Una de las banderas electorales que insistentemente aparecen en las campañas es el combate a la corrupción de las administraciones que, habiendo sido electas quizá con promesas de combatirla, acabaron distanciándose de su comunidad por esa misma razón.

Morelos no fue la excepción y la administración de Margarita González Saravia comenzó con una línea muy clara contra la corrupción a todos los niveles, y no solo eso, sus antecedentes personales y en la administración pública, daban razones para creer que hablaba en serio.

Sin embargo, la administración saliente dejó tal desorden que lo difícil hubiera sido no encontrar irregularidades; se detectaron y se está obrando en consecuencia y el mismo equipo que llegó con la gobernadora ya experimentó en carne propia lo que les espera si se hacen de la vista gorda.

Tal vez sean los usos y costumbres de una clase política acostumbrada a la impunidad y al descuido, pero resulta asombroso lo evidentes que son las muestras de desviaciones, nepotismos, abusos presupuestales y hasta robos descarados que muchos de los viejos gobernantes han dejado a su paso o en los mismos cajones de su despacho.

Ahora, el edil de Tepoztlán, Perseo Quiroz Rendón, informa que, sin necesidades de mayores investigaciones, simplemente en el acto protocolario de la entrega-recepción del despacho, detectó 121 irregularidades tan obvias que son de llamar la atención, más allá de las obras inconclusas -claras, incluso si no obran en actas- se encontraron cosas como una liquidación de dos millones de pesos a un personaje incógnito.

Tampoco aparecen 46 vehículos, uno de los cuales es un camión cisterna de dos millones de pesos que difícilmente puede pasar desapercibido.

O es un descuido abismal o el cinismo es las mismas proporciones.

No es de extrañar que los vecinos de Tepoztlán hayan repudiado a los partidos que, como carrusel, postulan a los mismos personajes una y otra vez y que hayan optado mejor por una candidatura independiente como la de Perseo Quiroz; la actitud del ahora expresidente municipal, David Demesa, parece darles la razón.

Desde luego, existe la posibilidad de que hayan aparcado todos esos vehículos accidentalmente en instalaciones que no son del municipio y hasta que aparezca el beneficiario del finiquito millonario, pero lo que es cierto hoy por hoy es que la corrupción y la incompetencia -real o fingida- son lastres que impiden que Morelos use los recursos que le pertenecen para los legítimos fines en beneficio de toda la comunidad para los que deberían estar dedicados.

Desde luego que el combate a la corrupción es un asunto que nos debe preocupar a todos, empezando por las nuevas administraciones que asumirán la responsabilidad de los viejos pecados de sus antecesores.

 

La Jornada Morelos