
Jeanette Aguirre Avilés. Activista y promotora del empoderamiento indígena
Hoy hablo como mujer indígena, hablo como lideresa comunitaria, pero también hablo como parte de un grupo que históricamente ha sido invisibilizado en los espacios de poder.
Durante años hemos escuchado discursos sobre inclusión, igualdad y representación.
Sin embargo, cuando observamos quienes ocupan los cargos públicos, quienes integran los organismos y las instituciones y quienes toman decisiones estratégicas, notamos una ausencia evidente, la de las mujeres indígenas.
Estamos en las comunidades, organizando, gestionando apoyos, acompañando procesos sociales, defendiendo derechos, mediando conflictos, impulsando a otras mujeres a salir adelante, pero no estamos en las instituciones donde se define el rumbo del Estado.
Y esa ausencia no es casual, es el resultado de las estructuras que históricamente han limitado nuestro acceso a los espacios de decisión.

Muchas mujeres indígenas somos lideresas sin nombramiento oficial, somos gestoras sin presupuesto, organizadoras sin reconocimiento institucional, en muchos casos heroínas desconocidas. Trabajamos con las pocas herramientas que tenemos porque muchas de nosotras no contamos con recursos económicos suficientes, pero no nos rendimos, no tenemos financiamiento estable, tampoco respaldo institucional y aun así seguimos luchando.
Luchamos por nuestras comunidades, por otras mujeres, por abrir caminos donde no existían oportunidades. Pero nuestra limitante no puede ser la falta de recurso, ni tampoco puede ser nuestro origen, no puede ser la discriminación estructural que nos mantiene fuera de las instituciones.
No podemos seguir siendo vistas únicamente como beneficiarias de programas sociales, somos capaces de diseñarlos, de implementarlos e inclusive de evaluarlos. Nuestro conocimiento comunitario es experiencia, experiencia es capacidad técnica, liderazgo es formación política, hacemos política.
Las mujeres como yo, indígenas que venimos desde cero, no necesitamos que nos enseñen a liderar, ya lidereamos todos los días. Lo que necesitamos es acceso real a los espacios donde se toman las decisiones, necesitamos ocupar cargos públicos, representación dentro de las instituciones.
Lo sigo manifestando, que se nos abran las puertas sin discriminación por cómo nos vemos, por cómo nos vestimos o por nuestro color de piel, y que en las instituciones gubernamentales, públicas y privadas nos vean con reconocimiento. Porque cuando una mujer indígena llega a un espacio de decisión, no llega sola, llega con la voz de su comunidad, llega con una visión colectiva de transformación, con la experiencia de haber trabajado desde la realidad y no desde la distancia.
Si realmente queremos políticas públicas inclusivas a favor, necesitamos mujeres indígenas dentro de las estructuras donde se define el presupuesto, donde se diseñan los programas y donde se evalúan los resultados.
No podemos hablar de igualdad si seguimos fuera de la mesa, no pedimos privilegios, pedimos reconocimiento, pedimos acceso. Imaginen lo que podríamos lograr si las lideresas comunitarias tuviéramos ese respaldo institucional.
Si aun así lo hemos hecho con el poco recurso que tenemos, imaginen el impacto si quienes conocemos de primera mano las necesidades de nuestras comunidades participamos directamente en esa toma de decisiones.
No se trata de cumplir una cuota, se trata de justicia, de representación real, de romper con esa barrera histórica que nos ha mantenido marginadas, porque las mujeres indígenas no somos invisibles, somos invisibilizadas y la invisibilización también es una forma de desigualdad.
Hoy en este Parlamento me dieron la oportunidad de marcar un precedente, de abrir un diálogo que no termine aquí, que se siga construyendo, de comprometerse a que más mujeres indígenas puedan ocupar lugares públicos, integrar organismos autónomos e institucionales y participar activamente en la construcción de esas políticas públicas.
No queremos seguir trabajando desde el anonimato, no queremos seguir tocando puertas cerradas, no queremos que se nos abran sin discriminación, porque estamos preparadas, tenemos experiencia, hemos demostrado liderazgo incluso sin recursos y si hemos logrado tanto con tan poco, ¿Qué podríamos hacer con acceso, con respaldo y con ese reconocimiento?
Hoy no vengo a pedir caridad, vengo a pedir visibilidad, a pedir representación, a pedir oportunidades reales para aquellas mujeres indígenas de Morelos.
Que nuestras voces no se queden en este recinto, que se traduzcan en apertura, que se conviertan en presencia y que se reflejen en nombramientos, que se materialicen en cargos públicos ocupados por mujeres indígenas capaces y comprometidas con el Estado, porque no somos el futuro, somos el presente y estamos listas para asumir los espacios históricamente se nos han negado.


