

Febrero loco y marzo otro poco
La expresión popular mexicana «febrero loco y marzo otro poco» se refiere a la notable variabilidad e imprevisibilidad climática que caracteriza estos meses en México. Durante febrero y marzo es común que se experimenten cambios bruscos de temperatura y condiciones climáticas en cortos periodos, pudiendo pasar rápidamente del frío intenso al calor, de días despejados a lluvias repentinas, o de calma atmosférica a vientos fuertes y polvaredas.
Esta inestabilidad se debe a que estos meses marcan la transición entre el invierno y la primavera. En este periodo, la interacción constante entre frentes fríos provenientes del norte y corrientes de aire cálido provenientes del sur genera una atmósfera inestable y altamente cambiante.
La frase refleja, desde luego, un conocimiento popular acumulado a lo largo del tiempo, alertando a la población sobre la importancia de estar preparada para enfrentar estos cambios repentinos. Se trata de una manera ingeniosa y culturalmente arraigada de describir lo impredecible del clima en estos meses del año en México.
Pero, aunque es un fenómeno común, en las últimas décadas, México ha experimentado un incremento significativo en la variabilidad climática durante estos meses. Este fenómeno se debe al Cambio Climático y se refleja principalmente en cambios más pronunciados y frecuentes en las temperaturas y las precipitaciones.
Desde la década de 1960, la temperatura promedio a nivel nacional se ha incrementado aproximadamente en 0.85°C, registrándose aumentos aún mayores en las temperaturas invernales, que alcanzan hasta 1.3°C. Estudios recientes indican que en 2024 la temperatura global promedio superó el aumento de 1.5°C en comparación con niveles preindustriales, alcanzando picos de hasta 1.6°C en ciertos periodos del año.

En cuanto a las precipitaciones, algunas regiones, como el alto Balsas, en donde se ubican los estados de Puebla, Tlaxcala y Morelos, han registrado una disminución notable en las lluvias durante los últimos 50 años, lo que intensifica el periodo conocido como estiaje, especialmente crítico entre febrero y marzo. Además, se han observado eventos climáticos extremos como sequías severas seguidas de inundaciones repentinas en áreas específicas como la Laguna de Metztitlán, Hidalgo, lo que ejemplifica claramente esta variabilidad climática.
Estos cambios han profundizado los periodos de estiaje, reduciendo considerablemente los niveles de agua en cuerpos hídricos y afectando directamente actividades agrícolas y el suministro de agua potable.
México puede fortalecer su resiliencia frente al cambio climático mediante medidas como la mejora de su infraestructura hídrica, la gestión integral de cuencas, o agricultura climáticamente inteligente. Es fundamental implementar sistemas eficaces de alerta temprana, fortalecer las capacidades institucionales mediante políticas públicas y capacitación continua, promover la educación ambiental, concientizar a la sociedad sobre riesgos climáticos e incorporar mecanismos financieros como seguros climáticos y fondos de contingencia. Estas estrategias, aplicadas de forma integrada, contribuirán significativamente a reducir la vulnerabilidad del país ante fenómenos climáticos extremos.
*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR. Facebook: JuanCarlosValenciaAGUA

