

El 21 de noviembre de 2025 en la Sala de conferencias «Mónica Verea» del piso 7 de la Torre II de Humanidades de Ciudad Universitaria en Ciudad de México se estrenó la obra Apegos (com)partidos: Reflexión performativa sobre migraciones laborales hacia América del Norte. Inspirada en el libro Jornaleros Migrantes Explotación Transnacional de Kau Sirenio y las vivencias etnográficas de Aaraón Díaz Mendiburo quién junto con Omar Guadarrama Aguirre protagonizaron la puesta en escena en el marco del proyecto PAPIIT 302324. Aquí algunas notas.
La función comienza con una carta-invitación para el público y el cruce de una manta, en ella marcas como Monsanto, Walmart, Genta y Bayer están rodeadas por símbolos de dinero, águilas negras, calacas pesticidas, tractores y manchas rojas. Después, la obra pregunta y responde ¿Qué es una carta? sino un cacho de tiempo detenido, una ventana del tiempo: palabras del pasado, el futuro, la memoria, algo atemporal. Se continua con una lectura de cartas de mujeres migrantes en el exterior que trabajan la tierra. De manera inmediata se afirma “detrás de cada tiendita hay rutas de explotación”. La carta es una invitación a preguntarse.
¿De dónde vienen las cosas que se consumen en la ciudad? Alguien las tendrá que sembrar, producir, distribuir. No todo empieza en el consumo. ¿Quiénes trabajan la tierra?: Migrantes en el campo, jornaleras ¿Cómo viajan? Es imperioso honrarles. Al fondo empieza a sonar Cruz de Olvido de Las Jilguerillas: «Con el atardecer, me iré de aquí, me iré sin ti, me alejaré de aquí, con un dolor […] te juro corazón, que no es falta de amor […] la barca en que me iré lleva una cruz de olvido».
Casi todas las cartas empiezan con un “Querido hijo…” y continúan con las infancias hechas memoria y atomizadas en un te acuerdas del “taco con sal” o el “agua de mango”, la memoria evoca. Memoria nostálgica de migrantes en el exterior que extrañan su tierra, su gente y sus tiempos. Los patrones preguntan de aquel lado “¡¿Quieres trabajar?! ¿Qué sabes hacer?” y se responde “Sé sembrar maíz, frijol, haba, todo”.
Los programas de trabajo temporal llevan personas de El Salvador, Honduras, Nicaragua, Filipinas, entre otras a piscar al norte. Van por el Sueño Americano o American Dream pero viven la pesadilla americana o la American Nightmare. Suena A dónde iras paloma de Kimi Tuvi “A dónde irás paloma ahora que te marchas” y empieza otra carta que dice “Querido hijo…” Sobre una mujer de Guatemala que va a piscar fresas.
En el fondo suenan voces en varios idiomas y son eco de la violencia que viven las personas migrantes en el exterior “español no, inglés; no se permite hablar; no me importa muévete; les pagamos por trabajar no por hablar”. Las mujeres dicen en sus cartas “no tenemos papeles, pero aun así nos morimos en la raya”, “todo les pertenece [a los patrones], las literas, los transportes, hasta nosotras; denunciar no servía sólo te exponía”. La ley de estar ausentes o más bien presentes en la tierra, entre dos fronteras, con la familia, en los ojos secos de los pesticidas, en las mesas de las ciudades y en los ladrillos de esperanza de las madres migrantes.

¿Qué pasa cuando una migrante se lesiona? Las regresan. Dicen los diálogos: cuando las personas se llevan un bocado a la mesa no piensan que sol, polvo y pesticidas se quedan en piel, garganta y espalda de las personas migrantes. Son cosas que no se ven el supermercado. Las ausentes, las invisibles. Igual desde las voces de los patrones se escucha, “todo es chingarle, producir, ser invisibles, no andar con cosas románticas” las voces migrantes responden “yo no me siento invisible pues siento rabia, tristeza, orgullo pues nos morimos en la raya”.
Suena Me voy de Los Cadetes de Linares. “Me voy, me voy, me voy.
Cargado de dolor esta mi cuerpo”. Las cartas se preguntan “¿Hasta dónde y hasta cuándo tenemos que morir en la raya?”. Las cartas afirman “tu madre se hacía pequeña, para que tú pudieras soñar en grande”, “este encierro me quita el aire, pero no la dignidad”. Que las palabras crucen los muros. Atentamente “tú mamá, mi mamá”.
Suena El Mojado Acaudalado de los Tigres del Norte. “Adiós, les dice el mojado. Que se empapó de sudor. En los campos de Arizona. Fábricas de Nueva York.” Las personas cruzan muros, lo hacen sus memorias. Esta es la historia de las mujeres migrantes, retratada en una obra de teatro. Pero las palabras no alcanzan: entonces se socorre al cadáver exquisito hecho con jitomate, uvas, fresas, sombreros, cajas de verdura o fruta.
¿De dónde viene y cuánto cuesta echarle cátsup al huevo o mermelada al pan? El costo no es monetario, es sufrimiento, precarización, suspiros de extrañeza, personas “llorando en posición fetal, extrañando” dice Ana María Hernández, una mujer que trabajó en estas condiciones y al asistir a la obra le exige/exigió a la academia “sácalo de lo académico, métele emoción, aunque viajamos con papeles es terrible”. Kau Sirenio, piedra de toqué del trabajo, insiste “pregúntense ¿De dónde viene el pepino que tenemos en la mesa?: de las personas jornaleras, de las mujeres […] el bote de pepino de 8-12 kilos lo compran a peso, aunque lo compraran las empresas a 20 pesos, no le pierden”.
No es sorpresa que las representaciones de Omar Guadarrama sean multisensoriales: música, baile, audios, fotografías, textos, olor a jitomate en la tierra. Sería preciso asistir a la obra para observar de lo que se habla en este texto, aún así los sentidos se revuelcan y más de un asistente se conmueve. Se apuesta por la denuncia ante una muestra de la condición humana.
Las remesas, la nostalgia, la precarización es la otra gran cosecha agrícola. ¿Cuáles son los costos de nuestro consumo? Arraigo y desarraigo son parte de un péndulo que va y viene. Producción, distribución y consumo: un sistema voraz que no le pierde y exprime y exprime. La crítica a la apuesta es que ya no hay cartas, ahora todo se atomiza en mensajes, en videollamadas quizá más efímeros o flotantes que el puño y la letra. Aunque los sentidos del público están acostumbrados a los 3 segundos del video constante, los estímulos son tantos. No es sólo visual, es auditivo, es olfativo, a veces tacto. La apuesta es multisensorial y eso abruma, porque los tres segundos sólo son visuales. Lo que recuerda que las artes no serán sustituidas, aún, por la inteligencia artificial: aún quedan otros sentidos por estimular. El sentido común, por ejemplo, de que necesitamos más que nunca a las personas migrantes.
Pd. Se agradece al proyecto PAPIIT 302324 “Comunicación y diplomacia de las diásporas: Perspectivas desde los contextos de recepción en las Américas, Europa y Asia” coordinado por la Dra. Camelia Tigau.
*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

