Un cambio histórico en la dinámica política y social de Brasil fue la movilización lograda el 21 de septiembre pasado, a convocatoria de sus amados artistas que enfrentaron a la dictadura entre los años sesenta y ochenta del pasado siglo. Lo reconocen los analistas sociales y lo tuvieron que soportar las clases políticas que estaban armando un proyecto de amnistía para el expresidente Jair Bolsonaro y sus cómplices, días antes condenados a pasar largos periodos en la cárcel por intento de golpe de estado y por delincuencia organizada, entre otros delitos. Además, los diputados fraguaban un proyecto de inmunidad para los parlamentarios, estando 108 de los diputados en juicios por corrupción.

Ante tal escenario de tramas antipopulares, apenas el día 17 de septiembre, aparecieron en redes sociales las primeras noticias de una convocatoria lanzada por Caetano Veloso, otros artistas, y dos agrupaciones de medios y productoras y gestoras de artes, Medianinja y Artes 342. El día 18, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de amnistía para los golpistas, mediante acuerdos entre partidos probolsonaristas y algunos votos de diputados del Partido de los Trabajadores, el de Lula.

El mismo día 18, se publicó en Instagram la convocatoria de Caetano Veloso para tomar las calles de Brasil el 21 de septiembre, bajo dos consignas propias de esa coyuntura, antecedidas de un par de hashtags: #SEMANISTIA y #BLINDAGEM, misma que circuló en otras redes de una forma más pegadora y justa: #PECDABANDIDAGEM, y a tono con una canción añeja e icónica de Chico Buarque de Holanda, el Homenaje al Malandro. Estamos hablando de convocatorias publicadas apenas 4 y 3 días antes de la movilización, por artistas, no por partidos políticos, sino por organizaciones artísticas de la sociedad civil, y con sus propios recursos.

Entre el 17 y el 21, fueron apareciendo en redes sociales carteles de acciones locales a realizar el día 21 en más y más ciudades brasileñas hasta llegar a 24, en coordinación con la convocatoria mencionada de Paula Lavigne (esposa de Caetano), Caetano Veloso y otros convocantes. Al mismo tiempo, se iba dando noticia de las y los artistas que participarían en los actos: músicos, compositores, actrices, actores, intérpretes, performanceros, y más.

El día domingo 21, se realizaron en 24 ciudades brasileñas actos político/musicales convocados por organizaciones locales, siguiendo el ejemplo de la convocatoria lanzada desde Río de Janeiro por Caetano y colegas. Se calcula que movilizaron a dos millones de personas bajo las mismas consignas.

En el caso del acto político musical realizado en Copacabana, participaron Caetano Veloso, Djavan, Gilberto Gil, Chico Buarque, Paulinho da Viola, Lenine, Ivan Lins, Freja. Cada uno interpretó de una a tres canciones icónicas del movimiento soterrado y abierto por la democracia del periodo de la dictadura, y el público asistente coreaba con fuerza esas canciones emblemáticas, clásicas, poéticas y capaces de movilizarnos en el mundo. ¿Cuáles? Caetano con Eu vou y A tristeza e senhora (respuesta a horrores dictatoriales), luego Como nuestros padres; Djavan con tres canciones, una de ellas Sina, mencionando a Caetano; Gil: O Rio de Janeiro continúa lindo, y luego Cálice, de Chico Buarque invitándolo a cantar con él, y el público en apoteosis, cantaba con ellos esa canción: Padre, aparta de mí ese cáliz…de vino tinto de sangre.

Otras canciones fueron: Divino maravilloso, con Caetano y Gil; Agora eu era heroi, de Chico Buarque (todo mundo está obligado a ser feliz). El cierre fue espontáneo, con sambas que lanzaba uno u otro, incluso María Gadú, directora musical del evento. El público coreaba sin parar, dado que las canciones les llegan al corazón, al alma, pues marcaron en su tiempo, aún hoy, una ruta ética y ciudadana para impulsar la vía democrática, a pesar de la opresión militar vivida y del exilio al que tuvieron que acudir varios de ellos.

Estamos hablando de un evento convocado por octogenarios, con el apoyo de generaciones setentonas y sexagenarias, coordinando a centenas de jóvenes que les siguen artística y políticamente, con un objetivo común, la democracia de Brasil. Ahí está un ejemplo poderoso del valor político de los artistas, en particular músicos/as, en tiempos de vilezas políticas parlamentarias.

Un grupo de personas en un periódico

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Imagen cortesía del autor

Miguel Á. Izquierdo S.