

Recientemente la revista especializada Plos One (journals.plos.org) publicó un estudio de los científicos Angus Fletcher, de la Universidad Estatal de Ohio, Hunter Gehlbach, de la Universidad Johns Hopkins y Carly Robinson, de la Universidad de Stanford, que demuestra la propensión humana a tomar decisiones basadas en una comprensión parcial de los hechos.
Esta tendencia humana, denominada “ilusión de adecuación de la información” o “realismo ingenuo”, pone en evidencia cómo el cerebro se guía por una percepción de suficiencia que no siempre es certera, generando malentendidos y sesgos que parten de una genuina buena fe de las personas, aunque también se podría utilizar para la manipulación por gente sin escrúpulos.
Resulta que es muy humano ver “el cuadro completo” sin tener todos los elementos a la mano, asumiendo que se tiene la razón o por lo menos una visión objetiva, lo malo es que muchos de nosotros, una vez asumida la postura, somos recalcitrantes a modificarla cuando se tiene el 100 por ciento de los datos, sobre todo cuando se asumen posturas que tocan cuestiones ideológicas.
Este estudio permitiría inferir que algo sucede en el lóbulo frontal del cerebro humano -que es en donde se toman las decisiones- que no requiere de toda la información para formarse una convicción y actuar en consecuencia, lo que resultaría especialmente problemático en conflictos políticos o negociaciones donde cada parte considera que posee una comprensión objetiva y “real” de la situación, sin importarle siquiera saber que quizás su perspectiva esté incompleta. Según el estudio gente tiende a no confiar en la información nueva y, si lo hace, puede tratar de reformularla para que se ajuste a las opiniones que ya se habían formulado.
Así, este hallazgo podría tener implicaciones significativas para la toma de decisiones políticas y sociales. Los líderes y negociadores que actúan bajo la ilusión de adecuación de la información pueden cometer errores al asumir que poseen todos los elementos para decidir sin la necesidad de consultar otras fuentes o perspectivas, y sus seguidores podrían asumir que aquellos sí tienen la información pertinente y demostrar su confianza negándose a aceptar información nueva.
La ilusión de adecuación de la información o realismo ingenuo es un mecanismo psicológico que dificulta la flexibilidad y la apertura al cambio de opinión y no es que la gente sea terca, es que así funcionamos todos desde tiempos inmemoriales. Pero ahora ya no deberíamos pretender que no lo sabemos.

Para minimizar los efectos de esta ilusión, valdrá la pena fomentar una cultura de la indagación, del diálogo y la investigación: hacer un hábito contrastar opiniones e ideas donde los individuos en sus familias y los líderes, ante sus naciones, sean conscientes de la posibilidad de que su comprensión no sea completa y, por lo tanto, ser receptivos a la reevaluación y el enriquecimiento y debate de sus ideas. Este enfoque, además de reducir conflictos, promovería una sociedad más empática y mejor preparada para enfrentar desafíos complejos.
Vale la pena también recordar esta circunstancia antes de poner el grito en el cielo en un problema familiar o creer a pie juntillas todo lo que nos dicen los opinadores, la televisión y hasta políticos y gobernantes, algunos de los cuales incluso podrían estar obrando de buena fe.

