La deforestación de Morelos: una grave amenaza socioambiental

Josemanuel Luna Nemecio
Fleur Gouttefanjat

En diciembre, las carreteras del estado de Morelos se llenan de automovilistas provenientes de la Ciudad de México, su zona conurbada y de la propia entidad morelense, buscando adquirir árboles de Navidad para adornar sus hogares. Esta tradición contrasta profundamente con una realidad menos festiva: la pérdida acelerada de la cobertura forestal en Morelos, impulsada por procesos económicos como la urbanización descontrolada, la tala inmoderada y las actividades de grupos criminales.

La deforestación en Morelos es un grave problema ecológico y social. A pesar de ser uno de los estados más pequeños de México, Morelos cuenta con ecosistemas ricos y diversos, como los bosques de coníferas; los bosques de encinos o el bosque mesófilo de montaña. Sin embargo, estos ecosistemas han disminuido significativamente en las últimas décadas debido a la expansión inmobiliaria y a la tala ilegal. Los incendios forestales se han convertido en una herramienta estratégica para grupos delictivos y para el conocido «cártel inmobiliario», que utilizan el fuego para eliminar la vegetación y facilitar la urbanización ilegal de áreas protegidas o forestales.

De acuerdo con informes recientes de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), cada temporada de incendios forestales deja miles de hectáreas arrasadas. Aunque las autoridades suelen atribuir estos siniestros a negligencias humanas o causas naturales, organizaciones ambientalistas y comunidades locales han denunciado que, en muchos casos, los incendios son provocados deliberadamente para cambiar el uso del suelo. Una vez devastadas, estas áreas se convierten en terrenos atractivos para desarrolladores inmobiliarios, que promueven la construcción de viviendas y complejos turísticos sin considerar los impactos ambientales ni las afectaciones a las comunidades locales.

El impacto de la deforestación también se refleja en la economía rural. Las comunidades que dependen de los bosques para su subsistencia enfrentan una disminución de recursos como madera, plantas medicinales y agua, así como toda una serie de servicios ambientales que los bosques guardan para la actividad campesina. Morelos, ya afectado por los efectos de una crisis hídrica, ve cómo la deforestación contribuye a la pérdida de la capacidad de captación de agua de sus mantos acuíferos, exacerbando las injusticias socioambientales que afectan a sus habitantes.

Por otro lado, la tala ilegal es otro factor que agrava la situación. Según datos de la CONAFOR, Morelos pierde miles de hectáreas de bosque anualmente debido a esta actividad, que está muchas veces vinculada a redes del crimen organizado. Estas redes no solo afectan la biodiversidad, sino que también ponen en riesgo la seguridad de los defensores del medio ambiente y las comunidades que se oponen a estas prácticas.

La situación se agrava aún más por la falta de una planeación urbana y de mecanismos efectivos de regulación. Muchas construcciones se realizan sin permisos adecuados o mediante actos de corrupción, lo que perpetúa un modelo de desarrollo extractivista y depredador. Además, las políticas públicas enfocadas en la conservación y restauración forestal suelen ser insuficientes o mal implementadas, dejando a las comunidades y al medio ambiente desprotegidos frente a los intereses económicos de unos pocos.

Sin embargo, hay razones para la esperanza. En Morelos, diversas comunidades y organizaciones han comenzado a movilizarse para frenar la deforestación y exigir mayor protección de los bosques. Estas iniciativas incluyen proyectos de reforestación, vigilancia comunitaria y denuncias públicas contra actividades ilegales. La colaboración entre sociedad civil y gobiernos locales podría ser clave para revertir esta tendencia.

Dicho lo anterior el presente número del Suplemento Xoxoctic convoca y reúne una serie de voces y perspectivas que, bajo la forma de notas de opinión, nos invitan a reflexionar sobre la importancia de los bosques en nuestras vidas. Cada árbol que se planta, cada hectárea de bosque que se protege y cada acto de denuncia contra la tala y urbanización ilegales son pasos hacia un Morelos más verde.

 

Foto: incendio forestal en Tepoztlán Morelos, 2018.

Foto: Tala inmoderada de árboles, Huitzilac, Morelos.

Foto: incendio forestal en Amatlán, Morelos, 2020.

Morelos podría perder para siempre sus bosques.

