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Además de todos los problemas que solucionará a la derechohabiencia del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE) la reapertura del hospital Carlos Calero Elorduy, ubicado en el centro de Cuernavaca, la capital de Morelos y sus habitantes obtendrán una colección de beneficios que empiezan por la reactivación económica y social de la zona, y culminan con la recuperación de parte de la identidad de una ciudad en permanente amenaza de quienes se creen modernos y apuestan a una evolución que olvide el pasado.

Claro que no es menor el que alrededor de 60 mil derechohabientes del ISSSTE en la zona metropolitana de Cuernavaca recuperen un espacio de atención hospitalaria de segundo nivel, esa que además de los servicios de emergencias, permite realizar cirugías programadas y tener consultas de especialidades médicas. Los usuarios de servicios médicos del ISSSTE tuvieron que padecer, durante quince años la saturación y los largos tiempos de traslado al Hospital Regional Centenario de la Revolución Mexicana, ubicado en Zapata lo que se tradujo en mala e inoportuna atención médica que les llegó a costar la salud y hasta la vida.

La reapertura que hoy harán la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Margarita González Saravia permitirá despresurizar y con ello mejorar los tiempos de atención de consultas, especialidades y algunas cirugías, lo que es una muy buena noticia.

Pero, en paralelo, la reapertura permitirá reactivar la actividad en la zona que desde hace quince años estaba prácticamente abandonada y se había convertido en el extremo más solitario del centro de Cuernavaca. Cuando el hospital funcionaba, a su alrededor había diversos negocios, principalmente de alimentos preparados, que fueron construyendo una mediana prosperidad gracias al alto tráfico que se registraba en el hospital. El cierre del Carlos Calero borró las oportunidades de negocio que permitían la comunidad médica y los usuarios lo que provocó el empobrecimiento de la zona.

Esas pequeñas zonas económicas son vitales para el desarrollo de las ciudades, los estados y las regiones. La posibilidad de que probablemente algunas decenas de plazas de trabajo se creen alrededor del fortalecimiento de los negocios en la región (fondas, merenderos, farmacias, tiendas de regalos, servicios de fotocopiado e impresión, y hasta hoteles para la pernocta de familiares de pacientes, permite pensar en un pequeño círculo virtuoso que promueva la recuperación de la economía en la región, la mejora de los servicios públicos y el crecimiento económico permanente.

El otro beneficio es más de memoria colectiva. Desde su apertura en 1969 hasta su cierre en el 2010, el hospital Carlos Calero Elorduy formó parte de la identidad de Cuernavaca; su trazo muy al estilo del tiempo en que fue construido, combinaba a la perfección con otros edificios de la zona, como los hoteles Los Canarios y Cádiz, las pequeñas fonditas en Álvaro Obregón y Ricardo Linares, muy cerca de Las Mañanitas eran paradas obligadas de las visitas que por cualquier motivo tenía uno que hacer a la zona.

El Carlos Calero Elorduy volverá a ser una parte funcional de Cuernavaca y con ello la ciudad y su gente recuperarán parte de su identidad, esa que trata de ser arrancada a fuerza de decisiones de gobiernos que no entienden a la ciudad, las que permitieron perder edificios que eran parte nuestra como el Casino de la Selva, la casa de Antonio Ortiz Mena; árboles añejos que eran protagonistas de la memoria colectiva de una ciudad que debe aprender a defenderse con la defensa de sus espacios y elementos colectivos..

La Jornada Morelos