LAS POSVERDADES DEL AMOR DE HELENE BLOCQUAUX

El artículo de la semana pasada me gustó, pero al mismo tiempo me estremeció la idea de pensar que chicos y grandes estamos atrapados sin salida en las redes sociales que forman gran parte de nuestras vidas. ¡La Lucrecia de “SELFIE” me lo recordó! Esta enfermedad contagiosa llegó para quedarse y seguir innovándose aceleradamente.

Busqué la definición de la palabra POSVERDAD, claro en Google, y me arrojó lo siguiente: “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. (Definición de la Real Academia Española) … nada más cierto.

Nunca como hasta ahora había tenido la sociedad tantas vías para, aparentemente, estar mejor informada; pero al mismo tiempo, nunca como hasta ahora había corrido tanto riesgo de estar desinformada o manipulada.

Es por eso que Hélène remata cada artículo advirtiéndonos que ‘los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.’

Cuando Lucrecia se despidió de sus amigas, se tomaron la rigurosa foto grupal, sin saber que sería la última pues ya no hubo más encuentros. Lo que sigue es una cantidad de fotos de todas sus actividades en solitario, de día o de noche, con o sin filtros, dependiendo de su estado de ánimo.

¿Qué nos depara el futuro con la “inteligencia artificial”? Los medios técnicos han evolucionado de tal manera que la verificación resulta cada vez más difícil. Lo que para unos puede resultar creíble, quizá para otros no lo sea. Tiene aquí mucha importancia el estado emocional que, como ya se dijo, es decisivo en el concepto de la POSVERDAD.

Pero todo esto se lo dejamos a nuestra amiga Hélène esperando que nos siga provocando con las dudas al final de cada uno de sus escritos y responsabilizándonos del porvenir de sus personajes.

Adriana Villarreal

La Jornada Morelos