

50 años de fotógrafo de prensa
Pedro Valtierra*
Ya sea que hablemos de periodistas, fotógrafos o reporteros, la calle es una inmejorable aula para aprender estos oficios, mismos que son la base del periodismo del cual provengo, ese que he ejercido ya durante medio siglo de ver y observar los detalles de las personas, las formas, así como las luces y las sombras… para repetirme lo que dicen los clásicos: “¡No corras, Pedrito! Mira con calma porque, donde menos esperas, salta la liebre…”, o sea, la foto, esa escena única que no se repetirá. Para cumplir con tal labor, debes estar listo con la cámara en mano y el ojo abierto. Si te apasionas, pierdes la foto; tu corazón debe latir tranquilo y el disparo ha de ser sereno. Siempre camina y mira con discreción… tus pasos no deben hacer mucho ruido.
Imita a los viejos zorros: cuanto menos llames la atención, mejores recompensas obtendrás como un cazador de imágenes y noticias. Además de caminar, hay que saber por dónde lo haces, conocer los lugares para retratar mejor y, sobre todo, ser muy respetuoso de los sujetos fotografiados, pues ellos son los personajes de la noticia, del tema sobre el cual hay que informar. Nosotros, los de la cámara, sólo estamos contando ‒a nuestro estilo‒ aquello que miramos. Nunca seremos los protagonistas (por más que la vanidad nos lo pida a gritos).
Sujeté mi primera cámara Instamatic cuando tenía 16 años, apenas dos años después de llegar de Fresnillo al entonces Distrito Federal. La compré porque don Fernando, un vecino, nos engañó y nunca vimos las fotos que le tomó a Juanita en su fiesta de XV años. Así que adquirí mi Instamatic y empecé a tomar fotos; después, las llevé a revelar a la calle José Martí, frente al cine Cartagena. Así empezó esta historia que hoy continúa.
Aprendí a preparar químicos como el elon y la hidroquinona, a barrer el laboratorio, a ir a la Farmacia París a comprar químicos, a conocer todos los detalles del cuarto oscuro. Así, poco a poco, empecé a tomar fotos con cámaras más profesionales. Y, entonces, comprendí algo fundamental: para ser fotógrafo debía perder “el miedo a la luz”, pues en aquel tiempo no usaba exposímetro. Estaba aprendiendo y tenía que dominar el fenómeno de la luz, que no es otra cosa que irse a la calle a tomar fotos de todos los temas y a todas horas (porque los rollos se pueden usar las 24 horas del día, no de 09:00 a 17:00 horas).

Desde el principio viajé a Veracruz, Chiapas, Oaxaca… Hice muchas fotos de reportajes en la calle: primero, para El Sol de México; luego, para unomásuno, Semanario Punto, Imagenlatina y, más tarde, para La Jornada, donde fundé el proyecto del departamento de fotografía que me encargó Carlos Payán. Durante décadas anduve por el mundo, de un lado al otro: de la República Árabe Saharaui a Venezuela, y de allí a Colombia, Ecuador, Brasil, Argentina… y por todo México, siempre corriendo, siempre contra el tiempo, temiendo que éste no alcanzara para cumplir con la siguiente orden de trabajo de un fotógrafo de prensa.
Andaba en friega, revelando los rollos de las peleas de box en la bolsa negra y en aquellos tanques metálicos, yendo a prisa entre la Arena Coliseo y el periódico, ya que la primera sección en irse a la imprenta era precisamente la de deportes… A veces, revelaba en el camino, viajando en un VW desde el Estadio Azteca, transportando así las fotos de un partido entre Atlante y Necaxa… En friega siempre, pero nunca nos quejamos porque así es el oficio de fotógrafo de prensa. Y así han transcurrido mis primeros 50 años.
Mis maestros en el oficio fueron, primero, Manuel Madrigal en Presidencia; luego, Javier Vallejo, Raúl Anaya y Salvador González, así como Carlos Ferreyra y Benjamín Wong Castañeda; éste último, cierto día mientras revisaba, una por una, las fotos que se habían producido en esa jornada laboral, afirmó: “Los fotógrafos deben leer casi de todo, hasta El libro vaquero. Lean de todo en El Sol de México”. Y luego, don Manuel Becerra Acosta quien me enseñó también lo periodístico, la reporteada, la independencia: “Fue usted a esa orden, pero no estuvo ahí, Valtierra; usted tomó las fotos, pero no son suyas. ¡No son sus imágenes!” Me mostraba las fotografías con su muy particular estilo. Le respondí que sí había estado ahí. “¡Sí, Valtierra…!”
Al final, sostuve: “No digo que soy buen fotógrafo. Sólo afirmo que hacer fotografía es mi pasión. ¡Y le pongo muchas ganas!” Únicamente espero que las fotos salgan bien.
Desde 1986, aquí en Cuartoscuro, nadie interrumpió mis proyectos, mis ideas, mis planes.

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