
Debido a que los peces constituyen alrededor del 50 por ciento de todos los animales vertebrados del planeta, su estudio abarca múltiples campos especializados. La ictiología, disciplina dedicada a analizar a estos organismos, incluye áreas como ecología, taxonomía, evolución, morfología, fisiología y educación ambiental. Este amplio enfoque permite no solo conocer su diversidad, sino también detectar señales de alerta sobre su conservación.
En esta entrega, la investigadora del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), Rosa Gabriela Beltrán López, experta en ictiología, detalla el trabajo científico que desarrolla sobre peces nativos y endémicos de la cuenca del río Balsas, así como los esfuerzos de divulgación dirigidos a la población. Sus estudios han identificado que especies como la carpita morelense (Graodus boucardi) se encuentran en peligro, mientras que otras endémicas, como Poeciliopsis balsas y Atherinella balsana, muestran señales de deterioro, reducción poblacional o incluso desaparición en sitios donde antes existían.



¿Cómo reconstruir la historia de los peces?
La línea de investigación de la doctora Beltrán López se centra en la evolución, la sistemática molecular, la filogeografía y la biogeografía histórica. Estas áreas permiten comprender cómo se originaron las especies, cómo se relacionan entre sí y cómo han cambiado a lo largo del tiempo.
La sistemática molecular, por ejemplo, utiliza herramientas genéticas para establecer relaciones de parentesco entre especies. A través del análisis de marcadores moleculares, se puede determinar qué especies comparten ancestros comunes y cuáles evolucionaron de forma independiente.
Este método permitió comprobar que la carpita morelense y la carpita de Tepelneme (Graoudus moralesi) son especies hermanas, pero genéticamente distintas que evolucionaron para adaptarse a distintos cuerpos de agua. Graodus moralesi es una especie endémica de las partes altas de las cuencas del Papaloapan, Balsas y Atoyac, tres de los sistemas hidrológicos más importantes de México y que actualmente se encuentra en “peligro crítico” lo que quiere decir que enfrenta un riesgo extremadamente alto de extinción en estado silvestre. “Estos hallazgos son fundamentales para la conservación, ya que permiten identificar poblaciones únicas desde el punto de vista genético”, puntualiza la especialista.


Linajes y su protección específica
Otro componente central de la investigación es la filogeografía, que permite entender cómo se distribuyen los linajes genéticos en diferentes regiones. “Nos permite establecer diferencias genéticas que marcan lo que llamamos unidades significativas de evolución, que son poblaciones con un acervo genético único. Si se pierde una de estas poblaciones, se pierde ese potencial evolutivo”, advirtió la especialista.
En Morelos, estudios en peces de la familia Goodeidae, endémica del centro de México, han demostrado que las poblaciones que habitan en las barrancas de Cuernavaca poseen características genéticas distintas a las del río Amacuzac o regiones de Puebla. “Estas poblaciones con un patrimonio genético único deben conservarse de forma independiente: sin embargo, encontramos dos especies en particular que ya no están en los sitios donde históricamente existían, lo que nos indica que están siendo extirpadas”, explicó.
“En el caso de la carpita morelense, además de estar catalogada como especie en peligro, se han identificado poblaciones genéticamente distintas, lo que incrementa la urgencia de su conservación”.
Una historia de millones de años
La biogeografía histórica permite reconstruir el origen y la dispersión de los peces a lo largo del tiempo. Los estudios indican que la subfamilia Goodeidae se originó en el sur de Estados Unidos y migró hacia el centro de México hace aproximadamente 16 millones de años. Posteriormente, la formación de grandes sistemas montañosos fragmentó los ríos, aislando poblaciones y favoreciendo la aparición de nuevas especies. Como resultado de este proceso evolutivo, actualmente existen 45 especies endémicas de este grupo en México, muchas de ellas restringidas a zonas específicas.
Esta larga historia evolutiva contrasta con la rapidez con la que algunas especies están desapareciendo debido a factores recientes como la contaminación, las descargas residuales y la introducción de especies exóticas.
Ciencia y educación para proteger la biodiversidad
El proyecto que desarrolla la investigadora junto a su equipo de trabajo se centra en la identificación de patrones filogeográficos de los peces de la cuenca del río Balsas, en su primera fase se colectaron especímenes de Amacuzac, Michoacán, Jalisco, Puebla y otras entidades, con la ayuda de Universidad Autónoma de Querétaro, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y con el Centro CASUS en Alemania.
“En las salidas de campo los ejemplares son colectados con redes y equipos de electropesca, esta técnica permite obtener pequeñas muestras de tejido sin sacrificar a los organismos. Estas muestras se conservan en un banco de tejidos para, en la segunda fase, analizar su ADN en laboratorio mediante marcadores genéticos mitocondriales y nucleares, lo que permite reconstruir relaciones evolutivas, identificar linajes diferenciados y detectar cambios en la diversidad genética”. La investigación concluirá en 2027, con la propuesta de un programa de conservación de los linajes diferenciados.

Conservación desde las infancias
Además de la investigación científica, el proyecto incluye actividades de divulgación y educación ambiental dirigidas a estudiantes y comunidades. El programa Exploración Balsas, conociendo sus ríos y sus peces ha llevado talleres a escuelas primarias, jardines de niños y comunidades en municipios como Cuernavaca, Jiutepec, Tepoztlán, Miacatlán y Cuautla. “Los niños son muy importantes porque si desde pequeños conocen los peces y los ríos, crecen con la idea de cuidarlos”, señala la especialista. Estas actividades se realizan en coordinación con el Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos, la Secretaría de Desarrollo Sustentable y el Programa Permanente de Educación y Cambio Climático, entre otras dependencias.
Para cerrar, la investigadora reafirmó que el proyecto busca que el conocimiento científico no solo genere información para la conservación, sino que también promueva la participación social en la protección de los ríos y su biodiversidad; al igual que invitó a los estudiantes a realizar sus estudios de posgrado en el proyecto.


