¿Qué calidad del agua llega a mi casa?

 

¿Sabemos realmente qué tan segura es el agua que llega a nuestras casas? En México, la respuesta es incierta: no existe un sistema público, confiable y accesible que nos informe sobre la calidad del agua que consumimos en nuestros hogares. Aunque existen normativas como la NOM-127-SSA1-2021 que establece los límites permisibles de calidad, en la práctica el acceso a esa información es casi nulo para la ciudadanía.

En otros países, el acceso a la información sobre la calidad del agua potable es un derecho garantizado. Por ejemplo, en Colombia, los organismos operadores están obligados a publicar periódicamente el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua (IRCA), que permite a cualquier persona conocer el nivel de seguridad del agua que consume. En España, los sistemas de información son aún más robustos: a través de portales públicos, la ciudadanía puede consultar los resultados actualizados de los controles de calidad en cada localidad, con detalle de los parámetros analizados y su comparación con los límites normativos.

Estos ejemplos muestran que es posible construir sistemas transparentes y accesibles, donde la calidad del agua no es un misterio, sino un dato público que fortalece la confianza en las instituciones.

En México nos urge llenar ese vacío mediante la generación y difusión de información sobre la calidad del agua que llega a las viviendas en todas las ciudades del país. Con el acompañamiento de especialistas y organismos operadores, hay que medir la calidad del agua e informar a la población.

La calidad del agua no es solo un asunto de percepción: es un tema de salud pública. Un agua que no cumple con los estándares adecuados puede ser vehículo de enfermedades que pueden afectar desde el estómago hasta la piel, o incluso provocar afectaciones a largo plazo debido a contaminantes invisibles pero peligrosos, como el arsénico o el plomo. ¿Cómo saber si el agua que recibimos es apta para consumo humano? El color, el olor y el sabor pueden ser señales de alerta, pero muchas veces las amenazas no son perceptibles a simple vista.

Pero una iniciativa como esta no debería quedarse solo en la medición de la calidad del agua que llega a los domicilios. También debería promover acciones simples pero cruciales en casa, como mantener limpios los tinacos y cisternas, revisar que las tuberías no tengan fugas o corrosión, y preguntar al organismo operador si existe algún contaminante que haga necesario instalar un filtro especial.

Es urgente dar un paso hacia la transparencia en este tema que nos afecta a todos. La calidad del agua debería ser un dato público, actualizado y verificable por cualquier persona, y no un secreto reservado a los laboratorios o a los organismos operadores. Hasta que eso ocurra, aplaudiremos cualquier iniciativa para que la ciudadanía conozca, exija y participe en la mejora de sus servicios.

*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR

Juan Carlos Valencia Vargas