

¡Bienvenido a Morelos el Atlante!
El Atlante, ese centenario equipo de futbol, es el único que ha sido inmortalizado en la pantalla grande de la época de oro del cine mexicano por Joaquín Pardavé. La primera vez lo hizo como Don Venancio, interpretando al padre de Horacio Casarín, y tiempo después como “El Bofes”, un aguerrido porrista del equipo, en tomas cinematográficas realizadas en el ya desaparecido Parque Asturias. “El Bofes”, el carnicero que atendía un puesto en el mercado, era todo un dicharachero y, como se aprecia claramente en la película, era un furibundo aficionado de los azulgranas del Atlante.
Al enterarme de que el Atlante tendrá Zacatepec como sede de sus juegos, dos imágenes de tiempos pasados se cruzaron en mi memoria. La primera que apareció fue de la emoción que sentí en el Coruco Díaz -el antiguo estadio del Zacatepec-, al ver la figura del “Harapos” Morales correr por el extremo izquierdo en un juego que ganó su equipo, el Zacatepec, que en esa época lucía un vistoso uniforme de playera blanca decorada en todo el pecho por una ancha franja verde. La segunda imagen vino de un recuerdo de unos veinticinco años atrás, en el cual el nombre del Atlante resonó otra vez en mi memoria. El nombre de ese equipo lo escuché muchas veces en los pasillos y baños del viejo Deportivo Hacienda, en mis épocas de joven, cuando practicaba tenis. Las tres sílabas de la palabra Atlante las pronunciaba pausadamente la voz de un hombre regordete, parecido un poco a Pardavé, quien inventó un grito provocador, sonoro y redondo al escucharlo; esa maravillosa arenga, que desde entonces hice mía, me atrevo a repetirla en cada ocasión que lo amerita, por la fantástica resonancia que provoca. ARRIBA EL ATLANTE, ¡MARABUNTA!
Seguramente esa imagen verbal hacía referencia a la clásica película “The Naked Jungle”, filmada en 1954, y que fue protagonizada por Eleonora Parker y Charlton Heston, titulada en español como Marabunta. El tema central era el ataque, en una isla, de una enorme y devastadora plaga de hormigas. Por ello, ese grito de guerra atlantista era utilizado, sin duda, por ese hombre del deportivo Hacienda, para descalificar a los aficionados que no le iban a los azulgranas.
Solo me permito hacer en esta bienvenida una propuesta para los jugadores y para los dueños del Atlante en su llegada al Estado de Morelos: que intenten convencer al propietario de la cantina La Potosina, que hasta la fecha sigue ubicada en el popular barrio de La Merced en la CDMX, que los convenzan que ese bar en donde hace muchas décadas se reúnen no solo algunos fieles aficionados, sino también ex jugadores que llevan tatuada la impronta de su queridísimo Atlante, tenga una una sucursal en un lugar cercano al nuevo estadio del Zacatepec.
Y que así lograr guardar la historia, y que en la nueva Potosina, se continúe la tradición de conversar sobre los Potros de Hierro, y de esa manera hacer que en sus mesas aparezcan los nombres de los históricos jugadores atlantistas de antaño, recordar en ellas, con cariño, a Juan el “Trompas” Carreño y al “Diente” Rosas, y que también se hable con añoranza de su tocayo de apellido, Manuel “Chaquetas” Rosas, y del oriundo de España, Martín Vantolra, y por su puesto se siga honrando la memoria de Horacio Casarín.

Para terminar esta bienvenida, como nuevo habitante de Cuernavaca, dejando esta propuesta en el aire, lanzo con enorme gusto éste, mi grito:
¡Bienvenido Grande. Bienvenido a Morelos el Atlante!
*colaborador de La Jornada de Morelos