Flora Guerrero Goff

De acuerdo al Dr. Fernando Jaramillo Monroy, el Estado de Morelos es, después del Estado de Tabasco, el más deteriorado ambientalmente, a pesar de su riqueza en biodiversidad. He aquí información al respecto generada por el Dr. Jaramillo y publicada por la Fundación Doster, “Diagnóstico sobre la biodiversidad de Morelos: Estudio de Estado” https://www.fundaciondoster.org.mx/diagnostico-biodiversidad-estado-de-morelos-fundacion-doster.html

“Morelos es el segundo estado más pequeño de México (0.25% de la superficie de México), y en contraste es una de las entidades con mayor diversidad biológica en proporción a su territorio. En el estado se ubican ocho de los diez grandes ecosistemas reconocidos en México y 15% de las especies de plantas y animales de nuestro país (4,302 especies).

Morelos es una entidad de magna pluralidad de ecosistemas y culturas vivas que también apunta a uno de los índices más altos de deforestación, pérdida de biodiversidad y riqueza cultural. El estado ocupa el segundo lugar por el deterioro y transformación de sus ecosistemas naturales, y la pérdida de los recursos naturales básicos va en aumento (contaminación del agua, erosión del suelo, disminución de la vida silvestre, etc.). Setenta por ciento de la superficie del estado se considera de vocación forestal, pero se ha eliminado en las últimas décadas más del 80% de la cubierta forestal de la entidad y 80% de los suelos morelenses presentan diversos grados de erosión.”

Las estadísticas de pérdida de bosques y selvas en Morelos son alarmantes:

“Morelos todavía cuenta con 88,000 hectáreas de bosques y selvas, de las cuales anualmente se pierden entre 3,000 y 4,000 hectáreas. De continuar los ritmos actuales, la cubierta forestal de Morelos dejará de existir en 20 o 30 años, y con ello la mayor parte de su biodiversidad y servicios ambientales, poniendo en riesgo la sustentabilidad y desarrollo del Estado”

Cabe señalar que estas estadísticas datan del 2010, por lo que, en los últimos 14 años, la pérdida de estos ecosistemas nativos ha aumentado drásticamente a causa de la tala ilegal, el crecimiento urbano desordenado y el avance de las fronteras agrícolas y ganaderas.

“Entre las principales causas del agudo deterioro ambiental se encuentran el incremento de la población humana y las áreas urbanas, con un modelo de crecimiento económico que atrae la inmigración y que está basado en un desarrollo urbano salvaje y amenaza a los sectores económicos tradicionales (turismo y agricultura). A pesar de la vocación forestal del estado, las expectativas de especulación financiera con la tierra han distorsionado el uso del suelo y detenido el desarrollo de la cultura de aprovechamiento diversificado y sustentable de los bosques y selvas”

Entre los ecosistemas boscosos más afectados en Morelos por su devastación se encuentra el Bosque de Agua, ubicado entre la CDMX, Morelos y Estado de México. El Bosque de Agua, de acuerdo a especialistas en el área, podría desaparecer en los próximos 30 años de continuar con su destrucción, lo cual, sería desastroso, ya que no solo se perdería la extraordinaria biodiversidad de flora y fauna que contiene, sino que, cerca de 31 millones de habitantes se quedarían sin agua, dado que el Bosque de Agua es el principal abastecedor del centro del país de este vital líquido para estas tres entidades. Pero de la misma manera, los bosques de otras regiones de Morelos están siendo devastados por la tala para la plantación de nopal, aguacate y otros árboles frutales.

Dada esta situación, el pasado mes de noviembre los gobiernos de Morelos, Ciudad de México, y Estado de México, acordaron un convenio para la protección y conservación del Bosque de Agua, con bases de operación interinstitucionales en lugares estratégicos para combatir la tala ilegal. Esto es una buena noticia, y ojalá que los tres gobiernos realmente intervengan a la brevedad para detener esta devastación. Es imperativo evitar una catástrofe ecológica de magnitudes inimaginables con la posible desaparición, no solo del Bosque de Agua, sino el resto de bosques en Morelos, selva baja caducifolia y bosque de galería. Pero para ello, se tienen que tomar medidas urgentes y de raíz, principalmente por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, (PROFEPA), la Secretaria de protección al ambiente y recursos naturales, (SEMARNAT) y la Comisión nacional de áreas naturales Protegidas, (CONANP), en la que la participación y colaboración de ejidatarios y comuneros, dueños y poseedores de la tierra juegan un papel fundamental para la conservación y protección de dichos ecosistemas nativos de la región.

