

Aunque para muchos siguen siendo una especie de microcosmos aislado de la dura realidad que vive la gente a diario, lo cierto es que en las instituciones de educación superior no solo se reflejan todos los problemas de las sociedades, sino también confluyen las esperanzas que cada comunidad tiene para buscar explicaciones, soluciones y hasta consuelo. Ahí es donde radican el protagonismo y el liderazgo que las universidades están obligadas a tener en el desarrollo de las comunidades, los estados, las regiones, y en general de la humanidad.
Durante muchos años la mayoría de las instituciones de educación superior claudicaron y hasta negaron el papel que la sociedad les confirió desde la formación de las primeras, allá por la Edad Media, observar, describir, explicar y resolver el universo; y decidieron encerrarse en sí mismas y explicar su funcionamiento solo a través de la formación de profesionistas de regular calidad para dar a las juventudes la posibilidad de insertarse, más o menos progresivamente, en la sociedad y el mercado laboral. Ese modelo las alejó de la sociedad y de las instituciones que en respuesta comenzaron a verlas como enormes esponjas de recursos. El modelo de mercantilización de la educación nunca fue siquiera un poco favorable al desarrollo de las universidades como se concibieron en un principio y como deben ser ante las realidades, muchas de ellas amarguísimas, que plantea el mundo actual.
En la última década, sin embargo, las instituciones de educación superior han ido comprendiendo que su pertinencia en sociedades donde el autoaprendizaje y los cursos de alta especialización están al alcance de la mayoría, radica en retomar su papel como generadoras de conocimiento, respuestas y esperanzas de un mundo mejor.
Parte de esta recuperación fue evidente en la sesión ordinaria de la región Centro Sur de la Anuies que se celebró en Cuernavaca con la presencia de casi 70 instituciones que operan en la zona.
Más allá de los compromisos ya en marcha y progreso de cooperación entre la universidad y los gobiernos estatal y federal, es destacable del encuentro el énfasis que puso la rectora de la UAEM, Viridiana Aydee León Hernández, en la cooperación académica, científica y humanista, de las universidades de la región que alberga el mayor número de redes de colaboración dentro de la Anuies.
Para ampliar aún más esa colaboración la asociación plantea integrar 15 universidades más a las casi 70 que ya tiene, algo que fortalecerá un sistema de alianzas entre instituciones, pero también con los gobiernos y el sector productivo.

Es algo que enseña el recién entregado Premio Nobel de Economía, el progreso tecnológico y con ello cualquier modelo de desarrollo exitoso y sostenible, implica la colaboración entre las instituciones educativas, la iniciativa privada y los gobiernos.
En la reunión se planteó también la necesidad de ampliar los estudios, debates y propuestas sobre temas fundamentales de la vida actual, como el impacto de la inteligencia artificial sobre la salud mental de las juventudes; el fortalecimiento del modelo de educación superior y en general de la educación; y la atención que los problemas sociales requieren de las universidades.
La gobernadora, Margarita González Saravia estuvo en el acto inaugural de la sesión, y planteó también un proyecto de seguimiento para los 93,000 estudiantes de secundaria del estado, que se apoyará en la inteligencia artificial, con el fin de fortalecer a los jóvenes en la transición a los niveles educativos superiores; y puso como ejemplo de colaboración, la participación de la UAEM en el combate a la pobreza.
La universidad ha salido, esperamos para siempre de su ostracismo autoimpuesto y poco a poco retoma el protagonismo que su supervivencia requiere y que la sociedad le exige.


