Irene Herner*

Gonzalo Rocha, en su libro Posada. La vida no vale nada y la hoja suelta un centavo, ubica la obra de José Guadalupe Posada como la tercera imagen icónica de la identidad cultural mexicana; la cual lo es por el mundo de fantasía de sus personajes populares y endiablados, especialmente la Catrina. Las otras dos imágenes icónicas consideradas por él son el Águila mexicana y el mestizaje entre Tonantzin y la Virgen española que es la Guadalupana, grabada por Posada en 1912, publicada en este libro.

Una de las características de este ameno y extraño libro de Gonzalo Rocha, es que está trabajado a detalle y con un ritmo cinematográfico. Se trata de una exploración en el campo de la litografía, misma que llevó a cabo en Oaxaca.

La trama de esta novela gráfica comienza con la muerte de Posada. La primera imagen es una escena en el infierno que enmarca la figura central con diablitos y figuritas macabras. Al centro, el gran volumen con el retrato del grabador, hecho en su propio estilo actualizado por el paso del siglo XX y XXI. Se trata de un viejo de cara distorsionada por las marcas del vicio y la mala salud, sentado con su traje negro, del mismo color la corbata, y el sombrero posado sobre una de sus piernas. Está despeinado y la mitad de su cara está desollándose, muriendo. La sexy Catrina que le pinta Rocha está sobres de él, sentada encima de su pierna, su cuerpo bien pegadito al suyo. Lo tiene seducido, ya está con ella. Las llamas y el humo rodean la escena.

Rocha nos presenta un libro con el lenguaje de la historieta producido con imágenes cinematográficas que se resuelven dentro de las diversas formas de viñetas que van proporcionando secuencia y detalles. Muy cerca del espíritu de las hojitas de José Guadalupe Posada, que se producían cada día como el pan que horneaba el padre del grabador. Retoma las famosas figuras y personajes de Posada y las recompone en el relato. “Una a una -dice Gonzalo- las calaveras que ha dibujado en vida se amontonan para despedir a su creador”, al tiempo que le dan la bienvenida a su recreador renovado en 2025.

Posada muere solo, pobre y borracho a los 61 años de edad y 20 días antes de la “Decena Trágica”. Rocha retrata su final de manera dramática, alcoholizado y viva su locura formal que a la vez era sede de tanta cordura popular y ciudadana.

En la historia de la vida de José Guadalupe Posada, afirma Rocha, de lo que se trataba era de dar cuenta de la vida diaria, pues como asegura “muchas veces la realidad supera la fantasía”, sobre todo del centro de la Ciudad de México, jugando y expresando la tradición como la del día de muertos. Esos seres descarnados que viven su vida con los vivos, recordados por sabidurías y ridículos.

José Guadalupe Posada construía imágenes con las visiones de su entorno, preguntándose sobre el qué y el cómo de la condición humana que, de hecho, es lo que el caricaturista Gonzalo Rocha hace todos los días en páginas de periódicos y revistas, desde hace más de 40 años.

En la historia, Gonzalo se detiene a analizar un libro sobre el diablo que le llenó los sesos a Posada en su niñez, con imágenes provenientes de los miedos coloniales, pero que también evocan las del gran arte como el del Bosco. Y con suspenso en sus páginas, este libro nos muestra uno a uno los pasos que da el niño Lupe buscando dentro de la cueva/gruta en donde se esconde su hermano, un liberal que andaba huyendo de los religiosos fanáticos.

Rocha resalta que el último grabado de Posada es la Catrina sobre placa de zinc, lo cual asegura “Le da vida por la eternidad”.

Gonzalo narra y dibuja de manera muy amena y con las tablas que tiene como caricaturista de la prensa, la historia del grabador, con lo que realiza un experimento de entrar al fondo del estilo de éste, desde su propia creatividad de artista. Le hace un homenaje en el que la interpretación es, a la vez, una creación personal realizada con oficio y profesionalismo. Rocha, como el propio Posada, “Prefirió pensar que poseía el don de ver el inframundo en la tierra (algo más allá de la razón). Un talento como el dibujo que crecería día a día poniéndolo en práctica”.

Este libro: Posada. La vida no vale nada y la hoja suelta un centavo es una obra que renueva la práctica artística y experimental de Rocha, muy propia y lograda, por lo que disfruté mucho su lectura y lo felicito.

*Crítica de arte, investigadora y profesora universitaria de la FCPyS de la UNAM

Alberto «El negro» Ibáñez. Tomada en el Taller «La Máquina» de Oaxaca

«Posada en su infierno»

«El beso»

La Jornada Morelos