Estamos en una situación real, en la que Morelos puede perder sus bosques en las próximas décadas, lo cual, aunado al cambio climático, sería catastrófico.

Foto: Flora Guerrero, bosque mesófilo o de montaña, Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos.

Foto: Animal Político, tala ilegal en el Bosque de Agua.

Bosques de concreto: el problema de la deforestación en Morelos

Josemanuel Luna Nemecio[1]

La deforestación en Morelos avanza implacable, impulsada por un crecimiento urbano desmedido que devora los últimos vestigios de sus ecosistemas. Municipios como Huitzilac, Cuernavaca, Jiutepec, Temixco, Emiliano Zapata y Yautepec encabezan esta transformación, perdiendo anualmente más de 800 hectáreas de bosque, según datos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC).

Este fenómeno afecta directamente a más de 500,000 habitantes, quienes enfrentan un aumento en la contaminación del aire y un agravamiento de las islas de calor. La calidad del aire ha disminuido drásticamente, con niveles de partículas contaminantes que superan los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por lo que la desaparición de los bosques no solo significa pérdida de biodiversidad, sino también un deterioro en la salud pública. El incremento de enfermedades respiratorias, como el asma y las alergias, afecta especialmente a niños y adultos mayores.

La pérdida de cobertura forestal también amenaza los mantos acuíferos. En los últimos cinco años, la disponibilidad de agua ha caído un 15%, intensificando la crisis hídrica en comunidades urbanas y rurales. A esto se suman los desbordamientos e inundaciones, cada vez más frecuentes y destructivos, que afectan principalmente a las zonas urbanizadas de alto riesgo.

Detener esta tendencia requiere una acción inmediata y coordinada que priorice la conservación de los recursos naturales frente a la expansión descontrolada del cemento.

Foto: Tala clandestina de árboles, Huitzilac, Morelos

  1. Investigador de la Unidad Académica en Estudios de Desarrollo, Universidad Autónoma de Zacatecas.

Esa deforestación de la que nadie habla.

Victor Hugo Flores Armillas y María Del Socorro López López

Entre los ecosistemas terrestres y los acuáticos encontramos regiones híbridas conocidas como ecosistemas riparios o ribereños. Su característica más importante es la saturación temporal o permanente de agua. Estos espacios tienen valores culturales, estéticos y recreativos importantes para el desarrollo de cualquier cultura. A las comunidades vegetales que las habitan, se les conoce como bosques de galería y ahí se desarrollan procesos para el mantenimiento de la biodiversidad y la generación de servicios ecosistémicos.

En Morelos, estos ecosistemas están seriamente amenazados. Entre los años 2004 y 2016 se transformaron aproximadamente 9,096 hectáreas del bosque de galería según los estudios de Sotelo-Caro y Chichia (2020), siendo el tipo de vegetación con mayor afectación del Estado. Un grave problema es el proceso de urbanización que trae consigo la descarga de aguas residuales. En consecuencia, se deteriora la calidad del agua, disminuye la biodiversidad presente y se pierde el equilibrio de este delicado ecosistema.

La protección de los bosques de galería en Morelos está ligada la actualización e implementación de los programas de ordenamiento territorial municipales, el establecimiento de la zona federal y la coordinación entre los gobiernos municipales, estatal y federal. Estos bosques no son sólo una franja verde en el mapa; son sistemas vivos que sostienen el equilibrio de nuestros ríos, barrancas y la vida que depende de ellos. Cuidarlos es cuidar el futuro de Morelos.

Anexo al correo fotografía Bosque de Galería de Victor Hugo Flores Armillas.

Ecosistemas forestales al límite: El costo ambiental de la ganadería

La deforestación es una de las principales amenazas ambientales actuales, impulsada en gran parte por actividades humanas (la agricultura y la ganadería). Esta práctica reduce la capacidad de los ecosistemas forestales para capturar dióxido de carbono (CO2), contribuyendo al aumento de gases de efecto invernadero (GEI) y al cambio climático, lo que impacta gravemente la salud ambiental. Aunque en muchos casos responde a intereses económicos, también está ligada a la necesidad de garantizar el sustento económico de los ganaderos. Sin embargo, el costo ambiental de estas actividades pone en riesgo la biodiversidad, el equilibrio ecológico y el clima global, destacando la urgencia de adoptar prácticas más sostenibles.

