
Arcadia Irma Salinas García. Feminista
Hoy quiero hablar de las mujeres y en específico de un grupo invisibilizado de las mujeres mayores.
Hablar del desarrollo económico del Estado implica analizar productividad, empleo, inversión y crecimiento. Sin embargo, es indispensable identificar quiénes están quedando fuera de estos análisis, quienes enfrentan barreras estructurales para incorporarse plenamente a esta dinámica.
La respuesta es sencilla, las mujeres a lo largo de nuestra vida hemos sostenido históricamente una parte fundamental de la economía mediante el trabajo remunerado y no remunerado, el comercio formal e informal, los emprendimientos y el trabajo de cuidados.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, CONEVAL, ha señalado que la edad constituye un factor adicional de exclusión.
Las mujeres mayores de 50 años enfrentamos mayores obstáculos para acceder a un empleo formal, aun cuando contamos con experiencia y trayectoria profesional consolidada. A esto se suma el trabajo doméstico y de cuidados, el cual no es remunerado y recae mayoritariamente en nosotras las mujeres, representando así una contribución significativa al producto interno bruto nacional.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía INEGI, las mujeres presentamos menores tasas de participación económica en comparación con los hombres y continuamos enfrentando brechas salariales, techos de cristal, precarización laboral y una exclusión silenciosa: la edad.
En nuestro estado una mujer puede ser demasiado joven para decidir y demasiado mayor para trabajar.
Las mujeres mayores de 50 a 65 años somos descartadas del mercado laboral, somos invisibilizadas en programas productivos y somos reemplazadas por juventud, aunque tengamos una explicación invaluable.
Esta exclusión claro que nos afecta en lo individual, siendo evidente que vulnera nuestros derechos y nos coloca en situaciones de desigualdad, afectando con ello nuestro derecho a una vida digna, pero también es cierto que en lo social representa una pérdida de capital humano estratégico para el desarrollo del Estado.
Es importante ver que en nuestro contexto social, desde otra mirada, la exclusión de mujeres mayores del mercado laboral genera la discriminación de ingresos en los hogares, aumenta la vulnerabilidad en la vejez y relega la experiencia productiva.
Excluir mujeres mayores, perder talento, experiencia, liderazgo comunitario y productividad.
Analizando que integrar a las mujeres a lo largo de todo su ciclo de vida laboral fortalece la competitividad, la innovación y la sostenibilidad económica, en que he trabajado en una propuesta en donde Morelos puede ser pionero y la he denominado Las mujeres sin fecha de caducidad.
Este proyecto deja claro que las mujeres no tenemos fecha de caducidad, ya que nuestros talentos no expiran, nuestra experiencia no se desecha y nuestros derechos no se suspenden ni caducan con la edad.
En él se propone impulsar una política pública integral orientada a garantizar empleo, experiencia y derechos a lo largo de la vida, mediante lo siguiente:
- Empleo sin edadísmo, es decir, incentivar empresas para que contraten mujeres mayores de 5 años.
- Actualización tecnológica, es decir, trabajar con programas de alfabetización digital y certificación de competencia dirigido a mujeres de más de 50 años.
- Emprendimiento con experiencia, dar acceso a microcréditos y créditos productivos específicos para mujeres mayores emprendedoras y redes de mentoría intergeneracional.
- Reconocimiento formal del trabajo de cuidados como un aporte económico.
El desarrollo económico sostenible requiere integrar a mujeres en todas las etapas de nuestra vida. La experiencia no es una limitante, es un activo estratégico.
Morelos puede convertirse en referente nacional, impulsando políticas que reconozcan que las mujeres no tienen fecha de caducidad y que su talento y derechos deben garantizarse a lo largo de la vida.
Si Morelos aspira a un crecimiento justo, competitivo y sostenible, debe diseñar políticas públicas adecuadas para incorporar de manera decisiva a las mujeres en todas las etapas de nuestra vida.
Si queremos un Estado más fuerte y próspero, el futuro no puede seguir invisibilizando la experiencia de mujeres mayores.
Finalmente, en el marco de los actos conmemorativos del Día Internacional de las Mujeres, como una mujer de 63 años, en esta honorable tribuna del Congreso del Estado de Morelos, comparto este mensaje, esperando que mi voz sea escuchada por nuestras legisladoras y legisladores y por aquellas autoridades que desde sus espacios de tomas de decisiones puedan incidir.
Hablar de las mujeres mayores no es un tema de asistencia social, es un tema de desarrollo económico inteligente.
Las mujeres adultas somos fuerza productiva, somos conocimiento acumulado y somos economía viva.


