Rituales para tocar a otros hombres

 

En uno de los conciertos del Festival Lxs Grises 2017 en Casa Galería en la Ciudad de México vi a una banda de Tijuana queer-punk llamada Muchachitos (en alusión a esa icónica primera plana del Alarma! que rezaba “¿Qué pasa? ¿Ya nadie quiere ser hombre? Mujercitos! Asquerosa depravación sexual” y en la que aparecía la fotografía de dos hombres travestidos). Antes de tocar su canción “Namekusei”, el vocalista le preguntó a la audiencia (compuesta en su gran mayoría por el cliché de los hombres metaleros) si eran putos. Se escuchó un fuerte “no” al unísono. “No les gusta tocar a otros hombres”, volvió a preguntar con un tono burlesco y agudo. La negativa varonil creció y se sumaron insultos y chiflidos para el cantante. “¿No disfrutan tocar los cuerpos de otros hombres sudados?”. Hubo un momento de silencio e incomodidad. Uno se atrevió a gritar “que no pendejo”. “¿Entonces por qué se meten al slam? Pinches putos. Yo no veo otra cosa que hombres tocando a otros hombres empapados en sudor”, remató mientras agitaba sus brazos y se reía. La música inició con un completo frenesí de guitarras distorsionadas y un bombo ahogado y mal microfoneado; el slam se desbordó y una maraña de cuerpos masculinos se encontraron aplastándose y tocándose en el centro de aquel foro.

Esta anécdota me hizo pensar en la pieza “Untitled” (1981) de Barbara Kruger que dice algo así como “Ustedes [los hombres] construyen rituales muy intrincados que les permiten tocar la piel de otro hombre”.

“Untitled” también cobró relevancia fuera del circuito del arte, porque en 2018 se volvió un meme muy popular en Tumblr, en el que se usaba el texto para evidenciar prácticas violentas entre hombres con subtextos supuestamente homosexuales u homoeróticos, por ejemplo con escenas de The Fight Club (Fincher, 1999), en las que aparece Tyler Durden embadurnado en sudor golpeando/tocando a otros hombres. Pienso que en efecto, los hombres hemos inventado un montón de rituales y prácticas que nos permiten tocarnos mediados por la violencia.

Sobre su propia pieza Kruger dice:

Tiene que ver con la noción de comodidad o incomodidad con la igualdad y la diferencia y que los deportes, por ejemplo, son una forma en que se les puede permitir a los hombres tener contacto físico que está prohibido en una cultura homofóbica, no solo en el juego juego sino también en la visualización del juego. Los deportes promueven una especie de romance o comprensión e intimidad grupal sobre la noción de equipos, sobre los hombres y los cuerpos de los hombres juntos.

En las escuelas es muy claro. Los hombres juegan a golpearse en los testículos, se introducen objetos o dedos en el ano, se restriegan sus cuerpos como animales apareándose, siempre en posición dominante. Esto, sin duda se extiende a los deportes y otras esferas en las que los hombres conviven y se les permite ser tocados y tocar a través de la violencia para expresar cariño, admiración y amor.

Ilustración cortesía del autor

Davo Valdés de la Campa