

I. Filiberto Mendiola es un referente de quienes nacidos en los cuarenta han estado en el poder público y lo han despreciado o mal interpretado, sirviéndose y actuando con la cuchara grande e ilegales conductas, para no trascender de manera positiva durante y después de sus períodos efímeros, pasajeros y cortos.
Este es el típico personaje de un ayer de ocurrencias, complicidades estiladas en las cúpulas privilegiadas, pasando por partidos, religiones y medios de comunicación entre otros sectores de dominio y sometimiento social; ellas y ellos, con estilos de virreyes, de burla, arlequín y bufonería de carcajada, cometiendo ratería vil y corrupción rapaz con la que hundieron en total abandono y pobreza a las clases más desprotegidas y pauperizadas de la población, ocurriendo ello de forma permanente por doquier y durante sexenios, en los que él pudo desempeñarse como camaleón o chapulín en un poder de los tres o en un nivel, de los que existen dentro del sistema democrático de México.
He aquí su versión con visos de lloriqueos y arrepentimientos con los que hoy maldice a sus aduladores, cómplices y aplaudidores a los que siempre mantuvo al lado, mientras les cubría los gastos excesos, lujos y francachelas o bacanales. En su ruina moral ahora pide clemencia.
“Soy parte de la cultura y más que cultura, de la casta de la inmundicia, de los que comemos, tomamos y disfrutamos a costillas de los demás, de quienes no tienen pudor alguno, menos principios y valores, tampoco un asomo mínimo de prudencia y honestidad.
Así he dedicado los ochenta y dos años de vida y desde que tengo memoria, ya por sí o por herencia de mi apellido, con un abuelo y un padre, que en calidad de politiqueros se mostraron además de machos mexicanos, autoritarios para que a punta del producto de sus ilícitos de cuello blanco, entendiéramos sus hijos y nietos, de lo que estamos hechos los formadores de generaciones distantes del esfuerzo, ajenos a la preparación, reacios a la disciplina y ciegos a los principios, valores y el ejercicio honesto, de cada actuar en los roles distintos de la vida.
II. El cumplimiento a nuestras tareas diarias implica mandar obedeciendo, desde la posibilidad que se adquiere con el paso de los años y al traer una semilla al mundo, el don de la humildad debe ser la principal herramienta para esculpir el legado que a la sociedad debemos entregar.

En ocasión de participar en las diversas jornadas formadoras de ciudadanos expertos en la defensa de sus derechos, lo único que destaca es justamente el devenir en aulas o fuera de ellas durante los procesos de enseñanza aprendizaje para afianzar la cultura de la información especializada en la defensa de los derechos humanos.
Aparejadamente a ello, la difusión correcta, objetiva y profesional de temas que tiendan a combatir la corrupción y la impunidad, son torales para el acompañamiento de un futuro mejor para las actuales y futuras generaciones. La apuesta es para lograr en unidad nacional, la transformación a la que el pueblo de México le ha abonado desde 2018.
III. Justicia y Ley, es el clamor ciudadano, combate a la corrupción es otro de los gritos que se escuchan cero impunidades una exigencia que no se detiene; en todo ello estriba la parte importante que a cada uno de los que padecemos esos flagelos nos corresponde atender y combatir, desde nuestras trincheras, con ahínco y sin demora, con responsabilidad compartida en las circunstancias de los trabajos que realizamos.
IV. Nada de lo negativo ni de los males se erradicará si las conductas o prácticas del ayer prevalecen; desde el chantaje y la extorsión traducida en tintas y uso excesivo o abusivo del derecho, con la violenta estrategia de justificar las omisiones de otros, con las que durante años se acumularon deudas sociales y fortunas ilícitas, apadrinadas por los cómplices que dejaron ver, pasar e hicieron mutis o se convirtieron en vividores de esas repudiables prácticas, en las que lo menos importante fue la población y su entorno natural, de infraestructura y la vida misma.
1000 PALABRAS. Sin la intervención de la mujer en el poder público, el país estaría sumergido en un caos total por la descomposición encubierta en el patriarcado a ultranza; la Nación entera es testigo de logros y avances importantes en el desarrollo y crecimiento en pro del grueso poblacional, las y los mexicanos dedicados al trabajo honesto cotidiano, en ello se ocupan sin que la violencia política de género les dé resultado alguno a los violentadores. ¡Vivan las Mujeres Mexicanas!