Manada de elefantes en un campo de pasto seco

Descripción generada automáticamente Actividades ganaderas en el municipio de Actopan, Ver. Foto: Elías Durán 2022.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (2024) menciona que uno de los estados con mayor potencial ganadero es Veracruz. Un ejemplo de deforestación asociada a la ganadería, entre muchos otros municipios del país, es Actopan en Veracruz, donde en 2022, se encontró que alrededor de 46,578 hectáreas se destinaron a actividades ganaderas. Según el Censo Agropecuario de 2022, el municipio contaba con 19,953 cabezas de ganado, y aunque ha habido una disminución en el número de cabezas, la pérdida de áreas forestales para el uso de pastizales sigue en aumento, como se observa en el mapa y como lo demuestran los datos del INEGI 2021. Estos datos confirman que el pastizal cultivado predomina en la región, reemplazando áreas de vegetación original para satisfacer las demandas del sector ganadero.

Mapa

Descripción generada automáticamente

Aún hay mucho por hacer, sin embargo, existen alternativas sostenibles para mitigar el impacto de la ganadería en los ecosistemas forestales, como las prácticas silvopastoriles. Técnicas que combinan actividades como la ganadería y la agricultura con la integración de árboles en un mismo espacio, contribuyendo en la conservación del medio ambiente, y a la productividad de los suelos.

Geógrafa: Arantza Toral Huerta*

Dr. Irving Uriel Hernández Gómez*

*Licenciatura en Geografía – Universidad Veracruzana

Buzón ambiental

Este es tu espacio para hacer oír tu voz. ¿Tienes alguna inquietud, pregunta o denuncia sobre el medio ambiente en Morelos? El “Buzón Ambiental” de Xoxoctic está abierto para que compartas tus opiniones, experiencias y propuestas sobre la naturaleza, la ecología y los problemas que nos afectan a todos. Escríbenos y juntos hagamos nuevamente de Morelos el lugar de la “Eterna Primavera” ¡Tu participación es clave!

Manda tu contribución de no más de 1500 caracteres al correo: lajornadamorelosxoxoctic@gmail.com

Lectura Recomendada

Te invitamos a sumergirte en el conocimiento a través de libros que abordan temas ambientales clave. Cada recomendación está pensada para inspirarte, informarte y generar conciencia sobre la naturaleza y los desafíos ecológicos que enfrentamos en el estado de Morelos y en todo el país.

En esta ocasión te invitamos a que conozcas el libro Parques Nacionales (volumen I). Áreas naturales protegidas: entre sociedades y naturalezas, el cual fue coordinado por Alejandra Cazal, Liliana López y Christine Mccoy y publicado por Editorial Itaca en coedición con la Universidad del Caribe.


El libro parte de la reflexión sobre los imaginarios del progreso que llevaron a un ritmo de explotación no sustentable de los sistemas terrestres. Desde finales del siglo XX, se ha hecho cada vez más patente la posibilidad de un futuro catastrófico que ha colocado al ser humano como la gran amenaza para la propia humanidad. Se presentan 17 capítulos que desde la interdisciplina analizan el parque nacional bajo las dinámicas que vinculan a estas sociedades, las comunidades que habitan en dichos lugares, los operadores turísticos, los funcionarios públicos y todos aquellos que se benefician o resultan perjudicados por los impactos en el ambiente natural.

Asimismo, se muestra cómo operan los discursos en el territorio para cada uno de los casos analizados y se identifican dichos impactos socioambientales. Con una mirada crítica, los autores parten del principio de que para tener un panorama a nivel nacional de las relaciones entre las sociedades y las naturalezas debemos estudiar los casos específicos bajo miradas múltiples. Los investigadores que participan en este volumen vienen de la geografía, la arquitectura, la antropología, la ciencia política, la biología, la economía, la sociología y de expertos en turismo; sus enfoques teórico- metodológicos son diversos, al igual que las problemáticas específicas que analizan.

Puedes descargar el libro de forma gratuita ingresando al siguiente link: https://editorialitaca.com/wp-content/uploads/Parques-nacionales.-Volumen-I.pdf

La Jornada Morelos