrucción del término. El psicoanálisis, en especial el lacaniano, contrario a la psicología y a todas las disciplinas psi, parte del presupuesto fundamental de que no existe, ni existirá jamás, la completud. Quizá si empezamos por anteponer la duda cartesiana a la pretensión de certeza positivista, tal vez, y sólo tal vez, podamos pronto de dejar de hablar de “Salud Mental”. O no, al menos, en los mismos términos en que lo hemos hecho hasta ahora.

*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

Luis Marín